La promoción de la vocaciones sacerdotales

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      Para terminar estas reflexiones sobre el Sacramento del Orden y los Ministerios Laicales es necesario animar a la comunidad cristiana en la promoción de las vocaciones sacerdotales. Todos somos necesarios en la Iglesia, pero el sacerdote es imprescindible porque es el ministro de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y la Confesión. Es evidente que sin Eucaristía no hay comunidad y sin sacerdote no hay Eucaristía.

Todos tenemos una vocación específica, una llamada. En primer lugar a la existencia como ser humano. Es decir, como alguien que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, con inteligencia y voluntad, libre y capaz de amar. Cada uno es responsable de darle un sentido realmente humano a su vida en sus facetas materiales y espirituales, siguiendo esas cualidades divinas con las que está dotado.

Además, cada uno tiene unos proyectos que se expresan cuando se dice: “Yo quisiera ser…” Para que esos deseos se lleven a cabo es necesario tener unas cualidades y realizar un esfuerzo para desarrollarlas y llegar a conseguir ser aquello que se pretende. Dios nos llama a todos para ser signo vivo de su Amor y cada uno de forma específica en la vida, pero nunca sólo para sí mismo, sino para los demás. Todos los oficios, vocaciones y trabajos son para los demás. Es donde se condensa el amor a Dios y al prójimo.

La vocación al Sacramento del Orden, es decir al servicio de Dios y de los hermanos, es entre todas las vocaciones, una llamada extraordinaria, de predilección por parte de Dios. Todos los miembros de la comunidad cristiana debemos promoverlas, porque la vida de los ministros sagrados repercute decisivamente en la existencia y marcha de las comunidades cristianas.

La promoción de vocaciones al Sacramento del Orden comienza en las familias cristianas que viven con sinceridad su fe religiosa. El caldo de cultivo para que Dios llame es la vida de amor entre los esposos, que son generosos para engendrar hijos y ponerlos al servicio de la sociedad y de la Iglesia, si Dios los llama. La semilla de la llamada a este ministerio está en el corazón de la familia donde los padres desean que alguno de sus hijos sea llamado para servir a la comunidad. No hace falta hablar, sino dar buen ejemplo y rezar. Los ejemplos de caridad dentro y fuera del hogar, la vivencia de las virtudes domésticas y sobre todo la piedad son el ambiente donde nacen las vocaciones al Ministerio del Orden. Acudir toda la familia unida a la misa dominical y rezar en casa suele ser definitivo para que Dios regale a la familia una vocación ministerial (al sacerdocio o al diaconado).

La familia, que es la primera escuela de vida, enseña como por ósmosis y ejemplaridad los grandes valores humanos y cristianos. Donde se viven las virtudes estas se viven de forma empática en todos los miembros de la familia. Los hijos buscan orientación y se preguntan: ¿qué quiero ser en la vida, qué quiere el Señor que yo sea para desarrollar mis cualidades y ser feliz? Entonces los padres han de ser capaces de dar una orientación justa, con unas motivaciones y unas miras altas sobre todo de orden espiritual, en el camino de madurez de la persona. Cuando apuntan hacia una entrega generosa a los demás es posible que esté naciendo la vocación al ministerio sacerdotal o diaconal. Es el momento en que los jóvenes necesitan una orientación y formación específica por medio de quienes se dedican a la pastoral vocacional.

La comunidad cristiana ora, da buen ejemplo, anima y mima a quienes llegarán a ser sus servidores. Apoyan las actividades pastorales de promoción de vocaciones y al Seminario, que es el corazón de la Iglesia. En una comunidad cristiana que vive realmente la fe nunca faltarán personas para su servicio. Dice el Señor: “Os daré pastores según mi corazón” ( Jer, 3, 15).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).