Anuncio de una llegada

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez      ¿Qué llegada es ésta que anunciamos? La llegada del Hijo de Dios, Jesucristo. “Ya conocemos esa noticia”, decimos. Pero, ¿la esperamos? No parece que sea la preocupación de nuestros espíritus. Tenemos la mirada puesta en otras cosas, nos preocupamos por otros “eventos”, de rabiosa actualidad. Sí, es posible que sea así, pero, ¿no perdemos un año más la posibilidad de penetrar en el misterio del Adviento y la Navidad?

La Navidad es real porque el Hijo de Dios se hizo carne, se encarnó, y se llama Jesús de Nazaret, o Jesucristo el Salvador. He aquí el misterio central de la fe cristiana. Pero, ¿cuál es el significado de este misterio? Y, ¿cuál es la importancia que tiene para nuestra vida concreta? Lo primero que vieron María, José, los pastores, los magos fue un Niño y, más tarde, los apóstoles y otros contemporáneos de Cristo, un hombre joven, con una personalidad impresionante, deslumbrador, inesperado en sus palabras y maneras de comportarse con Dios, a quien llama Padre, con los demás, sean quienes sean.

Lo impresionante y definitivo es que con Jesús de Nazaret acontece que “Dios es Cristo”, algo inaudito. Por eso, san Lucas narra las palabras del ángel a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (Lc 1, 35). De modo que la Virgen, Santa María, “está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is 7, 14). Se han cumplido las profecías. No sé si todavía se han cumplido en ti y en mí, pero Dios con nosotros ha venido a habitar entre nosotros. Es lo que la Iglesia anuncia de nuevo, porque el “evento” es tan grande y tan rico que no bastan 2015 años para agotarlo.

Pero, en el fondo, nuestro corazón humano aspira a este Hijo de Dios, porque sabe que nuestro mundo se convierte en un lugar inhóspito, cuando Dios es arrojado fuera. Pero lo serio es que si rechazamos a Dios en su Hijo Jesucristo, frustramos la verdadera vocación de la creación: ser el espacio de la alianza entre el amor de Dios y la humanidad que le responde. Como lo hizo María, que ocupa un puesto tan importante en esta espera de la llegada. No acoger a Dios en su Hijo, nacido de María nos aleja ciertamente de Él, pero también nos aleja de nosotros mismos y nos precipita al vacío. La llegada de Cristo, que se nos anuncia, una vez más, ¿despertará nuestro corazón a acogerlo y conocerlo? Yo lo pido para todos ustedes, porque sé qué valor tan grande tiene para mí y la humanidad en este 2015.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.