Tomar conciencia de la pertenencia a la Iglesia diocesana y contribuir a su sostenimiento

Mons. Adolfo MontesMons. Adolfo González      Queridos diocesanos:

La campaña que cada año venimos realizando de poner la cruz sobre la casilla a favor de la Iglesia, en la declaración anual de la renta, pudiera hacer creer a los fieles que colocando la cruz en el pliego cumplen con el deber de ayudar a financiar a su Iglesia. Con nuestras cartas acompañando cada campaña, los obispos no pretendemos ayudar a los fieles a tan sólo a poner la cruz en la declaración, sino mucho más. Si la Iglesia sólo se financiara sólo con la campaña, quedaría mucho por financiar. Se financia con los donativos ordinarios de los fieles por servicios sacramentales, colectas dominicales e iniciativas extraordinarias para construcción de iglesias y complejos parroquiales; con la la recaudación de Cáritas, para acoger y cubrir necesidades de menesterosos pobres, y de los miles de transeúntes que piden ayuda.

Esta financiación ordinaria va desde el 20% al 30 % en algunas las diócesis y de un 70% (e incluso más) en las que se autofinancian mejor. La Asignación Tributaria pone lo demás. Ciertamente es importante para las diócesis concienciar a los fieles del deber de financiar a la Iglesia, ya que los resultados repercuten en la distribución de lo recaudado con criterios de proporcionalidad y los baremos de constitución anual del Fondo Común Interdiocesano. Con este fin se celebra el Día de la Iglesia Diocesana, porque no es suficiente la publicidad de los meses que preceden a la declaración de la renta para acrecentar la conciencia del deber moral de financiar a la Iglesia.

La jornada diocesana tiene objetivos definidos, no es sólo cuestión de allegar recursos. Se trata de la conciencia de pertenecer a la Iglesia, del carácter compartido de la evangelización, de estar en la comunión eclesial. Se trata de tener conciencia de que la  fe es eclesial y de que se participa de la vida de la Iglesia universal insertos en la Iglesia diocesana.

La evangelización ha sido siempre un reto para la Iglesia, porque la predicación tiene que afrontar la cultura y valores de cada época, no todos coincidentes con el Evangelio. Una sociedad confesional no experimenta tal confrontación, pero la Iglesia nunca ha dejado de abrirse a otros espacios mentales; de lo contrario no habría podido llevar a cabo la misión que Cristo le encomendó: predicar el Evangelio y enseñar a cumplir sus enseñanzas. Lo prueban las misiones, obra ingente de la Iglesia, que hicieron posible la evangelización de América y el Pacífico, y siguen siendo motor de evangelización en África y Asia. Las misiones fueron obra la obra apostólica de la Iglesia en su conjunto, pero sobre de las grandes órdenes y congregaciones misioneras, puestas directamente bajo el mandato y al servicio del Romano Pontífice.

La evangelización ha ido siempre acompañada de una ingente labor humanitaria, de la Iglesia: dispensarios, escuelas, hospitales, centros asistenciales, hogares y residencias de ancianos y huérfanos, leproserías y tantas obras de caridad que vienen aliviando la vida de los más pobres, enfermos y menesterosos, al tiempo que contribuyen al bienestar de las sociedades donde la Iglesia está presente. Sumemos educadora las escuelas, centros profesionales y la docencia universitaria e investigación, los seminarios donde se forman los sacerdotes, y religiosos y religiosas de vida consagrada.

Por lo que se refiere a las diócesis, añádase a lo dicho el mantenimiento de edificios diocesanos y religiosos donde se realiza la acción pastoral y misionera, el cuidado del patrimonio histórico-artístico, que la Iglesia conservar y muestra con autonomía y solvencia. En el sitio web de la Conferencia Episcopal Española se informa que en el período que va de 2011 a 2013 «más de la mitad de los gastos del conjunto de las diócesis españolas fueron gastos pastorales y asistenciales. Los gastos de conservación de edificios y gastos de funcionamiento han supuesto para las diócesis más de un tercio de sus gastos ordinarios».

Ayudar económicamente a la Iglesia resulta rentable, pero siendo esto provechoso —insisto en ello—, no es lo decisivo. Hay que estar motivados por las razones de la fe: la Iglesia ha sido enviada por Cristo y el programa es suyo: anunciar el Evangelio. De ello depende la salvación y felicidad eterna. La Iglesia se mueve por amor a Dios y a Cristo, y por amor al hombre amado por Dios, que le ha entregado a Cristo para que vuelva al amor de Dios, para que sienta la fuerza transformadora de su misericordia. Sí, hemos de convencernos, es preciso ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

Con mi afecto y bendición.

Almería 15 de noviembre de 2015

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

Mons. Adolfo González Montes
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MONSEÑOR ADOLFO GONZALEZ MONTES nació en Salamanca en 1946. Sacerdote desde 1972, ejerció su ministerio en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva. Fue Capellán de la Universidad Pontificia de Salamanca, además de Director espiritual y miembro del equipo de formadores durante dos años del Colegio Mayor Santa María de Guadalupe, de dicha Universidad Pontificia. Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, fue profesor y desde 1988 catedrático de Teología Fundamental. En 1997 fue nombre obispo de Ávila por Juan Pablo II. El 15 de abril de 2002 es nombrado Obispo de Almería y tomó posesión canónica de la diócesis el 7 de julio. En febrero de 2005 es elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, formando parte desde entonces de la Comisión Permanente de la misma. En la XCI Asamblea Plenaria celebrada del 3 al 7 de marzo de 2008 es reelegido Presidente de la misma Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española y miembro de su Comisión Permanente. El 2 de noviembre de 2005 fue elegido en la LXXXV Asamblea Plenaria de la CEE representante de la Conferencia Episcopal Española en la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE), con sede en Bruselas.