Canonización de María de la Purísima

Ricardo Blazquez Arzobispo ValladolidMons. Ricardo Blázquez       El domingo día 18 de octubre fue canonizada por el Papa Francisco en Roma la Madre María de la Purísima (o de la Inmaculada Concepción), los padres de Santa Teresa del Niño Jesús y un sacerdote italiano. En la celebración magnífica participaron los miembros del Sínodo de la Familia, la Plaza de San Pedro rebosaba de personas, de entusiasmo y de devoción. Fue una mañana espléndida. Estaban presentes con alegría desbordante en su rostro un grupo numeroso de Hermanas de la Compañía de la Cruz, presidida por la Madre General.

La comunidad de las Hermanas de la Cruz y yo, servidor de Uds., pertenecemos a la misma parroquia de Roma. Desde hace bastantes años la comunidad de Hermanas vive en la Vía del Pellegrino, en el marco de la parroquia de la Iglesia Nueva; hace pocos días he tomado yo posesión del título cardenalicio que me asignó el Papa en el consistorio del día 14 de febrero de este año. Por este motivo, presidí la celebración eucarística la víspera de la canonización con la asistencia de miles de peregrinos. Me alegro de poder devolver de esta manera las visitas y estancias que la nueva Santa hizo a Valladolid. En nuestra Catedral, dentro de unos días tendremos la oportunidad de dar gracias a Dios por la canonización de Santa María de la Purísima, tan cercana a nosotros en el tiempo y en el espacio. Los santos son también de hoy; y no sólo de un pasado que tendemos fácilmente a idealizar.

El itinerario de la proclamación de la santidad de la hermana por la Iglesia ha sido fulgurante. María de la Purísima nació en Madrid el 20 de febrero de 1926; el año 1944 ingresó en la Compañía de la Cruz; en 1977 fue elegida Madre General del Instituto, que presidió más de 21 años durante los cuales visitó varias veces la Casa de las Hermanas en el barrio de las Delicias de Valladolid. En los años posteriores al Concilio Vaticano II vivió fielmente y custodió con celo la originalidad de la Congregación, fundada por Santa Ángela de la Cruz, canonizada en Madrid el año 2003. Ángela de la Cruz “es un milagro que le ocurrió a Sevilla en el paso del siglo XIX al XX; un milagro que      sigue vivo y actual” (J. Ma. Javierre). María de la Purísima murió en Sevilla el 31 de octubre de 1998; el 18 de septiembre de 2010 fue beatificada y el 18 de octubre de 2015 fue canonizada. Parece que Dios ha tenido prisa en mostrar al mundo la santidad de una persona que siempre quiso vivir y amar a Dios y a los pobres en la ocultación. El Señor enaltece a los humildes y humilla a los autosuficientes.

En el Mensaje, hecho público el 29 de septiembre por la Conferencia Episcopal Española con motivo de la canonización de Santa María de la Purísima, recordamos cuál es el eje central de su espiritualidad: Dos cruces, la de Cristo y la de de los hermanos, muy cerca. Cada persona es contemplada por la Hermana de la Cruz cara a cara del Redentor. De la mirada al enfermo y abandonado se pasa a contemplar al Señor crucificado por nosotros. Las dos cruces se funden en una misma mirada que ve en Jesucristo a todos los crucificados y en los crucificados ve el rostro del Señor, ¡Qué fuerza transmitió a nuestra Santa unir los dos rostros en la misma mirada de la fe!

Madre María de la Purísima se ha hecho pobre con los pobres, experimentando la pobreza desde dentro. Se hizo pobre con los pobres y para los pobres por amor en el seguimiento de Cristo pobre, “Llevó una sonrisa a la casa de los pobres”, “sirvió a los pobres con medios pobres”, “curó sus llagas”. El amor, la humildad, la entrega total al Señor y a los pobres, el servicio generoso, la austeridad no adusta sino alegre, la oración larga intensa que la sostenía incansablemente… caracterizaron a nuestra Santa.

En la fachada de la basílica de San Pedro, durante la canonización, pudimos contemplar el rostro de los cuatro santos. El aplauso y la emoción se apoderaron de nosotros al mirarlos después de la canonización.

A mí siempre me han llamado la atención la mirada luminosa y el rostro transparente de Santa María de la Purísima. El corazón purificado por el amor sacrificado a Jesucristo y a los hermanos más necesitados se asoma en su mirada. Hay rostros que iluminan a quienes los contemplan y señalan el camino verdadero de la vida. Podemos decir que el santo es como una ventana abierta a través de la cual se vislumbra un mundo diferente; es una persona a través de la cual brilla la luz de Dios. Santa María de la Purísima nos remite a un foco luminoso que a ella ha iluminado. En la fachada de la Iglesia, donde tuvo lugar la Eucaristía de la víspera, hay una inscripción tomada del Cantar de los Cantares y aplicada a la Virgen en su concepción inmaculada: “Macula non est in te”. María la Madre del Hijo de Dios desde el origen es purísima; nuestra Santa se ha dejado purificar poco a poco por el fuego del Espíritu Santo. Los ojos radiantes son reflejo de un corazón limpio.

El embajador de España ante la Santa Sede invitó a cenar la noche anterior a la nutrida representación española. Fue una cena en que la comensalidad nos unía a todos amigablemente en la perspectiva de la canonización de otra santa española. Si miramos nuestra historia hallamos muchos acontecimientos que nos entristecen; pero también tenemos motivos para sentirnos satisfechos por haber prestado a la Iglesia y a la humanidad servicios espléndidos. Es admirable la historia de España en realidades como la santidad, la caridad, la educación y la misión de la Iglesia. En Trento los teólogos españoles brillaron en medio de la Iglesia. El día 18 fue canonizada Santa María de la Purísima; y el día 15 en Ávila celebramos la clausura del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Ella con San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Isidro Labrador y San Felipe Neri fueron canonizados juntos el año 1622. Tengamos una estimación adecuada de nuestra historia. Hay motivos para corregirnos y para enorgullecernos. No nos avergoncemos de lo que legítimamente podemos gloriarnos. Recordemos nuestra historia con sus luces y sombras. ¡Qué la memoria aliente nuestra esperanza!

+ Ricardo Bláquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)