Adviento tiempo de misericordia

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano           La misericordia de Dios es uno de los grandes temas que salpican las primeras narraciones de la vida de Jesús y que impregnan las lecturas litúrgicas en este tiempo de Adviento. Zacarías nos recordará que “por la entrañable misericordia de nuestros Dios nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lc. 1,78), es decir, acampará entre nosotros Jesucristo, luz del mundo, que nos muestra el camino de la paz, del perdón de los pecados y de la salvación, realizando “la misericordia que tuvo con  nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que realizo a nuestro padre Abraham” (Lc. 1, 72-73).

Es muy hermoso contemplar también, en este contexto, el canto del Magníficat en el que María proclama por dos veces la misericordia de Dios para con su pueblo. Evoca la misericordia de Dios que a través suyo, por la presencia del Verbo en sus entrañas, llega a todos sus fieles de generación en generación. Gracias al Fiat de María, Dios auxilia a su pueblo como había prometido desde antiguo “en favor de Abraham y su descendencia por siempre” (Lc. 1, 55), derramando copiosamente su misericordia que llega también a nosotros llenándonos de consuelo y de esperanza. Todo en la vida de Santa María “fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne” en su seno virginal. (Francisco, Misericordiae Vultus nº 24).

A lo largo del Antiguo Testamento cuando se habla de la ternura entrañable de Dios (de su misericordia), la refiere siempre de Dios hacia sus criaturas. Pero la Encarnación lo cambia todo. Es entonces cuando la misericordia de Dios hacia el hombre se manifiesta de forma distinta y asombrosa. Dios concedió a una criatura humana ser su Madre y, por tanto, portadora de la misericordia de Dios. Así, la figura navideña de María que puede sostener en su regazo materno al Hijo divino convertido en hijo del hombre, revela el misterio  oculto durante siglos: “elegida para ser Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre por el amor del Padre para ser arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús” (Francisco,Misericordiae Vultus nº 24). En Navidad María sostiene entre sus brazos toda la Misericordia de Dios, que solo se revelará plenamente a la luz del misterio de la Pascua.

En este Adviento, todo ese caudal que de por si tiene este tiempo litúrgico se ve enaltecido por la apertura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En nuestra diócesis vamos a intentar vivirlo con intensidad, para convertirlo en un tiempo propicio en el que queremos acoger al Niño Dios que nos nace y nos muestra la misericordia de Dios para con nosotros. Como Él, nosotros debemos mostrarnos misericordiosos con los demás, entrando así en el corazón mismo del Evangelio, donde los pobres son los más necesitados de la misericordia divina.

El Papa nos exhorta a practicar de un modo especial durante este año jubilar las obras de la Misericordia, corporales y espirituales (Cfr. Francisco,Misericordiae Vultus nº  15). Estas obras de misericordia serán un buen modo de constatar nuestro amor a Dios y al prójimo. A su vez, puede ser un precioso camino para vivir el Adviento ayudándonos, de modo práctico, a vivir la experiencia de ser “misericordiosos como el Padre” tal como nos reclama el lema de este Año jubilar. A las obras de misericordia, por su gran importancia, dedicaremos otras cartas pastorales a lo largo del año.

Os invito a vivir estas semanas con un corazón que se deje sorprender y esté dispuesto a acoger la Misericordia de Dios para poder ser portador de misericordia para los demás.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.