El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

yanguas_cuencaMons. José Mª Yanguas     Queridos diocesanos:

Hemos comenzado el Adviento, tiempo de preparación para la gran fiesta de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo. La Iglesia se dispone para la celebración de dicho acontecimiento histórico a lo largo de cuatro semanas. ¿Cuál es el sentido de este tiempo, ciertamente dilatado, dentro del año litúrgico?

Adviento es tiempo, en primer lugar de espera de algo que está por venir. De algo que tiene una connotación positiva; se espera, en efecto, un bien; los males, en cambio, no se esperan, aunque uno tenga certeza de que tendrán lugar, de que efectivamente nos alcanzarán. No se esperan, sino que, más bien, se temen. De ahí que toda espera, por el contrario, tenga un carácter alegre, gozoso, y sea objeto de deseo: se espera y se desea que llegue enseguida el bien esperado.

El tiempo de Adviento está, pues, henchido de esperanza, del deseo gozoso de la venida del Salvador. Tanto más gozoso cuanto mayor es el bien esperado, en este caso el bien o don más grande que Dios ha hecho a la humanidad. Sí, la alegría preside estos días de espera del Señor que viene a salvar. De ahí, que del corazón de los cristianos surge, alegre, fresca, inmediata, la plegaria: ¡Ven, Señor Jesús!, ven, no tardes.

Pero Adviento es, también, de conversión. En estos días la voz de los profetas, que resuena con particular fuerza y nitidez, la calidad y bondad extrema del don que se nos hace en la Navidad; pero, a la vez, los profetas nos llaman a la conversión, a la espera atenta, a una vigilia continua para preparar el camino al Señor que viene. Por eso estos días estamos invitados a examinar nuestro corazón con sencillez no exenta de hondura, para librarlo de los obstáculos que impiden la llegada de Jesús con toda la eficacia de su poder de salvación, de liberación del pecado. Es un buen momento para examinar a fondo nuestras vidas y poner al descubierto los motivos últimos de nuestra modo de proceder, las verdaderas razones que nos impulsan a obrar, los bienes tras los que nos movemos y que ocupan con mayor frecuencia nuestros pensamientos, son objeto de nuestros deseos y alimentan nuestras ilusiones.

Fruto de ese examen será el renovado propósito de eliminar cuanto se interpone entre cada uno y Dios; será ocasión para un nuevo intento de dar a nuestra vida cristiana un toque de mayor autenticidad, para infundirle una frescura y lozanía que haga de ella testimonio creíble de la novedad que nos trae el Redentor. Somos invitados a dar cabida en nuestras almas a las palabras del Apóstol que nos invita a despertarnos del sueño, de la modorra, de la somnolencia que con el pasar del tiempo ha podido apoderarse de nosotros. Es tiempo de sacudirse del letargo de una vida sólo en apariencia cristiana, pero privada en realidad de vibración y autenticidad.

No es tiempo el nuestro para medianías consentidas ni para vergonzosas cesiones a la comodidad y al aburguesamiento. El Año de la Misericordia que comenzará el próximo día ocho, solemnidad de la Inmaculada, y la gran fiesta de la Navidad que la seguirá enseguida nos invitan a una acogida alegre, entusiasmada, de la increíble benignidad que usa Dios para con todos los hombres. ¡Viene el Señor!, salgamos, pues, a su encuentro con la lámpara encendida de una fe vibrante y de una caridad que no rehúye el compromiso, dispuestos nuevamente a tomarnos en serio nuestra vida cristiana. Es la única respuesta coherente con la verdad de un Dios que se ha tomado en serio a la humanidad; es decir, a cada uno de nosotros.

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).