El matrimonio en el plan de la creación de Dios

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      Iniciamos las reflexiones sobre el Sacramento del Matrimonio acudiendo a los orígenes de la humanidad tal como lo describe la Biblia. Al final de la creación y como coronación de la misma Dios creó la criatura más eminente: el ser humano. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Gen 1,27). El ser humano en sus dos facetas diferenciadas es la obra maestra de Dios. Es la imagen que representa el amor de Dios y su primera alianza de amor con la humanidad.

El lenguaje mítico y simbólico del Génesis presenta a Dios con la imagen tierna y delicada de un artista alfarero moldeando su gran obra: la creación de la pareja humana. Aparece desde esas primeras páginas sagradas la belleza, grandeza y fuerza del amor entre los esposos y el sentido del matrimonio.

El matrimonio es creado, querido y bendecido por Dios. Él mismo afirma que su obra es excelente. Por eso concluye el génesis diciendo: “Y los bendijo…” (Gn 1,28). “Y vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gn 1,31). Es conveniente leer este pasaje con la intención de descubrir cómo Dios conforma al hombre y a la mujer para sentirse ambos de la misma naturaleza e igualdad, llamados a amarse, ayudarse, a complementarse y a hacer crecer la vida humana en la tierra.

Dios creando pone un orden en las leyes de la naturaleza. Fundó el matrimonio como parte de ese orden dice el Concilio Vaticano II (GS 48,1). En la creación divina del matrimonio reconocemos su fuerza moral, social y jurídica. El matrimonio es una institución “creacional”, originaria, legítima y digna, fundamento de la sociedad humana. Con independencia de una fe explícita está presente en todas las épocas y culturas.

La liturgia de la celebración del sacramento del matrimonio recuerda todo esto en la bendición nupcial. “Oh Dios, que unes la mujer al varón y otorgas a esta unión, establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida ni por el pecado original ni por el diluvio. Mira con bondad a estos hijos tuyos…” (Cfr. Ritual del Matrimonio).

Muchos mensajes sobre el plan de Dios para el matrimonio se desprenden de las primeras páginas de la Biblia en el libro del Génesis. Desde el principio el matrimonio es una comunión de vida y amor en la que tanto el hombre como la mujer tienen la posibilidad de “ser” en plenitud. Nuestra sociedad actual muy sensible a la igualdad de capacidades, derechos y deberes, a la discriminación, a la libertad, el respeto y también a las diferencias biológicas y psicológicas complementarias, descubre que todo esto estaba ya en los planes originales y ordenados de Dios.

Desde el punto de vista de la ley natural lo fundamental entre un hombre y una mujer es el amor total, recíproco, fiel, abierto a la procreación y a la mutua ayuda. Este amor va surgiendo de una fuerza interna, potente, de necesidad y atracción mutua que impulsa a encontrarse plenamente y a proyectar sus vidas, unidos en el amor.

La grandeza, dignidad y belleza del matrimonio es un signo de la alianza de Dios con la humanidad. El amor de los esposos es el que mejor expresa cuánto y cómo nos ama Dios. Dice el Papa Francisco: “Esto es muy bello, muy bello. Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor. Y en la unión conyugal el hombre y la mujer realizan esta vocación en el signo de la reciprocidad y de la comunión de vida plena y definitiva” (2-IV.14). Por eso cualquier ser humano que ama de verdad pone en evidencia una cualidad recibida de Dios.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).