Adviento, tiempo de espera, esperanza y acogida

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares        Acabamos de iniciar el tiempo de Adviento, comienzo a un nuevo año litúrgico, tiempo de gran profundidad religiosa, impregnado de esperanza y expectativas espirituales. Nos preparamos, en los umbrales del Año de la misericordia, dentro del Año Jubilar eucarístico, para recordar el nacimiento del Redentor y, al mismo tiempo, se aviva en nosotros el anhelo y la esperanza en su segunda venida, cuando, al final de los tiempos, venga a juzgar a vivos y muertos y consumar su obra de salvación y de plenitud en favor nuestro. En el Adviento el pueblo cristiano revive un doble movimiento del espíritu: por una parte, eleva su mirada hacia la meta final de su peregrinación en la historia, que es la vuelta gloriosa del Señor Jesús, su segunda venida; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, se arrodilla ante el pesebre, se postra ante el que viene como niño a traer la salvación y la luz, la paz y la reconciliación para todos los hombres, la alegría y la paz para todos los pueblos.

Tengamos la certeza de que el Señor desea venir siempre a nosotros y a través nuestro, y llama a la puerta de nuestro corazón: ¿estás dispuesto a darme tu carne, tu tiempo, tu vida? Esta es la voz del Señor que quiere entrar en nuestro tiempo, quiere entrar en la historia humana a través de nosotros. Busca una morada viva, nuestra vida personal. Esta es la venida del Señor. El quiere que vivamos en comunión con Él. Dios nos llama a la comunión con Él, que se realizará plenamente cuando vuelva Cristo; y Él mismo se compromete a hacer que lleguemos preparados a ese encuentro final y decisivo.

Vivamos este tiempo de Adviento, más aún, vivamos nuestra vida entera que es un Adviento de espera y esperanza en la segunda venida del Señor, un estar velando ante la vuelta del Señor que llega y que nos trae la liberación definitiva, vivámosla siendo santos e irreprensibles ante Dios por el amor. Que sea el amor la verdadera raíz de nuestra presencia y de nuestro actuar en el mundo, la verdadera raíz y la razón de la presencia de la Iglesia ante los hombres.

El verdadero amor no es flor de este mundo. Es Dios quien nos amó primero, quien nos enseña lo que es amar y con el don de su Espíritu nos hace amar como somos amados por Él. Adorar a un Dios que se nos ha manifestado como Amor nos permite y nos obliga, a un tiempo, a reconocer el amor como fondo de la realidad y norma de nuestra libertad. La realidad más hermosa y más profunda de la vida es el amor, un amor que la Iglesia quiere vivir y difundir como forma perfecta del ser y de la vida. A la luz del amor tratamos los cristianos de comprender la verdad profunda de las personas, de la familia, de la vida social en su complejidad y en toda su amplitud.

La práctica del amor como norma de vida es esencial para cada cristiano y para la Iglesia entera. No seríamos discípulos de Jesús, ni la Iglesia podría presentarse como su Iglesia, si no reconociéramos en el ejercicio y en el servicio de la caridad la norma suprema de nuestra vida. El amor al prójimo, enraizado en el amor a Dios, es, ante todo, una tarea para cada fiel, pero lo es también para las instituciones eclesiales, para cada Iglesia particular, y para la Iglesia universal. La Iglesia tiene que ser y aparecer, tiene que vivir y actuar como una verdadera comunidad de amor, como una manifestación y una oferta universal de amor que la humanidad necesita para vivir adecuadamente. Pablo VI decía que el hombre contemporáneo necesita testigos más que maestros. El amor, vivido y practicado con generosidad y eficacia, es lo único que puede hacernos testigos de la verdad y la bondad de Dios en nuestro mundo. Si vivimos alimentados del amor que Dios nos tiene, seremos también capaces de amar y servir a nuestros hermanos necesitados con alegría y sencillez.

Los cristianos, viviendo santamente en medio del mundo, tenemos que ser testimonio vivo de que el amor verdadero, respetuoso y fiel, gratuito, universal, efectivo, es posible en la vida de los hombres. Es posible en el matrimonio y en la familia, es posible en el trabajo y en el ejercicio de la profesión, es posible en las relaciones sociales y políticas. En cada lugar y en cada época hay necesidades diferentes. En cada momento son distintas las urgencias. En este tiempo, en el que la Iglesia necesita mostrar más claramente su verdadera identidad y nuestros hermanos tienen necesidad de signos que les ayuden a descubrir el verdadero rostro de Dios y la verdadera naturaleza de la religión, pedimos a todos los católicos que se esfuercen en vivir intensamente el mandato del amor a Dios y al prójimo, en el que se encierra la Ley entera. Al ver a los demás con los ojos de Cristo podremos darles mucho más que la ayuda de cosas materiales, tan necesarias: podremos ofrecerles la mirada de amor que todo hombre necesita.

A esto nos invita el Adviento de este año y el Adviento que es toda nuestra vida: a que entremos en comunión con Dios que, enviando a su Hijo al mundo, nos ha mostrado que es amor y nos ha entregado todo su amor, para que acogiendo a su Hijo y viviendo en comunión con Él cada día más hondamente, vivamos en el amor; así preparamos y nos disponemos para su venida.
Acoger a Cristo este año, abrir de par en par las puertas a Cristo en este Adviento, aquí en Valencia tiene una significación especial, es acoger, dar posada a los miles de peregrinos, jóvenes que llegan a nosotros al Encuentro Europeo de jóvenes de Taizé, un gran acontecimiento de gracia para Valencia especialmente, porque el Señor viene a nosotros… Acoger a Cristo en estos peregrinos, es darle posada a Él; que no encuentre las puertas cerradas, que haya sitio para Él en estos Jóvenes que llegarán para participar en este Encuentro Europeo, en estos días de gracia para todos. Desde aquí invito a las parroquias, familias e instituciones de Iglesia, a que den posada, acojan a estos Jóvenes con toda disponibilidad y apertura. Que para ellos, presencia de Jesús en medio de nosotros, sí que haya posada hoy. Comuniquen esa disponibilidad en sus respectivas parroquias. Gracias por esa generosidad.

Que María, Virgen fiel y esclava del Señor, nos guíe a hacer de este tiempo de Adviento y de todo el nuevo Año litúrgico un camino de auténtica santificación por el amor, para que, así, como Ella, agrademos a Dios en todo por el amor y preparemos los caminos al que llega para traer el Amor que salva y llena todo.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014