Adviento

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez      El tiempo de Adviento marca el comienzo de un nuevo año litúrgico. Los textos de la Palabra de Dios, propuestos para las celebraciones litúrgicas de este tiempo de gracia y de salvación, nos invitan a una profunda preparación espiritual para celebrar con gozo el nacimiento del Señor. Al mismo tiempo, nos recuerdan que hemos de permanecer atentos y vigilantes ante su última venida con poder y majestad.

Para muchos bautizados, esta invitación a la renovación espiritual lleva consigo la revisión de sus actitudes y comportamientos a la luz de la Palabra de Dios para avanzar con convicción en el camino de la conversión. Para otros cristianos, las celebraciones del Adviento pueden pasar desapercibidas pues permanecen atrapados por la rutina y la indiferencia religiosa. Todos corremos el peligro de habituarnos a la repetición de oraciones y de celebraciones sin tener en cuenta la repercusión de las mismas en nuestra actividad diaria y en las relaciones con nuestros semejantes. En algún momento, hasta las cosas más santas pueden resultarnos aburridas y sin interés.

El peligro de caer en la distracción y la rutina en la vivencia de la fe nos recuerda que hemos de reflexionar sobre nuestra situación personal. Las enseñanzas de Jesús a los discípulos, cuando les invitaba a alzar la cabeza y a levantarse porque estaba cerca su liberación, pueden ofrecernos luz sobre nuestras actitudes interiores en el camino a recorrer. Dios, hoy, nos recuerda que hemos de permanecer atentos, despiertos y vigilantes porque se acerca el único que puede perdonar nuestros pecados y ofrecer respuestas convincentes a nuestras inquietudes humanas y espirituales.

Ciertamente, encontraremos dificultades para hacer el camino según los criterios de Dios, pero éstas no pueden cerrarnos sobre nosotros mismo ni alejarnos de la realidad. Las preocupaciones de cada día tampoco pueden embotar nuestra mente, impidiéndonos experimentar el gozo del amor misericordioso de Dios y de su liberación. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo afrontar los cansancios y los desánimos de nuestra peregrinación por este mundo? ¿No estaremos mirando demasiado al suelo, a la tierra, cuando nuestra verdadera patria es el cielo?

La invitación del Señor a levantar la cabeza nos recuerda que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, no podremos encontrar plenitud de sentido en los criterios del mundo ni en la búsqueda de los propios intereses. Cuando pretendemos vivir según los criterios del mundo o de la cultura actual, olvidamos que hemos sido creados para heredar la vida eterna. Es más, olvidamos que esta vida eterna, que es la misma vida de Dios, ya podemos experimentarla en esta tierra, mediante la participación consciente en los sacramentos, aunque no sea de forma plena.

Dios sale a nuestro encuentro de muchas formas distintas pero, de un modo especial, viene a nosotros constantemente por medio de su Palabra y de las celebraciones sacramentales. En cada sacramento, el Señor se acerca a nosotros para ser compañero de camino, para curar nuestros desánimos, para brindarnos su misericordia y para regalarnos su salvación. Por eso, el tiempo de Adviento nos recuerda que hemos de permanecer en pie y estar despiertos porque, en Jesús, se acerca nuestra liberación.

Ante la próxima venida del Salvador, pidamos al Padre que nos muestre sus caminos y que nos revele su amor. Si nos dejamos amar por Él, podremos responderle con el mismo amor y estaremos en condiciones de amar a nuestros semejantes. Levantar la cabeza nos permite mirar al cielo, de donde esperamos un Salvador, y nos invita también a mirar a los ojos a cada hermano para construir entre todos un mundo justo y fraterno, en el que Dios no sea un extraño.

Con mi bendición, feliz y fructuoso tiempo de Adviento.

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.