“Atravesar la Puerta Santa de la Misericordia debe conducir a una renovación espiritual personal y comunitaria”

Plasencia jornada_pastoralJosé María de Miguel González, OSST, es Profesor Titular de Liturgia y Sacramentos en la Universidad Pontificia de Salamanca. La publicación quincenal Iglesia en Plasencia le realiza algunas preguntas.

¿Qué le ha impulsado al Papa a convocar este Jubileo extraordinario de la Misericordia?

Sin duda, la peligrosa situación actual del mundo, con el inmenso drama del terrorismo islamista que se abate cruelmente sobre los cristianos a los que están literalmente barriendo de sus tierras y destruyendo sus templos y monasterios antiquísimos; también la mirada a la situación de la Iglesia afectada por una profunda secularización, con una crisis de vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada sin precedentes, una crisis que atraviesa también la comprensión y la práctica del matrimonio como sacramento de salvación; esta doble mirada de padre del Papa Francisco al corazón del mundo y de la Iglesia creo yo que está detrás de la convocatoria de este Jubileo extraordinario de la Misericordia.

 ¿Cuál es el objetivo del Año Santo?

El Jubileo extraordinario de la Misericordia tiene que ser “un año de gracia: es esto lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir, dice el Papa Francisco: llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella”. O dicho con otras palabras: “Un año para ser tocados por el Señor y transformados por su misericordia, para convertirnos también nosotros en testigos de la misericordia”.

¿Cuál es el programa para alcanzar el fruto o gracia del Jubileo?

El Papa nos propone recorrer cuatro etapas en nuestra peregrinación hacia la Puerta Santa, atravesando la cual recibiremos la gracia del Jubileo, el don de la indulgencia. La primera etapa pasa por convertirnos a la misericordia no juzgando y no condenando al prójimo, sino más bien valorando lo bueno que todas las personas tienen, además perdonando, siendo instrumentos del perdón, como Dios nos ha perdonado. La segunda etapa de nuestra conversión a la misericordia consiste en romper la barrera de la indiferencia que nos hace insensibles antes los sufrimientos del prójimo. Por eso, como tercera etapa hacia la Puerta Santa, el Papa nos urge a practicar las obras de misericordia corporales y espirituales, teniendo presente que “en el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor”. Y finalmente, la última etapa de nuestra peregrinación para alcanzar la misericordia será la celebración del Sacramento de la Reconciliación. Pero como por experiencia sabemos que después de recibir la absolución de nuestros pecados quedan todavía las huellas de los mismos en nuestro corazón, por eso se no concede el don de la indulgencia, o sea, la plenitud del perdón que Dios generosamente, por medio de la Iglesia en la comunión de los santos, nos concede al atravesar la Puerta Santa, participando en la Eucaristía y orando por las intenciones del Papa.

¿Cómo nos puede ayudar a crecer en la vida cristiana la celebración de este Jubileo de la Misericordia?

El Papa Francisco lo califica de “extraordinario”, lo cual quiere decir que es una oportunidad especial para poner en el centro de nuestra vida cristiana la misericordia que es el retrato que Dios hizo de sí mismo a través de su Hijo. Así pues, durante el Jubileo extraordinario se nos invita a mirar a Jesús, el Hijo, a contemplarlo con amor, pues él es el rostro de la misericordia del Padre, y como hijos de tal Padre y hermanos de tal Hijo, a incorporar a nuestra vida cristiana el comportamiento misericordioso de Dios con nosotros, siendo testigos veraces de la misericordia en un mundo cerrado sobre sí mismo, marcado por el egoísmo y la indiferencia hacia los pobres.

Finalmente, ¿formula el Papa algún deseo especial para este Año Jubilar?

Atravesar la Puerta Santa de la Misericordia, sea en Roma, sea en los lugares que determinen los Obispos en sus diócesis, debe conducir a una renovación espiritual personal y comunitaria de modo que se haga realidad este triple deseo del Papa: Que en este Año Jubilar la Iglesia, obispos y fieles, se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuene fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de ayuda, , de amor. Que la Iglesia nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. Que la Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso las palabras del Salmista: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”.

(Diócesis de Plasencia)

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