La fe en Dios y la sobriedad de vida

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez     Queridos diocesanos:

El domingo, día 29 de noviembre de 2015, comienza el tiempo litúrgico del Adviento. En estacarta pastoral os ofrezco unas reflexiones para este tiempo, que nos prepara a la Navidad, fiesta de gozo y salvación.

Los cristianos no vivimos la fe, la esperanza y la caridad al margen de las situaciones históricas; la fe no es evasión alienante, sino luz transformadora y fuerza de Dios en medio de la historia. Al convocar el Año de la fe, el Papa Benedicto escribía: la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente de modo que una permite a la otra seguir su camino (cfr.Porta fidei, 14). Y el Papa Francisco en su primera encíclica Lumen fidei escribió: “fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios” (Lumen fidei, 7).

Como cristianos nos preguntamos también por nuestra orientación en medio de la situación actual de crisis económica y ética: ¿De qué forma la fe en Dios nos ayuda a soportar la crisis y a trabajar sin descanso por superarla?

La crisis, en la que estamos inmersos, golpea duramente a muchas personas y familias, a poblaciones enteras, incide de forma especial en los jóvenes, que padecen por el retraso indefinido de su primer puesto de trabajo o tienen que emigrar para poder trabajar. Esta situación suscita penosos interrogantes: ¿Preparados profesionalmente, para qué? ¿Cómo formar una familia en esas condiciones? ¿Cómo no sentirse humillados al continuar dependiendo de la familia? Con la cabeza y el corazón debemos comprender su situación; y a pesar de las duras pruebas, alentar la esperanza, comprometiéndonos con ellos en la realización de sus nobles aspiraciones y mejores sueños.

La crisis ha puesto de relieve cuestiones humanas de fondo, que deben ser consideradas para buscar solución. No es solamente cuestión económica y financiera, sino también laboral y social, de armonización de trabajo y vida de familia, de trabajo y descanso, de distribución del trabajo disponible, porque la mecanización, la informatización y la globalización crean situaciones nuevas.

La crisis es, al mismo tiempo, desconcierto y búsqueda, sufrimiento y esperanza, final de una etapa y vislumbre de otra, examen de conciencia sobre los fallos cometidos y semilla de orientaciones futuras.

¿Qué actitudes cristianas debemos adoptar ante la crisis actual? Os brindo la reflexión sobre la relación entre la fe y la sobriedad de vida. La vida del hombre no depende de sus bienes, dice la sabiduría evangélica frente al necio, que víctima de la avaricia, olvida esta lección fundamental. Leemos en el Evangelio: “Alma mía, tienes almacenados bienes para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado? Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios” (Lc 12, 19-21). La necedad consiste en no tener en cuenta a Dios en la orientación de la vida y apoyarse en lo que no es Dios. El apóstol Pablo en su carta a Tito escribe: “llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa” (Tit 2, 12).

Adorar lo que no es Dios convierte al hombre en no-hombre. La dignidad del hombre se fundamenta, custodia y promueve en el reconocimiento de Dios, a cuya imagen y semejanza fue creado (cfr. Gn 1, 27).

Dios llena el corazón del hombre, como afirma San Agustín. En cambio, si dobla la rodilla y doblega el espíritu ante el dinero como supremo valor, se destruye a sí mismo.

La fe en Dios tiene mucho que ver con la sobriedad de vida, la ordenación respetuosa con la creación, la administración correcta de nuestros bienes y de los ajenos, la libertad para no caer víctimas del dinero y poder compartir con los más pobres y necesitados, la conversión a la ecología integral, como dice el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’… La plenitud del hombre no está en el crecimiento material indefinido. La avaricia incontenible, el consumo compulsivo, el capricho para gastar sin sentido, la competitividad orgullosa debe curarse con unas relaciones personales y sociales distintas, como es, entre otras, la sobriedad de vida.Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.