La sabiduría de los ancianos

SaizMenesesMons.  Àngel Saiz Meneses        El papa Francisco explicó el pasado verano a un grupo de jóvenes el encuentro casual que tuvo con una señora mayor. Estaba haciendo su recorrido habitual con el jeep que utiliza para hacer un “paseíllo” por la plaza en los días de audiencia general, a fin de que todos los presentes puedan saludarlo de cerca.

En un determinado momento se fijó en una anciana que estaba entre el público. Sus ojos brillantes y su mirada alegre la destacaban entre sus vecinos. El Papa hizo parar el “papamóvil” y se acercó a saludarla. La mujer le dijo que tenía 92 años. “Dígame, señora, ¿cuál es la receta para llegar a los 92 años así como está usted?”, le dijo Francisco. La mujer respondió: “Comer raviolis… ¡Los hago yo misma!” El encuentro con los ancianos es siempre una sorpresa, dijo el Papa a aquel grupo de jóvenes. Y les animó a hablar con los abuelos y abuelas y a hacerles preguntas. Los abuelos son la memoria de la vida, la memoria de un país, la memoria de la fe, la memoria de los conflictos y tensiones, la memoria de cada familia.

El Papa da ejemplo de ello y habla con gran admiración de sus abuelos, en especial de su abuela paterna, de la que recibió la primera educación en la vida y en la fe. Él era el mayor de la familia, pero su madre cayó enferma y cada mañana el niño Jorge Mario la pasaba en casa de su abuela, que fue para él como una guardería. “Mi abuela paterna –ha explicado-, Rosa Margarita Vasallo, es la mujer que mayor influencia ha tenido en mi vida, me enseñó a rezar. Me contaba historias  de santos; me marcó mucho en la fe. La nonna(abuela) vivía a la vuelta de casa. Me llevaba a la mañana con ella y me traía por la tarde; así hasta que tuve cinco años. La abuela Rosa había trabajado en la naciente Acción Católica Italiana, dando conferencias. Yo tengo el texto de una, que había dado en San Severo, en Asti, sobre “San José en la vida de la soltera, la viuda y la casada”.

En una sociedad tan pragmática y utilitarista como la nuestra corremos el peligro de que los ancianos acaben siendo considerados como un lastre pesado que se debe descartar. ¡De ninguna manera! Cuando una sociedad pierde el cariño y el respeto a sus mayores, es señal inequívoca de que ha entrado de lleno en la más penosa decadencia. Ellos se han sacrificado por nosotros, nos lo han dado todo, nos han entregado lo mejor que tenían. Su presencia, experiencia, su consejo, su oración, son un gran don para la Iglesia y para la sociedad. En los últimos años de la vida de mi madre, recuerdo que a veces me decía: “Hijo mío, estoy mayor y sin fuerzas, ya no puedo ayudarte prácticamente en nada. Sólo puedo rezar”. Y yo le respondía: “Mama, me ayudas cuando me escuchas y me aconsejas y sobre todo, lo más importante, me ayudas con tu oración. Esa es la ayuda más grande y eficaz”.

Procuremos, pues, ser agradecidos. Reavivemos la actitud de agradecimiento, que se concreta, en primer lugar, como acción a Dios por tantos dones recibidos de su amor. Seamos agradecidos también a las personas que nos ayudan a lo largo del camino de la vida. Y en este sentido, hemos de cultivar la memoria familiar, la memoria de nuestros mayores. Por lo que he ido descubriendo en la propia familia y en el ministerio pastoral, lo que mantiene a las personas mayores en el último tramo de su vida, más que los alimentos y las medicinas, que también, sobre todo lo que les sostiene es nuestro cariño, nuestros gestos de amor.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.