Mons. Juan José Omella, arzobispo electo de Barcelona: "Cuando se pierde la fe en Dios, se pierden muchos valores y nos hunde la crisis"

OmellaOmellaJoseAragonés, comprometido con lo social, con la Iglesia y anunciando el Evangelio en cada tierra que pisa. Mons. Juan José Omella, Arzobispo electo de Barcelona y presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, volvió a dejar huella en la capital altoaragonesa el pasado martes 24 de noviembre, con la charla inaugural que ofreció sobre la Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres”, enmarcada dentro de las IX Jornadas de Solidaridad de Cáritas Diocesana de Huesca. En este contexto, el recién elegido Arzobispo dedicó unos minutos a Pueblo de Dios para explicar con profundidad algunos puntos de este documento que redactaron los obispos españoles en abril.

 Es uno de los promotores de la Instrucción “Iglesia, servidora de los pobres”, ¿Cómo resumiría el contenido y cuál es su objetivo?

El objetivo de esta Instrucción es sensibilizarnos con la pobreza. Hay muchos pobres en nuestro alrededor y a veces, miramos hacia otro lado, a lo que brilla, a los que ganan mucho dinero, a los que está en la televisión y nos olvidamos esa gente sencilla y pobre, que está junto a nosotros y son nuestros hermanos. Esa primera mirada con los ojos de Dios, que ama siempre a lo pequeño y a lo pobre, es fundamental y es la primera parte del texto.

Lo segundo que se explica, es cómo tenemos que acercarnos a esos pobres. No con una actitud paternalista sino con una actitud de respeto a la dignidad de cada persona, aunque sea pobre y aunque a lo mejor haya perdido el aspecto externo de dignidad. Sin embargo, es un ser humano que tiene su dignidad y tenemos que amarlo por encima de todo.

Y tercero, qué podemos hacer por ayudar a esos pobres: el compromiso. Esto es, una mayor solidaridad, que va en varios campos: el del dinero, y para eso tenemos que compartir lo poco que tenemos, como la pobre viuda del Evangelio que da los cuatro reales que tenía; en segundo lugar, hay otra pobreza que es la soledad y esa no exige dinero, pero sí un compromiso de acompañar a esas personas que están solas. También están las personas que no encuentran el sentido de su vida y tampoco el sentido de Dios, nosotros, desde el Evangelio de Jesús, tenemos que aportarles esa corriente de esperanza, que es que Dios los ama y nosotros se lo queremos demostrar con nuestra entrega y nuestro cariño.

Continuando con los compromisos… ¿qué consejos se citan en el documento y cree usted que deberíamos seguir a nivel personal o diocesano para erradicar la pobreza?

A nivel personal, decimos en el documento, una mayor austeridad de vida. No podemos vivir por encima de lo que somos y tenemos cada uno, porque entonces nos endeudamos y tenemos insatisfacciones. No hace falta para ser feliz tener tanto y esto nos abre el camino a ser solidarios, si no necesito tanto puedo compartir con el otro. Menos individualismo y más solidaridad.

A las instituciones, asociaciones o empresarios les decimos, que no busquen tanto las ganancias e igualen los salarios, para dar un trabajo más estable y para que los trabajadores se sientan mejor y trabajen en comunión, unos con otros. Y al Gobierno, que trabaje para evitar recortar el bienestar social y por otra parte, una mayor cooperación a nivel internacional porque la pobreza está muy globalizada. A los inmigrantes, primero hay que acogerlos y segundo, apoyarlos para que no tengan que salir de sus países.

El estado tiene que potenciar el asociacionismo, que nosotros seamos protagonistas del propio desarrollo y que no nos lo den todo hecho. A veces no somos protagonistas, no nos comprometemos a la construcción de la sociedad y dejamos que lo hagan los políticos y el Gobierno, pero tenemos que trabajar todos por el bien común, porque todos somos responsables de todos.

Por último, en el texto se habla de los nuevos pobres, ¿Quiénes son?

Los nuevos pobres, que han nacido en esta crisis tan agresiva, son gente que no han ido nunca a Cáritas y nunca han estado en el paro, pero ahora les ha tocado y les da vergüenza. Son los pobres que llamamos vergonzantes. Las familias, los jóvenes, los inmigrantes, el mundo rural, que es otro de los que también hemos olvidado en este desarrollo y que además, los pueblos tienen otros valores que no hay en la gran ciudad. A lo mejor, tendríamos que hacer un desarrollo más armónico y menos direccional, yo creo que el campo también necesita ser atendido, porque luego lo echamos en falta.

Dos elementos muy importantes que sostienen estos nuevos pobres son: la corrupción y la pérdida de la fe en Dios, cuando se pierde la fe en Dios, se pierden muchos valores y nos hunde la crisis.

(Diócesis de Huesca)

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