Mirar con simpatía

Mons. Jaume PujolMons.  Jaume Pujol      El papa Francisco, en la Bula Misericordiae Vultus anota este pensamiento: «La misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida».

Mirar al otro con simpatía, esta es la ley del cristiano que nace del mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo. Mirarle y tratarle con simpatía, sin juzgarle si no nos corresponde, y acogiéndole por encima de posibles fallos que haya tenido.

En Darlington, población del norte de Inglaterra el alcalde John Morel se encontró a un joven que conocía y que acababa de salir de la cárcel, donde permaneció tres años por malversación de fondos. «¿Qué tal? ¿Cómo va todo?», le saludó sonriendo. El ex presidiario, incómodo, prácticamente  pasó de largo. Pero un tiempo después, ya del todo rehabilitado  y sereno, volvió a encontrarse con el alcalde y le dijo: «Quiero darle las gracias por lo que hizo por mí». «¿Qué hice?» – preguntó. «Saludarme».

La Iglesia siempre ha considerado que la parábola del hijo pródigo es una de las más bellas del Evangelio, precisamente porque en ella el padre de la familia aplica el perdón inmediato a su hijo menor cuando vuelve a casa. Nos emociona imaginarlo saliéndole al encuentro, abrazándole lleno de alegría, sin querer oír siquiera las palabras que el hijo había ensayado para decirle a su vuelta: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti…».

Juan XXIII, como guía de actuación para el Concilio que acababa de convocar invitó a aplicar «la medicina de la misericordia más que las armas de la severidad». Y el papa Francisco recomienda a los confesores que acojan a quienes acudan a ellos como el padre del hijo arrepentido que vuelve a casa y es recibido por la alegría de haberlo encontrado. Pero añade: «No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene sentido delante de la misericordia del Padre que no conoce límites».

El sacerdote espera al pecador consciente de que la misión que Cristo le encomendó no es castigar, sino perdonar. Y como el sacerdote, cualquier seglar debe adelantarse a pasar por alto cualquier afrenta, evitando además clasificar a los hermanos en buenos y malos, en dignos e indignos, pues por todos murió Jesucristo y a todos alcanza la redención.

 

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.