La mies es mucha

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar      Queridos diocesanos:

Uno de los objetivos prioritarios que, como Diócesis, nos hemos trazado para este Curso es la promoción y cultivo de las vocaciones al sacerdocio ordenado. Nadie podrá responder a una llamada que no ha descubierto o le han ayudado a descubrir; si los jóvenes encuentran la ayuda necesaria para hacerse un serio planteamiento vocacional podrán optar libre y responsablemente por el designio de Dios para su vida. Pero si no encuentran ni siquiera ayuda para hacerse la pregunta será imposible que respondan o lo harán siguiente los aires del ambiente que les llevará a ser uno más del montón, de la masa que no piensa y que sigue las pautas que le ofrece una sociedad materialista y sin Dios.

El planteamiento vocacional es algo esencial en la vida de todo ser humano, especialmente en la niñez, adolescencia y juventud que son momentos de decidir desde Dios qué hacer con la vida; momentos, además, preñados de grandes ideales. Dentro de ese planteamiento vocacional no debe faltar la pregunta por la vocación al sacerdocio ordenado; ahora bien, para que el joven se la haga, en el ambiente social en el que hoy se mueven los jóvenes, es necesario que encuentre la ayuda de quien le acompañe, le impulse y estimule.

Cada uno de nosotros (los religiosos, los sacerdotes y los laicos) rezamos por las vocaciones al ministerio presbiteral cumpliendo así el mandato del Señor: “Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10, 2); es absolutamente necesario que lo hagamos y lo sigamos haciendo. Pero la preocupación, el cultivo y la búsqueda de nuevas vocaciones pide de nosotros que no olvidemos nunca que Dios sigue llamando hoy y lo hace a través de mediaciones humanas: cada uno de nosotros, las familias, el testimonio de los sacerdotes, las necesidades de la comunidad, el aprecio que las comunidades cristianas manifiestan por los sacerdotes, etc. Dios, que actúa en el corazón de las personas y las capacita para responder a su llamada, ha dejado en nuestras manos la llamada explícita, la propuesta vocacional concreta a jóvenes concretos; así, con el interrogante suscitado en el corazón y con la gracia del Espíritu, podrán responder generosamente al Señor por el camino de la entrega de su vida en el sacerdocio al servicio de Dios y de los hermanos.

En esta propuesta vocacional explicita hay tres agentes especialmente implicados: la familia, los sacerdotes y cada comunidad cristiana.

La respuesta a la vocación sacerdotal por parte del joven que vive en una familia cristiana depende, en gran parte, del ambiente cristiano que se vive en el hogar, de la valoración que la familia haga de la vocación sacerdotal, del ánimo y el apoyo que reciba en ella y de la ilusión que expresen los padres por tener en la familia un sacerdote. Si la familia considera una auténtica bendición de Dios que uno de sus miembros pueda ser sacerdote, y eso se expresa en el diálogo familiar, el joven que pueda intuir ese deseo va a encontrar en la familia un apoyo, un estímulo y el ánimo necesarios para su entrega en el ministerio sacerdotal. Por eso, la familia deber ayudar a plantearse la vocación y responder conforme al querer de Dios a sus hijos.

Los sacerdotes, por su parte, deben ser los principales agentes de pastoral vocacional desde el testimonio de una vida feliz, alegre, entregada sin reservas. Además, hemos de hacer la propuesta clara y valiente a jóvenes que muestren ciertos signos de vocación sacerdotal, a esos jóvenes que tratan de vivir su fe y la alimentan en la Eucaristía, a los que intentan vivir seria y comprometidamente el Evangelio. Se trata de hacer esta propuesta explícita, clara, directa y personal, una y otra vez; acompañar al joven en su respuesta, dialogar con sus padres y encomendar al Señor nuestras propuestas concretas: éste debe ser el camino a seguir. No podemos quedarnos paralizados pensando que nos van a contestar negativamente y, por lo mismo, no atrevernos a plantear abiertamente un proyecto de vida desde Dios. Queridos sacerdotes: Todos debemos sentirnos responsables de la situación vocacional de la Iglesia y todos debemos esforzarnos en promover una pastoral vocacional seria.

Finalmente, toda la comunidad cristiana debe ser agente y promotora de vocaciones sacerdotales desde la valoración del Sacerdocio y de su propio sacerdote. La comunidad entera necesita del presbítero que le explique la Palabra, que presida la Eucaristía, que administre los sacramentos, que evangelice este mundo descristianizado y ayude a otros a ser evangelizadores.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.