Adviento en el recuerdo del Concilio Vaticano II

SaizMeneses Mons. Àngel Saiz Meneses     Comenzamos este domingo un nuevo año litúrgico con el inicio del tiempo de Adviento, las cuatro semanas que nos conducen y nos preparan para la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.Este Adviento de 2015, además de las características propias de este tiempo litúrgico, sobre todo la espera del Salvador y la esperanza de acogerlo nuevamente en nuestras vidas, estará marcado por un hecho relevante, además del inicio del Año de la Misericordia: se cumplen los cincuenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, que tuvo lugar en la basílica de San Pedro el 8 de diciembre de 1965. El Concilio Vaticano II fue convocado por el papa san Juan XXIII, y por eso se considera su principal legado, una iniciativa que se puede considerar revolucionaria que sus predecesores nunca acababan de convocar pues la idea acostumbraba a quedar siempre en estudio por las comisiones consultivas. El «Papa bueno» actuó finalmente y convocó el Concilio por sorpresa, poniendo en marcha un proceso renovador que llega hasta nuestros días.

El cambio de actitud de la Iglesia fue muy significativo: se reconoció la libertad religiosa, se recompusieron las relaciones con judíos y musulmanes, se abrieron las puertas del ecumenismo, la proyección al exterior se caracterizó sobre todo por la «Alegría y Esperanza». El uso de las lenguas vernáculas en la liturgia permitió que cientos de millones de católicos entendieran por fin las lecturas de la Misa. El Concilio puso en primer plano la llamada universal de todos los bautizados a la santidad plena y a la responsabilidad evangelizadora. Se dio un mayor relieve al laicado. San Juan XXIII falleció en 1963, sin llegar a concluir el Concilio. Serían necesarios otros dos años de trabajo hasta 1965. Llevar a la práctica un Concilio gigantesco es un proceso lento, pero el mensaje renovador del Vaticano II sigue abriéndose paso.

Otra herencia de san Juan XXIII es, sin duda, la pasión por la paz. A los pocos días de haber comenzado el Concilio el 11 de octubre de 1962, la crisis de los misiles de Cuba puso al mundo al borde de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El Papa intervino en público y en privado ante los jefes de estado haciendo una llamada a la responsabilidad para evitar los horrores de una nueva guerra. Se solucionó el conflicto, y en la primavera siguiente san Juan XXIII presentaba al mundo la encíclica «Pacem in Terris», un hito en el protagonismo de los cristianos en la búsqueda de la paz.

El año 2012, al celebrarse el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el papa Benedicto XVI convocó un Año de la Fe y recordaba unas palabras de san Juan Pablo II en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte, en la que lo califica como “la gran gracia de la cual se ha beneficiado la Iglesia en el siglo XX” y como “la brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (n. 57). El mismo Benedicto XVI reafirmaba en otra ocasión, que “si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede convertirse cada vez más en una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”. A esta renovación nos invita el papa Francisco pidiéndonos ser una iglesia misionera, o “en salida”, fortalecida en su fe y lanzada a la evangelización, es decir, a fomentar la fe en esta hora de crisis de creencia para muchos.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
Acerca de Mons. Josep Àngel Saiz Meneses 329 Artículos
Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.