Un Adviento caminando juntos con Cristo en clave de esperanza

Mons. Cerro ChavesMons. Francisco Cerro         Con el Adviento se inicia el Año Litúrgico. Es un tiempo de esperanza, de caminar juntos, de vivir en clave de Misericordia. El Señor ha venido, viene y vendrá a colmar todas nuestras esperanzas. Su cercanía, su ternura, su misericordia es nuestra salvación. Todos los profetas le anunciaron, Juan Bautista lo proclamó entre nosotros y la Virgen, nuestra Madre, le esperó con inefable amor de Madre. Este Adviento, para la Iglesia que camina en Coria-Cáceres, es muy especial. Estamos en plena puesta en escena de los grupos sinodales. Todavía se pueden seguir formando nuevos grupos con todos aquellos que queráis animaros. Por otra parte, seguimos en el Año de la Vida Consagrada, donde tantos hombres y mujeres, siguiendo a Cristo pobre, casto y obediente, son un referente de esperanza. La esperanza es siempre la dosis menos abundante en la Tierra. Jesús viene en la noche, en todas las noches, para “iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte”. En nuestra diócesis, desde esta clave sinodal, en este Adviento tenemos muchos signos de esperanza.

1. La esperanza que suscita un Sínodo, donde tantas personas rezan juntas, comparten juntos y se sienten llamados por la Iglesia Diocesana a a corresponsabilidad, a buscar juntos las respuestas que más necesita nuestra tierra, para que la evangelización continúe siendo buena noticia para todos, especialmente para los que sufren.

2. Después de un tiempo, que se nos ha hecho eterno, se ordenan dos diá- conos. En la tarde de la Inmaculada, en la concatedral de Santa María (Cáceres), Roberto y Obed (Esclavo de María y de los Pobres, formado en nuestro seminario), recibirán el Orden del Diaconado, para que, identificados con Cristo, vivan la alegría de un servicio humilde a los que sufren y necesitan a Jesús. Acompañando al papa Benedicto XVI en su viaje a Fátima, recuerdo haberme fijado que mientras se revestía para celebrar la Eucaristía para todo el pueblo de Dios en la explanada de Fátima, se puso primero, antes de la casulla, la dalmática, vestimenta diaconal, ¿Lo hacía habitualmente? Es verdad que cuando me ordené de obispo en Coria me puse la dalmática debajo de la casulla para, con este gesto, afirmar que nunca se debe dejar como esencial el diaconado en nuestro ministerio. Como Jesús se puso “de rodillas” en el cenáculo, los obispos, los sacerdotes, no dejaremos de vivir el diaconado nunca. Somos siempre servidores humildes de nuestros hermanos. El Señor siempre “derriba del trono a los poderosos” y enaltece a los humildes.

3. Las Obras de Misericordia, que tanto se realizan en nuestra diócesis, a través de personas e instituciones que viven el reto de ser buena noticia para los que sufren. No se puede ser cristiano sin un ejercicio cotidiano de la caridad con “los sentimientos de Cristo”. No nos podemos quedar nunca, pero menos en el mundo que vivimos, sin hacer referencia a un Adviento esperanzador, donde, a través de las obras de Misericordia, construimos la “civilización del Amor”. Al inicio del Año Santo de la Misericordia, con el papa Francisco, es necesario vivir la corresponsabilidad a la que nos remite el Sínodo, haciendo de nuestra vida un servicio de amor a los pobres, a todos los que sufren. El Año Santo de la Misericordia lo vive la diócesis con una “marcha sin retorno”, para que a través de las obras de Misericordia, seamos capaces de ser testigos de esperanza. El Adviento nos lanza a la revolución de la ternura y de la Misericordia del Señor.

† Francisco Cerro Chaves,

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.