Día de la Iglesia Diocesana

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Continuando con nuestra reflexión del pasado domingo, en la que os invitaba a caer en la cuenta de lo que somos los miembros de la Iglesia: sacerdotes, religiosos y seglares; y nuestra vocación a profesar la fe en la vida pública, os transcribo lo publicado en la revista «Nuestra Iglesia» que se distribuye hoy en todas las parroquias con motivo de esta Jornada de la Iglesia Diocesana.

El futuro de una familia, de una comunidad, de un colectivo (como se dice ahora) se trata de asegurar siempre, con que los medios económicos que se ingresan y los que se gastan, estén equilibrados y si se puede ahorrar algo mejor que mejor.

¿Por qué será que en lo económico es en lo primero en que pensamos? De lo malo de este tiempo de la crisis podemos extraer alguna buena cosa y es que, tanto por propia experiencia, como por lo que hemos visto a nuestro alrededor, el amor en una familia, el esfuerzo de la comunidad o del colectivo, ha hecho posible soportar los malos tiempos con estrecheces y a veces muchas estrecheces y ahí está el futuro de la familia que lo ha sabido hacer, el de la comunidad que ha seguido optando por sus ideales y el futuro del colectivo que se ha apretado el cinturón hasta límites insospechados y reduciendo muy a su pesar actividades.

La Iglesia tiene los pies apoyados en la Encarnación de Dios que quiso que el Hijo fuera considerado por sus contemporáneos «como un hombre cualquiera», sometido a las mismas circunstancias y vicisitudes que las de la sociedad de su tiempo. La presencia del Señor Recucitado en su Iglesia no le ahorra a esta las debilidades, las adversidades, las facilidades y las oportunidades de los varones y mujeres de hoy que vivimos en esta realidad personal y social. Sin embargo el futuro de nuestra Iglesia está asegurado no tanto por los recursos económicos y humanos, sino por nuestro Señor que nos ha regalado la presencia del Espíritu Santo.

San Pablo ya decía: «Me alegré mucho en el Señor de que por fin hayáis podido manifestar de nuevo el afecto que ya me teníais, aunque no se había presentado ocasión de expresarlo. No os lo digo porque esté necesitado, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo; he aprendido a vivir en pobreza; he aprendido a vivir en abundancia; estoy acostumbrado a todo y en todo, a la hartura y a la escasez, a la riqueza y a la pobreza. Todo lo puedo en Aquel que me conforta». (Filipenses 4, 10) A la vez, desprendido de todo no descuida hacer la colecta para reunir los dineros que remediarán la escasez en la que vive la comunidad de Jerusalén.

Así hemos de mirar el día de la Iglesia Diocesana. Una jornada dedicada a fortalecer nuestra personal adhesión y cariño, amor, en una palabra, a Jesucristo Resucitado presente en la comunidad eclesial que aprende del Señor a vivir en la pobreza y en la abundancia, que sabe en esta crisis poner en primer lugar de su consideración a los empobrecidos de este mundo (Recuerdo el documento Iglesia, servidora de los pobres de la Conferencia Episcopal), jugándose incluso un futuro tranquilo. Una fidelidad al Espíritu Santo que es el que asegura verdaderamente el futuro de la Iglesia, diré más: “es su futuro”. Y una fidelidad que envuelve la totalidad de nuestras personas y que también nos toca el bolsillo y que es expresión de ese amor que Dios tiene a la Iglesia y que lo ha depositado en nuestras manos para llevar adelante la Misión de amar con el mismo amor y de la misma manera: Dar la vida por los hermanos. ¡Feliz Jornada de la Iglesia Diocesana!
Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.