Preparamos la Navidad y/o esperamos al Niño Dios?

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Si no esperan a nadie les tienen que sobrar los belenes. Claro que no es de recibo la pretensión de unos pocos de cargarse, porque sí, una cultura milenaria ya que a nadie ofende y con nadie se mete ni por la representación del nacimiento de un niño, ni por la imposición de unas creencias que además nos hablan de la casa común donde todos caben… hasta el “caganet” de algunas regiones de España.

Sin embargo hace pensar, y hasta se puede comprender a quien, sin fe católica, puede identificar la Navidad con ese estar harto y saturado de tanto gasto y parafernalia comercial, para incitar al consumo que hay que lograr que sea desmedido para arreglar las macro-finanzas aunque sigan los millones de parados y excluidos que no tienen acceso a esos bienes que le meten por los ojos las luces y los adornos navideños. Ah, la encrucijada está en que, con ese motivo, se aumentan los empleos precarios, pero, a la desesperada, empleos al fin y al cabo. Si fuera ese el motivo del rechazo a los signos religiosos de la Navidad, habrá que decir que podemos estar de acuerdo en la denuncia del consumo desmedido (lo dije con palabras del Papa el domingo pasado) pero me temo que es, sin más, algo que huele a tufillo de dictadores que quieren imponer sus reglas de juego. En eso coinciden con otros munícipes que manteniendo algún que otro belén, han sustituido los motivos que pudieran sonar a algo cristiano con cosas extrañas que se imponen cada año, también porque sí, bajo capa de modernidad.

Nuestra invitación a quienes no esperan el nacimiento del Niño—Dios, es a que nos podemos unir en la espera de un mundo distinto en el que toda persona tiene derecho a nacer, a ser acogido en el seno de una familia, que no importa si mejor o peor acomodada, pero que tengan un sitio en la posada de la vida para desarrollar su propia dignidad; que porque nace Dios hecho hombre nos sentimos comprometidos todos, con todos, en sacar esta vida adelante echándonos una mano de fraternidad que comparte y trata de dar respuesta a las necesidades más inmediatas e imprescindibles. Que, con lo poco que nos preocupamos los unos de los otros, hay Alguien que no se cansa de meterse de lleno en nuestra historia sin importarle sufrir esa marginación.

Preparar la Navidad nos debe llevar a los cristianos a volver a confiar en la misericordia de nuestro Dios que, perdonando nos sana y nos elige para ser nosotros misericordiosos con los que se meten con lo más propio nuestro que es la fe. Nos debe llevar a esperar a que Cristo Jesús se trasparente en los dichos y hechos de los que nos sabemos testigos de su amor y misión… la cosa requiere una purificación de pensamiento, palabra, obra y omisión que propicia este tiempo de Adviento, casi cuatro semanas, y abrirnos por lo mismo a la gracia que se nos dará en la Navidad.

Hacer de la vida de todos los miembros de la Iglesia anuncio de quien va venir en la Navidad, sin falseamientos ni apaños es como Dios ha querido manifestarse: ¡En la humildad de nuestra carne! Con nuestras debilidades y pecados, sin prepotencia y con mucha audacia para expresar con nuestras mejores palabras y gestos, a quienes no parece que quieran oír, la presencia de Jesucristo resucitado que aparece en la historia humana como Niño desvalido y marginado en su tiempo.

Expresar que la Iglesia está entrenada a sufrir marginación y persecución, como es evidente en más de un país y que no buscamos otra cosa que el amor a la Humanidad que, en sí misma, es la Navidad. Expresar que si pedimos que se pongan belenes en las ciudades donde vivimos es por lo importante que nos parece para el bien común hacer visible el misterio de un Dios que nos ama.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Artículos
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.