Los cristianos somos Iglesia

Mons. Antonio AlgoraMons.  Antonio Algora         He estado en Roma acompañando a las Hermanas de la Cruz con motivo de la Canonización de la hermana que es, desde el domingo 18 de octubre, santa María de la Purísima. Tenemos tres conventos en la Diócesis que saben de la pobreza y necesidades de nuestros barrios más pobres de Ciudad Real, Alcázar de San Juan y Puertollano, por cómo los atienden las Hermanas de la Cruz.

En el autobús que nos recogió en el aeropuerto, un italiano muy amable nos dijo que la Basílica de San Pedro es la Madre de todas las iglesias del mundo, un error muy frecuente entre la gente. No, la Madre de todas las Iglesias se puede decir que es la Catedral del Papa, que no es la Basílica de San Pedro, sino la Basílica de San Juan de Letrán de la que, por cierto, mañana lunes celebraremos en el mundo entero su Dedicación, que sucedió en el año 324, hace 1691 años, y las matemáticas no engañan.
¿Por qué os cuento esta curiosidad histórica? Pues viene a cuento de la manía que tienen algunos políticos y gobernantes de ignorar a la Iglesia Católica en este país como si no existiera. Sí, se nos dice que hay que respetar las creencias de todo el mundo, pero que eso es privado de cada uno, y, a continuación, no se respeta que parte fundamental de nuestras creencias es que formamos un conjunto de personas que decimos: «creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica». Se dice que se nos respeta y, a continuación, nos echan de la escuela y de la vida social, se retira la cruz de los actos públicos, etcétera.

Si se nos ocurriera a los católicos ponernos de acuerdo para no votar a los que nos ignoran de esta manera, se pondría el grito en el cielo diciendo que una cosa son las creencias y otra es el voto, y que la Iglesia no se tiene que meter en política. Claro, que lo siguiente sería quedarnos en casa sin votar porque las relaciones institucionales del Estado en sus diversas instancias con la Iglesia Católica no han sido en los últimos tiempos del todo fluidas y satisfactorias.

Pero que no cunda la alarma, esa es la fuerza de los católicos, que ni queremos, ni debemos intentar lograr el poder político en el gobierno de España. Nuestra fe, que se manifiesta de mil formas en la vida social y que conforma una Iglesia Católica con muchas instituciones, que tienen personalidad jurídica pública, está llamada a relacionarse con las distintas instituciones del Estado en el amplio mundo de la cultura, de la educación, del turismo, de las manifestaciones religiosas de todo tipo que inundan el calendario, de la asistencia social y de la caridad, de las celebraciones en nuestros templos abiertos al público, sin ninguna cortapisa en una pacífica y leal convivencia con todos los vecinos. Y también reside nuestra fuerza en la libertad de votar cada uno según su conciencia a cualquiera de los partidos políticos que conforman nuestra realidad política.

Hasta ahora ha habido una normalidad democrática tutelada por la Constitución que nos dimos los españoles y por los Acuerdos Internacionales del Estado Español con la Santa Sede. Por cierto que no se llaman Concordato. Si os escribo esto a los católicos en nuestra Hoja Diocesana es para que lo hablemos entre nosotros y tengamos una conciencia clara de lo que se quiere fraguar en la opinión publicada por los potentes medios de comunicación que manejan algunos poderes públicos. Parte integrante de nuestro ser de católicos, varones y mujeres de fe, es estar unidos en la Iglesia, formar parte de ella, abierta siempre a todos los que quieren conocer y vivir la amistad con Jesucristo Resucitado presente en la escucha de la Palabra de Dios, en la participación en los sacramentos y en la solidaridad que nos lleva a amar a todos, especialmente a los pobres y a los que nos persiguen. ¡Seamos conscientes de que somos miembros de la Iglesia!
Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.