Lo que admiramos de los santos

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       El sentimiento de admiración es connatural a todos nosotros. ¿Quién no admira -y si viene al caso se hace una selfie con él- a un gran cantante, un extraordinario futbolista, un hombre que ha pisado la luna, un premio Nobel o un campeón olímpico?

Los cristianos admiramos a todos ellos, pero también a los santos, y además de admirarlos invocamos su ayuda para que nos conduzcan hacia Dios en nuestra vida. Pero –se preguntaba Jean Guitton- ¿qué admiramos en los santos? Y decía esta idea, que resumo: lo que me atrae de Teresa de Ávila no son sólo sus éxtasis, ni del cura de Ars sus ayunos, ni de Francisco de Asís sus estigmas… sino la paciencia, la dulzura, la buena opinión de los demás, que sean constructores de esperanza, que sean sencillos, humildes… como si fueran gente que podamos encontrar en una esquina y conversar con ellos.

La gran mayoría de santos son anónimos, personas corrientes, amas de casa, trabajadores, personas ancianas, quizá enfermas, que tienen en común preocuparse de los demás, de su familia, sus amigos y colegas o incluso de personas necesitadas que no conocen y a las que ayudan en la medida de sus posibilidades.

La misericordia es el sello del cristiano. Comienza por no hablar mal de los demás, no criticar ni murmurar, y se manifiesta con el ejercicio de la comprensión, de la solidaridad y del perdón cuantas veces sea necesario, de acuerdo con la enseñanza de Jesucristo cuándo le preguntaron cuántas veces hemos de perdonar. Lo que debe distinguir a los cristianos, en las relaciones sociales y trato con otros, es que seamos los mejores amigos. San Paulino de Nola, converso al cristianismo, no solo entregó su vida a los pobres, sino que en una ocasión no pudiendo rescatar con sus bienes al hijo de una viuda, se ofreció para sustituirle como prisionero.

El Papa Francisco termina su bula «Misericordiae vultus» diciendo: «Que en este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor». Para lo cual invita a dirigir nuestro pensamiento a santos como Faustina Kowalska, apóstol de la misericordia, y a la Virgen María, a la que invocamos como Madre de Misericordia.

 

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.