Las Dominicas de la Anunciata en Asturias ante el Año Jubilar

Oviedo DominicasSon actualmente la congregación femenina con mayor presencia en la diócesis de Oviedo. Con 114 religiosas distribuidas en 14 comunidades, las Dominicas de la Anunciata llevan más de un siglo trabajando y colaborando con la sociedad asturiana, especialmente en el ámbito de la educación, pero también de la sanidad, la pastoral y del mundo rural.

La congregación de las Dominicas de la Anunciata fue fundada en 1856 por el religioso dominico Francisco Coll, canonizado en el año 2009 por Benedicto XVI.

Su fundador era catalán, por lo que aquella tierra fue la pionera en albergar las primeras fundaciones de la nueva congregación, pensada para evangelizar especialmente entre la juventud femenina, a través de la educación y entre las clases más desfavorecidas.

Fue en el año 1897 cuando se instituyó la primera comunidad de Dominicas de la Anunciata en Sama de Langreo, con el colegio Nuestra Señora del Rosario (advocación históricamente ligada a la orden de los Dominicos). Las religiosas llegaron a Asturias invitadas principalmente por las grandes empresas siderúrgicas y mineras, que establecían colegios y centros de formación para los hijos de los trabajadores, subvencionados por las propias empresas. De ahí su especial presencia en las cuencas mineras. Después de Sama, llegó la fundación en Ablaña (1898), la de Mieres (1899), Caborana (1900), ese mismo año también en Ujo, en Navia (1905), en Pola de Laviana (1906), en Ribadesella (1907), y en Colunga (1910). Más tarde, en 1915, se hicieron cargo del Sanatorio Adaro (en Sama), en 1917 se abrió la casa de Boo y en 1920, el Sanatorio Covadonga, de Gijón.

El colegio Dulce Nombre de Jesús, de Oviedo, fue fundado en 1923, cuando ya había doce fundaciones anteriores en Asturias, y hoy, justo al lado, se encuentra la casa provincial. La expansión de la congregación en Asturias dió como fruto numerosas vocaciones, que llegaban, no sólo de la diócesis, sino de la zona de Castilla y León, “porque cuando un sacerdote veía que una chica podía tener vocación, la orientaba hacia nuestra congregación, y muchas llegaban hasta esta casa, que durante años funcionó como un aspirantado para chicas de hasta 15 y 16 años”, describe la Hna. M.ª José Felgueroso, directora general del colegio de Oviedo. “Hoy en día, aunque en mucha menor medida –añade– Asturias sigue siendo semillero de vocaciones, pues no en vano las dos únicas vocaciones que tenemos en toda la provincia son dos chicas asturianas, de Gijón”. Ambas se encuentran realizando su formación en el noviciado de la congregación, en El Salvador.

Hoy, según explican las religiosas, la mayor parte de las jóvenes que se incorporan a la congregación ya tienen una carrera universitaria, y si no, la realizan en función de sus intereses, pero por lo general, además de los estudios religiosos, se forman en el campo de la sanidad o de la educación. “Nuestro carisma es la evangelización. No hay que olvidar que somos dominicas, y la orden dominicana nació para predicar, pero nosotras lo hacemos especialmente en el campo educativo, aunque tengamos presencia también en otros campos, como la sanidad; aquí hemos estado en el Sanatorio Adaro, de Sama de Langreo, durante 80 años, y desde 1920 estamos en el Sanatorio Covadonga de Gijón”, explica la Provincial, Hna. M.ª Jesús Carro.

Pero no todo han sido fundaciones y buenas noticias a lo largo de todos estos años. A pesar de su fuerte presencia en la diócesis, también se han visto obligadas a cerrar comunidades. Un ejemplo es el de Pesoz, “algo que nos dolió en el alma, pues era una pastoral muy bonita la que hacíamos, en un lugar donde casi no hay presencia religiosa. No pudimos continuar porque la misión era muy fuerte para las condiciones en las que estábamos las hermanas” reconoce la Hna. M.ª Jesús Carro.

El  pasado  fin  de  semana  (7 y 8 de noviembre) se  inauguraba en Madrid oficialmente el Año Jubilar que vivirá la Orden de Santo Domingo, y que conmemora los 800 años de la publicación de las Bulas promulgadas por el Papa Honorio III confirmando la fundación de la Orden en 1216 y 1217. Será una oportunidad, según explican las religiosas, para reunirse y “volver a los orígenes”.

En la diócesis, además, se está pendiente del caso de la Venerable Práxedes, madre de familia, ligada a la familia dominicana y natural de Mieres, que se encuentra pendiente de un milagro para ser declarada beata. Quién sabe si la noticia de la confirmación del milagro pueda ser el regalo especial de este Año Jubilar.

(Arzobispado de Oviedo)

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