Así pues, ¿qué hemos de hacer?

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas         En el evangelio que escucharemos este tercer domingo del tiempo de adviento, la gente preguntaba a Juan, cuando los preparaba para acoger a Jesús, qué habían de hacer. La respuesta de Juan es muy precisa, y va dirigida a los diversos estamentos o profesiones.

Me he formulado la misma pregunta pensando en el Jubileo de la Misericordia , ya que hoy, en todas las catedrales del mundo y en otras iglesias y santuarios, se abre la denominada “puerta de la misericordia” como símbolo de que hay un antes y un después una vez cruzada dicha puerta, no solo físicamente, sino por lo que simboliza.

Intento responder concretamente a la pregunta: ¿qué hemos de hacer durante este año?

–    La actitud fundamental: darse cuenta y reconocer que necesitamos recibir el perdón y la misericordia de Dios. Sin este reconocimiento no sentiremos la necesidad de vivir el don de la misericordia. Si somos los mejores, si todo lo hacemos bien, si no somos conscientes de lo que dejamos de hacer (pecado de omisión), si no nos sentimos responsables, en la medida de nuestras responsabilidades, de la pobreza, marginación, falta de dignidad y violencia que sufren muchas personas, difícilmente sentiremos la necesidad de acoger la misericordia y el perdón de Dios.

–   Tras este reconocimiento, la otra actitud es el deseo de conversión o de cambio: ¡mi vida no puede continuar de la misma forma! Debe cambiar, es necesaria la conversión —en expresión evangélica—, y concretarla con los pies en el suelo, con realismo. No se trata de hacer un brindis al sol (de manifestar algo imposible), sino de lo que es posible, pese a que requiera esfuerzo.

–  Confianza en la gracia o en el don de Dios. No es tan solo cuestión de buena voluntad, nos es necesaria la gracia de Dios, la fuerza del Espíritu, la unión con Jesucristo. Solo así podremos dar fruto.

–   Disponernos a recibir el perdón de Dios celebrando el sacramento de la confesión o del perdón y ganando la indulgencia plenaria en los lugares indicados, comulgando y orando especialmente por las intenciones del Santo Padre. La indulgencia es para que las consecuencias del pecado, que, pese a que esté perdonado, siempre pueden permanecer y afectar el ánimo, sean también borradas o aniquiladas.

–   Participando en las celebraciones que propone nuestra diócesis, comenzando este domingo con la apertura de la puerta de la misericordia en la catedral o también en otras iglesias o santuarios donde se pueda cruzar la puerta de la misericordia.

–  Participando en aquellas propuestas que a lo largo del año cada parroquia o arciprestazgo, así como las Iglesias jubilares, ofrezcan para descubrir, profundizar y vivir con alegría la vida cristiana y convertirnos en testigos del amor misericordioso del Padre, bien personalmente y también como comunidades cristianas.

–   Practicar las obras de misericordia actualizadas en los momentos que vivimos. Cada uno de nosotros habrá de priorizar y asumir aquellas que aprecie tener descuidadas. Recordémoslas:

Las corporales: dar de comer a quien tiene hambre, dar de beber a quien tiene sed, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

Las espirituales: dar consejo a quien lo ha de menester, enseñar a quien no sabe, corregir a quien está equivocado, consolar a quien está triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas que nos molestan, orar a Dios por los vivos y los difuntos.

–   Se trata de propuestas concretas posibles de llevar a cabo en la vida ordinaria: colaborar en la erradicación de la pobreza, la marginación y ofrecer posibilidades de vida digna; no dejar abandonados a los enfermos y ancianos, atender a los presos y orar siempre por todos, vivos y difuntos.

Aconsejar, enseñar… sin olvidar la propuesta cristiana, consolar, tener paciencia con quienes nos molestan.

Vamos allá pues, y aprovechemos la oportunidad. Saldremos ganando.

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 372 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.