Respetar a la sociedad civil

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez         Hace algún tiempo escribí en PADRE NUESTRO que la sociedad civil o, si quieren, nuestra sociedad plural y variopinta daba demasiada importancia a la sociedad política o, si quieren, a los políticos en general y a los que nos gobiernan. En estas palabras no había, Dios me libre, ningún desprecio o desconsideración hacia personas concretas; era, eso sí, un deseo de que existiera una verdadera sociedad civil, a la que han de servir los partidos políticos, y no crear problemas ficticios.

Estamos en precampaña electoral y ya empezamos las series de despropósitos de los programas políticos. Cada partido es muy libre de hacer el programa que deseen; pero lo que no se puede pretender es que nos creamos las razones que dan a alguno de los puntos que proponen. Es una temeridad muy poco razonable. Ahí está ese punto concreto de un partido concreto: propone que la enseñanza religiosa escolar católica salga del currículo y del horario escolar y extra escolar, porque España tiene que ser un país laico (= laicista). ¿Quién le da derecho a hacer de todos los españoles unos laicistas empedernidos? ¿Nos vamos a creer estas razones? Yo no.

Este mismo partido, en consecuencia, si gobierna, tendría que proponer la disolución de los Acuerdos Iglesia-Estado, además de modificar la Constitución Española en el art. 27,3. Es una posibilidad, pero, en el caso de los Acuerdos, ¿se dan las razones para ello? ¿Por qué no se dice que hay un acuerdo internacional que los sustenta y que no hay que llamarlos “el Concordato”, que era otro tipo de acuerdo? Porque de este modo, se da pie a decir que la Iglesia Católica tiene privilegios y deba pagar, en consecuencia, el IBI, ocultando que este impuesto no sólo no lo paga la Iglesia Católica sino muchísimas instituciones, entre ellas los partidos políticos.

¿Saben qué pienso? Que todavía, a estas alturas, seguimos sin aceptar el hecho religioso, o la fe cristiana; se tolera, pero con cierta conmiseración como cuando, ante ocurrencias de niños o de ancianos, decimos: “¿Qué vamos a hacer?” Lo peor de todo esto es que el concepto de Iglesia no pasa, en tantas ocasiones, de reducirla al clero, a la Conferencia Episcopal Española, o que es algo externo a la sociedad civil, que no forma parte de ella, un cuerpo extraño, particular. Nada importa que en la enseñanza de iniciativa pública los padres católicos que piden para sus hijos enseñanza religiosa escolar alcance el 63% (mucho más alto, claro está, en los colegios de la Iglesia concertados). ¿Dónde está el respeto a esos padres, a los que el Estado cobra sus impuestos como a los demás? ¿Tiene que ser el Gobierno de la nación quien indique lo que es correcto o no en materia moral?

Para nuestros políticos, mejor, para algunos, ¿tan difícil es entender que la aconfesionalidad del Estado y de sus instituciones no está reñida con las creencias religiosas de sus ciudadanos? ¿Por qué, una vez elegidos, los representantes del pueblo no dejan a un lado sus ideologías y tratan de servir, con las lógicas deficiencias, como nos pasa a todos los que tenemos una tarea de relieve público, no sólo a sus votantes, sino al resto de los ciudadanos, los que formamos la sociedad civil? Hay que pedir que tengan esta valentía. Creo que las cosas irían mejor. ¿Saben que siento cuando oigo estas propuestas? ¡Qué son viejísimas, rancias, y nos alejan de los problemas concretos! Todos necesitamos un baño de realismo y de humildad. Una virtud que no es frecuente en la vida pública española.

X  Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 308 Artículos
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.