Los amigos de Mn. Mateu Santacana

agusti_cortesMons. Agustí Cortés         Para conocer a una persona y sopesar su valor se pueden utilizar diversos recursos. Hablando de Mn. Lluís Alonso, hemos aludido a uno de estos recursos, o sea, la constatación de su capacidad para soñar y la valoración de sus ilusiones. Otra manera de captar el peso de alguien es conocer sus amigos.

Hace años trataba a una persona que constantemente hablaba de sus amigos. Siempre eran importantes, sea por su categoría, sea por sus habilidades: “tengo un amigo que es capaz de… posee esto o lo otro… ha conseguido uno u otro puesto”. Daba la impresión de que tener esos amigos era para él una nota de prestigio, como si él mismo participara de su distinción.

Igualmente, no es raro escuchar a padres de familia que deciden llevar a sus hijos a determinados colegios o ponerles en contacto con ciertos ambientes selectos, con la intención de que traben amistades “interesantes”, establezcan relaciones que el día de mañana pueden resultar rentables.

Mn. Mateu Santacana es un sacerdote diocesano secular, ya jubilado pero incansablemente activo, que a lo largo de su vida ha ofrecido y recibido amistad a raudales. De tal manera ha prodigado caridad pastoral, que sus amigos son, no solo muy numerosos, sino de toda clase y condición. Eso sí, abundan los enfermos, los pobres y los que sufren.

Ante el testimonio de vida sacerdotal de Mn. Mateu, uno no puede dejar de pensar qué lejos de la realidad está aquella opinión, según la cual el sacerdote católico, con su forma de vida, su “obligación del celibato” y su doctrina, conforma una personalidad arisca y distante, incapaz para una relación afectiva sana y rica. Bastaría con invitar a quien pensara así, a acompañar al mosén una jornada. No tardaría opinar todo lo contrario.

La vida del sacerdote está llena de afectos humanos satisfactorios. Una cosa es el celibato impuesto o simplemente soportado y otra muy distinta el celibato elegido positivamente e impregnado de amor pastoral. Porque, cuando la caridad pastoral se vive intensamente en el ejercicio del ministerio, todas las capacidades afectivas y naturales de la persona se ven potenciadas y transformadas en vías de amor concreto.

El resultado es un amor – amistad muy especial. Mn. Mateu Santacana no “tiene” amigos, sino que son ellos quienes “le tienen a él”. Sus amigos no le aportan categoría social, poder o dignidad, pues en él no hallaron nunca exigencias o ventajas personales, sino atención, cariño, servicio y afecto. Esta forma de amar permite que la palabra del sacerdote diga la verdad que ha de decir, sin ofender o provocar rechazo. El que le escucha conserva dos grandes certezas: sabe que él no deja de quererle, más aún, le habla claro porque le quiere; está convencido además de que sus palabras no nacen de la prepotencia o de la agresividad, sino que brotan de una sincera humildad.

En un momento intenso y rico, de grandes mensajes y revelaciones, víspera de la Pasión, el Evangelio de San Juan deja constancia unas de las palabras más bellas que nos dirigió Jesús: “no os llamo siervos, sino amigos”. Los Apóstoles que lo escucharon. Iniciaron una cadena innumerable de amigos, que atraviesa la historia. Los buenos sacerdotes son firmes eslabones, que nos garantizan seguir vinculados a ella.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.