«La esperanza no defrauda»

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco        La Iglesia empieza el año litúrgico con el tiempo de Adviento, que prepara la Navidad. Es un tiempo breve pero intenso porque se necesita mucha intensidad para avivar la esperanza. Hablo naturalmente de la verdadera y definitiva esperanza, que dinamiza al hombre hacia el futuro y le ayuda a pensar que puede ser mejor. Hablo de la esperanza que anida en cada uno de nosotros cuando se reconoce incapaz de ser mejor, de cambiar el corazón de piedra por otro de carne. Hablo de la esperanza de ser amado por lo que uno es y no por lo que tiene o aparenta. Hablo de la esperanza de que este mundo mejore y se trasforme en un mundo justo, fraterno, solidario. Y hablo, sobre todo, de la esperanza que supera el umbral de la muerte, y me sostiene en la fe de que existe la eternidad.

Sostener al hombre en esta esperanza sólo puede hacerlo Dios mismo. Y hasta Dios parece que lo tiene difícil cuando se trata de avivar en el hombre la esperanza. Charles Péguy, uno de los más grandes poetas cristianos del siglo pasado, ponía estas palabras en labios de Dios: «Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas y que crean que mañana irá todo mejor, esto sí que es asombroso y es, con mucho, la mayor maravilla de nuestra gracia. Yo mismo estoy asombrado de ello. Es preciso que mi gracia sea efectivamente de una fuerza increíble, y que brote de una fuente inagotable desde que comenzó a brotar por primera vez como un río de sangre del costado abierto de mi Hijo».

Durante el tiempo de Adviento la liturgia de la Iglesia está cargada de imágenes asombrosas que lanzan un reto al hombre cansado de esperar. Cansado y, al mismo tiempo, urgido a esperar. Se nos habla del desierto que se convertirá en un vergel; del león y del cordero que pacerán juntos; de la estéril que será madre fecunda; de la tristeza y del luto que se transformarán en cántico; de los opresores que serán castigados; de los montes y valles que formarán una calzada recta; de ciegos, sordos y cojos que verán, oirán y saltarán como gacelas; de leprosos que verán su carne limpia; de muertos que resucitarán. ¿Son sólo imágenes poéticas? ¿Son bellas metáforas? ¿De dónde viene esta cambio inaudito?

Dios entra en la escena de los hombres. Eso significa el Adviento. Se trata del advenimiento de Dios a nuestra tierra sedienta de esperanza, necesitada de redención. Es Dios mismo que enciende en el corazón de los pobres, como decía una poetisa, velas de esperanza. Todos somos pobres. Ciertamente, Dios lo tiene difícil cuando nos invita a esperar. ¿Hasta cuándo? dicen los pobres; ¿hasta cuándo?, gritan los humillados; ¿hasta cuándo? gemimos los que sentimos el peso del pecado que nos asedia cada día y nos hace caer. Nos parece que la esperanza es inútil, incapaz de sostener al hombre. Pero no es así. Esa «cosita de nada, esta pequeña niña esperanza» -dice Péguy- es inmortal y «ella sola atravesará los mundos llenos de obstáculos. Como al estrella condujo a los tres Reyes Magos desde los confines de Oriente, hacia la cuna de mi Hijo».

«La esperanza no defrauda», dice san Pablo. Esperar contra toda esperanza es la actitud de Abrahán, de María, de Cristo mismo, el Hijo de Dios, que se aventuró a vivir con nosotros, a sufrir y a morir, para que el hombre nunca perdiera la certeza de que es posible la esperanza de que esta vida tiene un sentido, una finalidad trascendente, un feliz cumplimiento de nuestras anhelos, porque el mismo Dios ha hecho suya nuestra propia carne. Aunque el Adviento dure sólo cuatro semanas, es el tiempo de toda la existencia humana. Por eso el evangelio de hoy nos invita a mantener erguida la cabeza porque se acerca nuestra liberación.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).