La acción de los misioneros en Perú hace real la presencia y el latido de la “misericordia”

Misioneros toledanos en Moyobamba 2“Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre”. Palabras del Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus que utiliza Jesús López Muñoz, Director Diocesano de Obras Misionales Pontificias y Delegado Diocesano de Misiones de Toledo, para resumir lo fundamental del viaje realizado a Perú para visitar a los misioneros toledanos.

Una visita que la Delegación Diocesana de Misiones de Toledo ha realizado a la Diócesis de Lurín y la Prelatura de Moyobamba, para compartir los proyectos que en la actualidad desarrollan los 28 misioneros toledanos en múltiples parroquias, colegios, capillas e instituciones. En la visita han participado, junto a Jesús López, el misionero Enrique del Álamo y Fernando Redondo.

Pachacámac, Villa El Salvador, Lima, Tarapoto, Los Morales, Moyobamba, Bellavista, son algunas de las poblaciones peruanas que han contado con esta visita misionera, en la que se ha transmitido el cariño y la cercanía de la diócesis a todos los misioneros, tanto a los de Perú como a los restantes hasta llegar a los 142 misioneros que en la actualidad posee la Archidiócesis de Toledo en todo el mundo.

Uno de los proyectos sociales que han visitado ha sido Casa Vida, en Pachacámac, impulsada por el Padre Eugenio García, misionero de Mallorca, párroco de la Iglesia Santísimo Salvador de Pachacámac, en la que el actual delegado de misiones de Toledo, Jesús López, estuviera como párroco durante su estancia misionera en Perú. En esta casa, que verdaderamente es un proyecto vital, además de social, acogen a niños en situación de abandono familiar y social. Una Casa Vida en la que se ofrece un proyecto integral para sus vidas, que requiere de constantes ayudas y apoyos.

También han compartido un encuentro con Monseñor José Ramón Gurruchaga, el Padre Obispo, como todos le dicen con cariño, que con 20 años fue enviado como misionero salesiano desde su tierra natal, País Vasco, hasta Perú. Ahora, 64 años después, sigue en la tierra misionera, quien afirmara que comprendía las dificultades tremendas que tiene nuestra gente, “pero hay que estar empuja que empuja”, enamorándonos “con realismo, aceptando nuestras dificultades, y el realismo es continuación”. El Padre Obispo Gurruchaga mantiene, aún desde su jubilación, una cercanía y amor por los enfermos, por la defensa de la vida y por la constante dignidad de la persona. Su testimonio es una muestra, ya como Obispo emérito, de una voz que siempre ha sido de protesta, transparencia y apuesta desde el Evangelio por la inclusión social y la paz.

En Moyobamba, Prelatura cuyo obispo es natural de Quintanar de la Orden, Monseñor Rafael Escudero, además de la visita a los Seminarios Menor y Mayor, también se conocieron algunos de los proyectos sociales que desarrollan los misioneros diocesanos toledanos, como son comedores sociales, las acciones pastorales y el encuentro con jóvenes, que mostraron, como comparte el misionero Enrique del Álamo, “una verdadera alegría del Evangelio, que surge de la sencillez y la humildad”. Durante la estancia en Moyobamba tuvieron varios encuentros con Monseñor Escudero, quien mostrara la realidad pastoral de la Prelatura de Moyobamba, así como agradecer las constantes colaboraciones que llegan de grupos y de parroquias.

En la Archidiócesis de Toledo son muchos los grupos y parroquias que mantienen una estrecha cooperación misionera con Perú, en particular, desde los Grupos Misioneros de Mora y Árges, entre otras localidades toledanas, existe una colaboración más concreta con la Prelatura de Moyobamba y la Diócesis de Lurín, a las que hacen llegar medicinas y ayudas para proyectos sociales y pastorales, además del apadrinamiento concreto mediante becas escolares, tanto para seminaristas como para estudiantes en general. Ayudas que se canalizan desde la Delegación Diocesana de Misiones.

“Gratitud por la acción de los misioneros, pero además constante gratitud de los misioneros”, comparte Fernando Redondo, después de este viaje misionero a Perú. “Es llamativo, los misioneros van y vienen, pero siempre tienen tiempo para un café, para el diálogo, para sentarse y compartir lo que ha transcurrido en el día a día de su acción pastoral”. Primerear, como afirma el Papa Francisco, es la clave para comprender cómo trabajan los misioneros. En Evangelii Gaudium afirma que “la comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor; y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos”. Es lo que hacen los misioneros diocesanos de Toledo, “primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar”.

“Si me lo permites – prosigue Redondo Benito – quisiera compartir la metáfora del viaje en la imagen de una red para el tenis”. En el primer día de la visita se encontraron con Jesús López – Rey, que se encontraba en la parroquia Jesús Nazareno de Villa El Salvador (Lurín) arreglando una red de tenis. Este misionero “cuida y esmera la red, como si fuera lo más importante y único en ese momento, incluso llevaba en el jersey prendida una aguja grande para que no se le olvidara el trabajo”. Pudiera parecer un trabajo aparentemente menor, pero utilizando la metáfora de la red de tenis “encontramos que podemos profundizar en el trabajo en red de los misioneros, pero también en el mandato del Señor: echad redes”.

“El cariño y respeto por los misioneros se palpa, es una realidad, los toledanos pueden sentirse orgullosos de ellos”, también afirma Fernando Redondo, aseverando que “viendo el trabajo que han realizado Jesús López y Enrique del Álamo puedo afirmar que como misioneros han marcado a una generación, que aunque ahora se encuentran en España los quieren y recuerdan”.

Contribuir al más pleno sentido humano, sin desarraigar el desarrollo del sentido trascendental que todo ser humano posee, es una de las esencias del trabajo misionero, como así se ha transmitido durante toda la visita misionera a Perú. “En Lima – concluye Redondo Benito – hemos estado también en las puertas del infierno, en la antesala del infierno, donde una ingente cantidad de seres humanos parecían sombras ante la vida, con ausencia de todo lo más elemental y de la dignidad humana”, es lo que califica de “los valles de la muerte” frente a los que los misioneros aportan esperanza, verdad y vida. Por ello, como ha afirmado categóricamente el Delegado de Misiones de Toledo, Jesús López, “la acción de los misioneros en Perú hace real la presencia y el latido de la misericordia”.

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