«Con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos»

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Pues ¡claro que sí!, la Palabra de Dios nos dice “Estad siempre alegres en el Señor os lo repito, estad alegres, nada os preocupe” y acompañamos esta especie de mandato con que, en este tercer domingo de Adviento, ya encendemos tres velas de la Corona de Adviento, está claro que no es un brindis al sol diciendo “estáis fatal pero poneos las pilas y, en un alarde de resorte sicológico, disimulad lo mal que están las cosas”. El motivo de la alegría cristiana es que Él, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre viene a estar con nosotros ¿Sabemos de verdad lo que es esto?

Nos han emocionado las escenas de solidaridad y de entrega socorriendo a los heridos y cubriendo con respeto a los muertos. Acababan de pasar terroristas matando y sin pensar que podría haber más arriesgaron por cuidar a otros desconocidos… Con estas tres velas encendidas, nos vamos llenando de la Luz que es la cercanía de la Aurora que precede “al Sol que nace de lo alto” Ciertamente: ¡alegres en el Señor! que viene arriesgando su vida, dando su existencia…

La experiencia que se renueva en la Iglesia es esta: “Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” )sigue el texto de la carta a los Filipenses) Desde que empezó a producirse la huida de los ciudadanos de Siria buscando seguridad en otra parte, el Papa Francisco nos invitó a rezar todos los días por ellos. Así lo hemos hecho en el Seminario todos los días, repito, y me emociona pensar que este puñado de jóvenes que mañana nos servirán, ya sacerdotes, en las parroquias y ahora mismo como seminaristas con su oración constante, han ido dejándose llenar de “la Paz de Dios que sobrepasa todo juicio” y con toda la comunidad eclesial que experimenta cómo “custodia nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús” seguiremos viviendo la alegría del Evangelio, que a esto mismo se refiere el Papa cuando nos lo recuerda constantemente.

Cada Navidad es momento de redimir los males de este mundo, hemos de llegar a la Navidad de este Año especialmente tocados de responsabilidad sobre los hermanos que son los varones y mujeres de toda raza, civilización y religión y, esto no se logra con propósitos nacidos de la arrogancia y la soberbia de quien se siente superior, sino de quien tiene experiencia de su limitación y pequeñez y de que es ahí donde el poder de la oración por los otros nos va identificando “en Cristo Jesús” y nos va transformando la Paz de Dios que sobrepasa todo juicio. Misericordiosos: nuestro corazón en las miserias que se provocan en este mundo.

No se cuanto tiempo tardarán en llegar “los refugiados”. A la Iglesia ya nos cogen entrenados por la experiencia en la acogida que les hemos dado a los emigrantes de todo tipo, no vamos ahora a poner pegas porque sean refugiados de guerra, pues es la misma experiencia la que nos produce “la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio” y que seguirá custodiando “vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Hasta el 25 de Diciembre, hasta la Venida de Jesucristo como Niño indefenso, revestido de ese misterioso poder de Dios que confunde a los poderosos hombres de la violencia, de la guerra y del terror, vamos a rezar, a dejarnos revestir de esa misma Paz. Tenemos por delante la tarea de dar la vuelta a las mentalidades de crispación y hasta legítimo miedo y enfado trayendo a nuestra sociedad al Niño Dios que viene en la Navidad. Cantamos con toda confianza y esperanza: “El transformará hoy nuestras penas, como hijos os acogerá. Abrid vuestros corazones a la libertad” Seamos pues constantes en la oración durante los días que faltan hasta la Navidad.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Artículos
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.