“Como ama el Padre así aman los hijos”

Plasencia Rodriguez Magro AmadeoMons. Amadeo Rodríguez     Queridos diocesanos:

Un repaso a nuestro caminar diocesano

Inicio esta carta recordándome y recordándoos a todos que nuestra Iglesia diocesana no anda desencaminada. Afortunadamente tiene un rumbo en el que todos podemos situarnos, cada uno al paso que pueda dar según las circunstancias en las que vive su experiencia cristiana. El rumbo que llevamos tiene mucho sentido y, sobre todo, tiene un fondo espiritual y pastoral que a todos nos iguala en lo esencial; aunque a veces se noten las peculiaridades de las opciones de cada uno, que siempre han de ser riqueza y nunca ruptura; naturalmente si lo pasamos todo por la unidad. Os digo esto para introducir un breve y sintético repaso a nuestro caminar diocesano en los últimos años y para situar en ese itinerario el Año Jubilar de la Misericordia, al que el Santo Padre Francisco nos ha convocado.

La Iglesia de Plasencia está caminando con una Programa Pastoral (2010-14), que afortunadamente aún vive del espíritu del X Sínodo Diocesano, y que nos está señalando por dónde hemos de ir. En su aliento esencial y en sus objetivos más concretos, nos va indicando lo que nos pide el Señor en la misión de ser Iglesia en este tiempo y en nuestra querida y rica realidad religiosa, cultural, social y, por supuesto, en nuestra configuración geográfica tan plural y bella a la vez.

Caminamos por una corriente misionera

Nuestro programa pastoral, aún vigente a causa de una razonable prórroga, ese que utilizamos anualmente para nuestras programaciones pastorales diocesanas y parroquiales, nos guía por la senda de la evangelización: “Id y anunciad el evangelio” es su título. Como yo mismo os decía en su presentación, con este título hemos pretendido ir a lo esencial y, sobre todo, con el envío que indica, buscábamos que nos llevara lejos, muy lejos, que nos hiciera salir, que nos pusiera en marcha, que ensanchara nuestra mirada pastoral y que abriera nuestro corazón.

Luego vino el Año de la Fe (2012-2013), convocado por el Papa Benedicto XVI con su ilusionante y rica Carta Porta Fidei. Lo vivimos en nuestra Diócesis de Plasencia con gran intensidad, de tal modo que enriqueció nuestro programa pastoral con una traditio y reditio fidei, que concretamos en unos destinatarios concretos:

• para reavivar o redescubrir la fe (los alejados)

• para purificar y confirmar la fe (los católicos sólo practicantes)

• para confesar y anunciar la fe (los católicos más comprometidos)

• para reflexionar la fe: diálogo fe y cultura (para todos)

Recuerdo que, para acercarnos a todos estos destinatarios, yo mismo os proponía un recorrido espiritual, catequético, celebrativo y misionero en la Carta Pastoral que entonces os dirigí con este título: “La Fe es un amor que se recibe”.

Pusimos las bases para una Iglesia en salida

Humildemente considero que con todo lo que hemos programado y realizado poníamos las bases que necesitábamos para prepararnos a acoger de corazón lo que estaba por venir en la Iglesia, para ser una Iglesia en salida, la que el Papa Francisco nos propone en Evangelii Gaudium. En efecto, en el clima misionero en que nos situaba nuestro programa pastoral, descubrimos enseguida que el Espíritu del Señor quería de nosotros que fuéramos una Iglesia evangelizadora, que nos situáramos en estado permanente de misión. Y lo hicimos. No sé si lo hemos hecho del todo bien, pero lo hicimos lo mejor que supimos.

Hace ya más de dos años que iniciamos, primero con la reflexión y después con la acción (un año para cada cosa), la Misión Diocesana Evangelizadora. Como sabéis muy bien, hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos, especialmente en la de mis colaboradores más cercanos, por ponerla en marcha y, en especial, por ofrecer cuantos medios se necesitaran para que este movimiento misionero diocesano fuera posible.

A lo largo de este tiempo, hemos procurado crear una “alerta misionera” en nuestras comunidades cristianas. El primer paso consistió en situar nuestra vida a la escucha del Señor para aprender, estando con él, a su llamada a evangelizar. Durante ese primer año acogimos de su mismo corazón la gracia de poder decirle: “Cuenta conmigo, Señor”. Fue así como iniciamos un camino de discípulos-misioneros, fortaleciendo una conciencia clara del deber de evangelizar.

Por un camino de discípulos misioneros En el primer año fortalecemos el discipulado, creando en nuestras parroquias lo que el Papa Francisco llama “espacios motivadores, en los que nos afianzamos en la convicción de que nada podríamos hacer si no ponemos nuestra confianza en el Señor. Nos dejábamos inspirar por estas palabras del Papa Francisco: “Si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador». En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que «Él nos amó primero» (1 Jn 4,19)” y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7)” 1

En el segundo año, que estamos finalizando, hemos entrado en misión. Cada una de nuestras parroquias, según sus posibilidades y circunstancias, ha renovado su conciencia misionera con acciones concretas de anuncio de Jesucristo. Como Iglesia en salida, mirado a la calle, hemos procurado hacer lo que nos propusimos: “un sonoro ruido misionero”, en el que hemos confesado a Jesucristo y le hemos anunciado a nuestros hermanos, con preferencia a los más alejado, sin olvidarnos de los pobres. En la medida de nuestras posibilidades, hemos hecho nuestro el sueño del Papa Francisco para la pastoral de la Iglesia en este tiempo: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad.” 2

Tiempo habrá de hacer análisis cuando finalice el periodo previsto para la misión (tenemos hasta final del año 2015), pero no estaría demás que ya nos fuéramos preguntando ante el Señor dos cosas: ¿Qué hemos hecho con el compromiso misionero que asumimos ante el Señor? ¿Qué lugar ocupa ya la Misión en nuestro corazón? Será por estas dos preguntas por donde ha de ir nuestra evaluación. Los cristianos siempre evaluamos mirándolo todo con los ojos del Señor. Para esa evaluación, os invito a releer las dos Cartas Pastorales con las que convoqué y acompañé la Misión: Del Año de la Fe al Año de la Misión. Cada parroquia una misión. Cada cristiano un misionero y Carta Pastoral en el Año de la Misión. Con Jesucristo nace y renace la alegría. En ellas podréis recordar lo que nos pedía el Espíritu y, con su relectura, podréis renovar el sentido misionero que pretendía sembrar en todos nosotros.

Enriquecidos por el Año Jubilar de la Misericordia

En esa corriente evangelizadora estamos, cuando, de pronto, como un rayo de luz que nos está alumbrando ya con fuerza, nos ha llegado una propuesta del Pastor que con tanto desvelo y acierto está guiando a la Iglesia en este momento, el Papa Francisco. Después de marcarnos el rumbo pastoral en Evangelii Gaudium, ahora nos quiere adentrar en el corazón mismo de Aquel al que la Iglesia ha de ofrecer a los hombres y mujeres de este tiempo, el de Jesucristo, rostro de la misericordia del Padre. Para eso, nos ha convocado el Santo Padre al Año Jubilar de la Misericordia, que nosotros vamos a acoger con gozo y profundidad, conscientes de que enriquece el camino pastoral que, como acabo de contar, venimos haciendo.

Nuestra programación pastoral para este curso (2015-2016) va a tener muy presente lo que nos pide el Papa Francisco, tanto en la motivación general del Jubileo, la de ser misericordiosos como el Padre, como en las acciones que nos propone realizar a lo largo de todo el itinerario jubilar. En concreto, el objetivo general de nuestro programa pastoral lo presenta de este modo:

“Continuar el proceso de un impulso permanente de la ACCIÓN EVANGELIZADORA (Plan Pastoral Diocesano), mediante la realización del AÑO DE LAS MISIONES PARROQUIALES (acción específica diocesana), contemplando el misterio de la MISERICORDIA DIVINA, que hace más fuerte y eficaz el testimonio evangelizador (Jubileo extraordinario del Año de la Misericordia en comunión con la Iglesia Universal), bajo la mirada de MARÍA, MADRE DE LA MISERICORDIA (Año Jubilar Guadalupense)”.

El Año Jubilar de la Misericordia va a ser, pues, una gran oportunidad para situarnos en lo nuclear de la misión de la Iglesia. ¡Qué lúcida es esta propuesta! Lo es, sobre todo, por la situación real de la humanidad, tan herida como está y tan necesitada de que el amor misericordioso de Dios la sane y la renueve en su mirada y en su corazón. Pero difícilmente podríamos sanar, si antes no somos sanados cada uno de nosotros por la misericordia divina y si no renovamos la vida de la Iglesia en la humilde fortaleza de aprender a vivir de la misericordia.

Jesucristo es la Puerta de la Misericordia

El Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Como muy bien explica el Papa Francisco en la Bula del Jubileo de la Misericordia: “He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia. Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre”3 . (sigue…)

+ Amadeo Rodríguez Magro,

Obispo de Plasencia

 

Mons. Amadeo Rodríguez
Acerca de Mons. Amadeo Rodríguez 154 Artículos
Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.