Sobre la Asamblea Sinodal de la Familia

mons_Ricardo_BlaquezMons. Ricardo Blázquez      Tuve la ocasión el día 30 de octubre de informar detenidamente sobre el Sínodo. Agradezco la concurrencia tan numerosa e interesada. En el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española trataré también sobre el Sínodo, el día 16 de noviembre. En esta carta os recuerdo también algo de este acontecimiento eclesial de primera magnitud.
Las estadísticas unánimemente dan como resultado el que la familia es muy estimada, también entre los jóvenes. Es una de las instituciones mejor valorada. Sale bien parada en las encuestas.

Hay también, una nostalgia de familia. “El deseo de familia permanece vivo en las generaciones jóvenes” (Relación final del Sínodo n. 2). Por ello, el Sínodo está convencido de que responde a una necesidad fundamental y ampliamente sentida.  La familia está enraizada en la misma condición humana.

Pero al mismo tiempo advertimos lo siguiente. Se llama familia a formas de vida muy diversas. A veces en la expresión «modelos de familia» se incluyen realidades muy dispares. El Sínodo reiteradamente habla de la familia fundada en el matrimonio, que es la unión por amor de un varón y de una mujer. No todo cabe en el nombre de familia como en el de matrimonio; lo que se estira tanto pierde identidad.

Al tiempo que los jóvenes aprecian altamente el matrimonio, muchos se resisten a contraerlo por diversos motivos: Miedo al futuro, alergia institucional, precariedad laboral etc.

Las palabras del Papa el día 24, al concluir el Sínodo los trabajos encomendados: “El Primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios”, recuerdan las de Juan XXIII y Pablo VI, la Iglesia prefiere utilizar la medicina de la misericordia. Es fácil percibir la prolongación del espíritu conciliar en la actitud del Sínodo. El Sínodo no se ha dedicado a recordar la doctrina sobre el matrimonio y la familia; ha preferido proyectar la luz de la esperanza, que nace de las entrañas compasivas de Dios, sobre cada familia con su fragilidad y sobre situaciones nuevas que necesitan ser discernidas y encaminadas hacia el Evangelio.

La misericordia de Dios, que es como el centro del Evangelio (cf. nº 55), crea en nosotros una manera de mirar a las personas, particularmente heridas, como buenos samaritanos. La esperanza en las personas deriva de la compasión de Dios. Nadie está ajeno a la misericordia, todos pueden cambiar como el hijo pródigo, nadie está en el camino de la vida definitivamente perdido. No es que la Iglesia sea inconsciente e ingenua ante los problemas y las situaciones graves y dolorosas, sino que la luz de Dios Padre ilumina el futuro.

En Jesucristo, convergen la verdad y la justicia, el amor y la misericordia. El es el rostro personal del Padre. Por ello, no discutimos cómo en el cristianismo se armonicen en abstracto la justicia y el amor; preguntamos a Jesús que en su palabra, en sus hechos, en sus actitudes, en su misma persona refleja lo que es Dios y cómo es Dios. Por ejemplo, la parábola del hijo pródigo y del hermano mayor pueden ser leídas en esta perspectiva. El hermano mayor es el justo que nunca desobedeció una orden del Padre y no recibió ni un cabrito para comerlo con los amigos; en cambio, el hijo pródigo malgastó su hacienda y al volver el Padre hace una fiesta matando el ternero cebado y lo restituye en la condición de hijo, ¿Medido con la justicia meramente humana no es un  proceder injusto? ¿Cómo apoya Dios el comportamiento de Jesús? ¡No midamos con un patrón establecido el comportamiento de Jesús, el Hijo de Dios, que nos amó primero, siendo nosotros pecadores!

Al final de la Asamblea el Papa ha quedado contento; se ha dado un paso adelante. Hay una satisfacción ampliamente compartida, convencidos de que se ha abierto un camino irreversible; aunque lentamente se avanza. La Relación es muy sensible a las heridas de matrimonios y familias. No mira ni a distancia ni desde arriba, al recordar la doctrina cristiana.  Abre un futuro con consenso, y concierto responsable; no es un acuerdo político como si se tratara de un Parlamento. Ha habido un intenso diálogo. La Comisión Redactora, formada por diez personas a las que se unieron los Presidentes Delegados, ha ofrecido una Relación final rica, profunda y ponderada. El Relator General, Arz. de Budapest, comunicó a la Asamblea antes de comenzar la votación, que la Comisión había aceptado todos los números por unanimidad. En la votación final secreta, todos  han sido aprobados por dos tercios de los votantes.

Mientras esperamos la Exhortación Apostólica Postsinodal, que el Papa ha prometido elaborar pronto, invito a todos a leer con detenimiento la Relación Final.

+ Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)