Mons. Francisco Gil Hellín: «La de Burgos es una diócesis buena y noble»

Burgos Francisco-Gil-HellínMons. Francisco Gil Hellín llegó a Burgos en el año 2002, procedente de Roma. Después de trece años al frente de la diócesis burgalesa, el papa Francisco ha aceptado el pasado 30 de octubre la renuncia de su ministerio por razones de edad, tal como marca el Código de Derecho Canónico. Analizamos con él el trabajo realizado a lo largo de estos años, haciendo balance de su gestión y preguntándole por los retos que deberá afrontar –en su opinión– la Iglesia burgalesa en los próximos años.

-Trece años como obispo de Burgos no son pocos. ¿Qué balance hace de su gestión al frente de la Iglesia burgalesa?

Han sido trece años… y pico (sonríe). En estos años hemos tratado de continuar la tarea de los apóstoles, actualizándola al hoy, pero siempre en sintonía con los apóstoles de ayer y precediendo a los del mañana. Porque no estamos haciendo un proyecto de Iglesia mío, sino de nuestro Señor Jesucristo. Y por ello, con todos los límites, hemos mantenido la fe y hemos procurado vivir en coherencia con esa fe, pero reitero, con todos los límites… Pero el Señor, gracias a Dios, contaba también con ellos…

-¿Cómo le gustaría que le recordaran los burgaleses?

Como un obispo que ha tratado de ser fiel a la misión recibida. Ha tratado, digo, no que haya sido perfecto… Porque si no, todo elegido para este cargo tendría que decir «Señor, no cuentes conmigo…» Jesús le hizo descubrir a Pedro sus límites y desplomarle de su actitud de suficiencia porque así sería más hermano con sus hermanos. Yo he vivido un tiempo de dedicación al ministerio como confesor penitenciario y pensé que esa iba a ser de por vida mi misión; pero después descubrí que el Señor me quiso en otras tareas, en el Consejo para la Familia y como arzobispo en nuestra querida diócesis de Burgos.

-¿Le sorprendió que la Iglesia le encomendara esta diócesis?

Me sorprendió más que me quisiera junto al papa en el Consejo para la familia, porque ya siendo obispo en Roma como secretario, intuía que llegaría la hora en que tendría que dejar paso a otro sucesor… y llegué aquí.

-¿Le ha resultado fácil ser arzobispo de Burgos?

Bueno, fácil, por una parte… sí. Difícil a veces porque puede haber siempre personas que colaboran menos en lealtad y fidelidad: ahí tenemos la miserias y los defectos míos y de los sacerdotes, que muchas veces nos dejamos llevar por simpatías o agrados o rechazos. A mí me ha encantado la actitud de algunos sacerdotes que me han abierto el corazón y me han dicho: «No le quería aquí, pero desde que usted llegó, acogí el querer de Dios, lo acepto y me alegro», y han sido colaboradores extraordinarios.

-¿Qué cosas se le han quedado en el tintero?

Me hubiera gustado hacer ver la importancia que tienen los padres en la transmisión de la fe a sus hijos. Tiene que ser una responsabilidad específica de la familia que pide el bautismo para esas criaturas. No podemos entregar esa perla a quienes no van a tener un contexto en que se les transmita la fe. Por lo cual, en cierta manera, estamos haciendo compatible la administración del sacramento y una desatención real de quienes tienen esa primordial responsabilidad. Porque en el futuro, los niños bautizados pensarán que ser cristiano es lo que han visto en casa: que nunca se habla de Dios, que nunca se eleva una oración a Dios y que nunca se participa en la eucaristía. Entonces es bueno administrar el bautismo a quienes reciban la transmisión de la fe y eso es algo que antes o después tenemos que hacer como Iglesia misionera, en una actitud no de rechazo, sino de diálogo, de hacer descubrir a los padres su importancia en la tarea de transmitir la fe a sus hijos.

-¿Cómo planea ahora su vida? ¿Qué va a hacer en el futuro, a qué se dedicará?

Bueno… es algo que no sé. No me faltarán las tareas como ministro de Cristo en comunión con los obispos. Sean tareas de trabajo o investigación para poner al servicio de otros reflexiones, sean encuentros con personas, amigos y sacerdotes que estos años no he cultivado por las obligaciones, o visitar comunidades religiosas… todo lo haré como un servicio a la Iglesia.

-¿Qué recuerdos se llevará de su paso por nuestra diócesis?

Estoy encantado… Me llevo una gran alegría. No tenía el gozo de conocer esta Iglesia diocesana pero he descubierto que los castellanos sabéis descubrir la fe soportada en grandes virtudes humanas, que tenéis bien potenciadas. Lo que quizás he echado de menos por el carácter castellano es el arrojo para el apostolado directo y personal, disponibilidad para desgastarse por ejemplo en las misiones, provocar a través de la amistad, la compañía… anunciar el evangelio en el autobús… Ojalá se vaya despertando esta dimensión más personal de transmisión de la fe.

Me llevo una gran alegría; he descubierto que los castellanos sabéis descubrir la fe soportada en grandes virtudes humanas, que tenéis bien potenciadas

-¿Qué va a echar de menos?

Pues quizás las obligaciones que el padre de familia siente cuando se levanta cada mañana y no tiene que programar porque los deberes de cada día le vienen impuestos: trabajar por sacar adelante la familia, priorizar sus preocupaciones… Ahora tendré que programarme yo mismo la agenda, realizando tareas que quizás alguno no espera que realizara. Como arzobispo, todas mis ocupaciones llenaban mi día a día: los chicos a los que iba a confirmar por la tarde estaban presentes en la oración de la mañana…

-Se puede pensar que la de Burgos es una diócesis sencilla, sin poca actividad, con pocos problemas… ¿Cree que la Iglesia burgalesa es realmente así?

La Iglesia de Burgos es, esencialmente, noble y buena. Quizás haya podido percibir que a veces los burgaleses sois refractarios a la acogida de otros colaboradores por vuestra historia de abundantes vocaciones y de numerosos misioneros… Burgos siempre ha sido pródiga en darse y le cuesta abrirse a nuevas ayudas venidas de fuera.

-¿Cuáles son los principales retos a los que ha tenido que hacer frente?

Estamos viviendo momentos de transición de un Nacional Catolicismo a una identificación personal y concreta con la fe que uno profesa sin que ahora el contexto sea favorable. Ahora es necesario estar convencidos de la alegría de la fe: si no percibimos el gozo de la fe, seremos mercantes dispuestos a vender algo grande al mejor postor. En la fe me juego el sentido de mi vida y existencia.

-En la homilía de su toma de posesión, aseguró que una de sus prioridades era la de crear en la diócesis una espiritualidad de comunión, donde «no existiera la discriminación y el afecto y el entendimiento presidieran a todos los miembros del mismo cuerpo». ¿Cree que lo ha conseguido?

No… en su totalidad. Hemos puesto todo de nuestra parte, pero me he tenido que plantar también cuando alguien, con ese pretexto, ha tratado de todo lo contrario y de abusar así de la aparente comunión para crear desunión. Si algún proceso hemos tenido que seguir y hacer que la autoridad suprema tome decisiones ha sido porque, a pesar de los deseos y los diálogos, no se ha logrado. Estoy muy agradecido a todos los que han estado pendientes de los sacerdotes y, especialmente a Jesús Yusta, que siempre me ha puesto al corriente de las dificultades de los sacerdotes y he intentado estar cerca de ellos en los momentos difíciles y crear así lazos de unión entre el obispo y sus presbíteros.

-Pero algunos opinan que el obispo no ha sido demasiado cercano…

Eso siempre se puede decir de cualquiera y, en parte, seguro que tendrán razón. Porque el obispo puede estar cercano a los problemas de la gente a través de sus colaboradores, no en primera persona. He procurado estar en momentos de encuentro con grupos, en diversos eventos… siempre que he podido y la agenda me lo ha permitido.

-Pero que su actitud de cercanía ha cambiado también se ha notado…

No sé si se habrá notado; es un interrogante que siempre me ha cuestionado. Uno procura hacerlo. Algunos se sorprenden de que el obispo haya confirmado dos grupos de chicos en arciprestazgos distintos en una misma tarde… Siempre he procurado cumplir con las máximas invitaciones posibles.

-Hablemos ahora un poco más detenidamente de su gestión. Una de sus primeras preocupaciones cuando llegó a la diócesis fue el Seminario. El de Burgos mantiene las vocaciones mejor que otras diócesis vecinas y, aunque pocos, ha conseguido ordenar a más de veinte sacerdotes diocesanos… ¿Cómo valora la situación del Seminario?

La valoro, gracias a Dios, como un esfuerzo muy serio de crecimiento y de sostén. Creo que si no nos hubiéramos esforzado en este asunto, podría haber sido en la actualidad un desierto. Y gracias a Dios, está resurgiendo: tenemos la alegría de saber que quienes están en el Seminario tienen claras sus ideas y no se aprovechan de él como un ambiente oportuno para una formación humana y cristiana de calidad, como ocurría antes. Y eso ha sido por los sacerdotes que se han ordenado en estos años. Mientras que antiguamente en tantas diócesis se diluía la idea de Seminario asimilando a los seminaristas con cualquier ámbito de formación cultural y no claramente sacerdotal, nosotros hemos mantenido esta dimensión sacerdotal. Yo no quiero que todos los que estén en el seminario sean sacerdotes, pero sí que el tiempo que permanezcan en él tengan claro cuál es la finalidad del mismo.

-¿Cómo califica a los seminaristas y los formadores? ¿Cree que están suficientemente capacitados?

Hay muchos sacerdotes que, por desgracia, no han colaborado suficientemente en este asunto o no han entendido las decisiones que ha tomado el obispo respecto al Seminario. Don Santiago [su predecesor] decía que «en el Seminario decidía él». No sé por qué algunos se extrañan de que yo haya seguido la misma línea. Pero no: de la formación de mis futuros sacerdotes me ocupo yo.

-¿Y cómo valora a los sacerdotes que han salido de ese Seminario y que usted mismo ha ordenado?

He tenido algún fracaso que he tenido que engullir, tengo que reconocerlo. Pero, en su proporción global estoy muy feliz. De tal manera que cada ordenación ha supuesto para mí un gozo inmenso, siempre con temblor y temor porque el más preparado y santo puede ser un fracaso si se descuida. Pero con el gozo de imponer las manos con certeza moral del ministerio que transmito.

Creo que si no nos hubiéramos esforzado en el Seminario, podría haber sido en la actualidad un desierto. Y gracias a Dios, está resurgiendo

-A pesar de que «es una diócesis relativamente sencilla», algunas de sus acciones han sido titulares de portada de los medios de comunicación, como cuando colocó a varias mujeres al frente de algunas delegaciones… ¿Por qué piensa que eso fue noticia?

Quizás porque en la Iglesia el ámbito de la autoridad haya estado siempre en sacerdotes o varones. Pero me alegro mucho por ellas y les agradezco enormemente su trabajo. Y, hoy por hoy, el papel de las mujeres en la Iglesia es primordial: hay cientos de abuelas, madres y chicas jóvenes que se encargan en la transmisión de la fe en parroquias y grupos.

-También fue portada de periódicos que en Lerma dos centenares de jóvenes decidieran formar parte de un nuevo instituto religioso, Iesu Communio. ¿Qué ha supuesto este fenómeno?

Es que la gente sigue teniendo sed de Dios, como la samaritana. A veces la gente busca sucedáneos que no colman de felicidad y estas chicas han encontrado en Dios a quien le apagara la sed. Soy testigo de que el Señor me ha puesto en esa encrucijada no por méritos propios. Tampoco ha sido, en absoluto, un mérito mío. He sido simplemente un testigo del paso de Dios por esta diócesis en ese lugar donde cientos de jóvenes descubren la alegría de esposarse con Cristo.

-Sabemos que tiene especial cariño y predilección con este proyecto. ¿Cuál ha sido su trabajo en la aprobación del nuevo instituto?

Estaría dispuesto a hacer lo mismo con cualquier otro grupo que me lo pidiera, y la madre Verónica me lo ha oído decir. Dios no me ha mandado a Burgos para ser el obispo de esta comunidad religiosa, sino de todas las comunidades presentes en la provincia. Y gracias a Dios, estoy gozoso de las nuevas vocaciones religiosas en otros lugares como Belorado, Vivar del Cid, las Dominicas de Lerma… porque estoy ayudando a la perpetuación de la vida religiosa en la diócesis.

-Pero sí que ha trabajado en modo directo con este proyecto. ¿Cuál ha sido su trabajo?

Pues, simplemente, escuchar, discernir, presentar y quizás, señalar algún experto en algunos asuntos en los que ni yo era el jurista que ayudase a concretar en normas su propio carisma.

Dios no me ha mandado a Burgos para ser el obispo de esta comunidad religiosa, sino de todas las comunidades presentes en la provincia

-Lo que sí ha ocupado ríos de tinta han sido los intentos por instalar la calefacción en la catedral… ¿No cree que se han desgastado muchos esfuerzos en este asunto?

Ese proyecto lo abandoné hace tiempo porque me parecía una cuestión enquistada y me despegué de ello. Pero tengo que afirmar que no hay derecho a que una comunidad cristiana no pueda reunirse con las adecuadas condiciones del siglo XXI en lo que representa la cátedra del obispo.

-Supongo que le hubiera gustado ser el obispo que concluyera las obras de restauración de la seo…

Sí, ciertamente. Y así lo he manifestado en varias ocasiones. Solo quedan dos capillas y estoy encantado de que las obras puedan finalizar cuanto antes, aunque yo ya no esté. Me gustaría que se concluyeran las obras con una gran celebración, y así lo he sugerido, porque es una gloria para Dios, para la diócesis, para Burgos y para tantos burgaleses que, aun sin ser cristianos, valoran el edificio como algo muy suyo.

-Otra crisis importante fue, sin duda, la gestión de unos exorcismos realizados a una menor que acabó en un juicio y que copó las portadas de grandes cabeceras nacionales e incluso internacionales. ¿Considera que se hicieron las cosas bien?

Bueno, lo que veo es que, dadas hoy las sensibilidades que existen, habría que añadir una testificación de conciencia informada sobre el asunto. Hoy somos muy susceptibles a la hora de poder ayudar en momentos concretos a personas necesitadas de acogida, ayuda… Porque esa ha sido siempre nuestra intención, la de ayudar y beneficiar en lo que la Iglesia específicamente puede dar y lo da consciente de ofrecer un servicio. Si para esa persona o para algunos estratos sociales eso no es un servicio, que se manifieste en ese control de una firma autorizada para ello.

-Las crisis son momentos para revisar lo que se está haciendo mal y corregirlo. ¿Qué medidas se han adoptado desde la diócesis para que estos casos no vuelvan a ocurrir?

Desde luego creo que aquí no se volverán a hacer exorcismos a menores sin tener en cuenta la información directa y por escrito de un psiquiatra y, lógicamente, la firma de quienes son los responsables directos de ese menor.

Esa ha sido siempre nuestra intención: la de ayudar y beneficiar en lo que la Iglesia específicamente puede dar y lo da consciente de ofrecer un servicio

Los últimos años de su ministerio han estado muy marcados por la crisis económica. Le ha tocado, además, presidir las celebraciones del 50 aniversario de Cáritas Burgos. ¿Cómo valora el papel de la Iglesia burgalesa en estos momentos tan complejos?

Es un fruto de una siembra de siglos. Si la caridad hoy sigue siendo un valor central de la sociedad y de la Iglesia es porque esa dimensión ha estado muy cuidada. Hoy día, los servicios están más organizados y se puede hacer más patente ese servicio social y asistencial. Aplaudo y respaldo la tarea de Cáritas, especialmente con tantos inmigrantes.

-¿Y cree usted que, precisamente con la que está cayendo, la gente ha entendido que remodelara el antiguo palacio arzobispal para vivir en él?

Cuando se remodeló la Casa de la Iglesia, la crisis no había aparecido todavía en su máxima crudeza y este edificio se estaba deteriorando y era una irresponsabilidad echar a perder esta joya arquitectónica. Gracias a Dios, la diócesis no aportó ni un solo euro y fueron otras entidades las que contribuyeron a mantener en pie el edificio, aun pudiendo destinar ese dinero a otros fines. Ahora podemos atender mejor las visitas con mayor privacidad, los despachos de los distintos departamentos están mejor interconectados y la actividad institucional es más orgánica. Podríamos haber puesto en venta el edificio, consumido inmediatamente el dinero en restauración de templos y no hubiéramos podido ni siquiera acoger a quienes vengan, porque esto es un edificio público, en servicio a quien quiera venir.

El obispo vivía antiguamente en la zona noble del edificio, hoy ocupado por despachos. Ahora, el obispo vive en la zona que antes estaba reservada a los empleados.

-Precisamente, algunos lo llaman «el obispo del ladrillo» porque ha realizado grandes obras…

Gracias a Dios, estoy muy contento de todas estas obras, todas ellas al servicio de las personas. Empezamos con la remodelación de la sede de Cáritas, seguimos con el taller de restauración, la Casa Sacerdotal en un momento que necesitábamos nuevas habitaciones y habilitar una capilla para los sacerdotes más impedidos; la Casa de la Iglesia, el archivo diocesano y, ahora, la nueva sala de lectura de la Facultad de Teología. Son edificios para una mejor atención y disposición de las personas y la sociedad burgalesa en general.

-En cuanto a la actividad pastoral, se están abriendo espacios para la llamada “nueva evangelización”, con protagonismo para las familias, niños, jóvenes… ¿Por dónde entiende que tiene que ir la evangelización en la diócesis?

Creo que es cuestión de la mentalidad de los sacerdotes: se trata de trabajar para ayudar a entender que los padres y todos los bautizados son los primeros evangelizadores. Los sacerdotes tienen que explicarlo, no decidir. Y toda la actividad pastoral debería estar encaminada a ello: los cursillos prematrimoniales, las propuestas juveniles… Si los papás forman bien a sus hijos, por la insistencia de los sacerdotes, llevaríamos mucho trabajo adelantado… Pero no soy derrotista: tenemos que evangelizar en esta sociedad, no en el pasado ni en el futuro, sino ahora. Y Dios pondrá las circunstancias para que todo nuestro trabajo sume.

-En estos años también se han elaborado nuevos itinerarios de iniciación cristiana, abriendo el bautismo a personas adultas… ¿Qué valoración hace en general de la actividad pastoral de la diócesis?

He gozado mucho bautizando adultos estos años y acompañándoles en los ritos previos al mismo. El otro día me encontré con un universitario que me recordaba que le bauticé el año anterior, y estaba muy feliz y participaba en un grupo de formación. Necesitamos, además, de estos grupos de referencia para seguir alimentando la fe y animarnos a ser evangelizadores, aunque por ello nos llevemos algún sopapo. Porque ser testigo de Cristo conlleva alegrías, pero también desprecios y calumnias.

No soy derrotista: tenemos que evangelizar en esta sociedad, no en el pasado ni en el futuro, sino ahora. Y Dios pondrá las circunstancias para que todo nuestro trabajo sume.

-¿Y sobre la remodelación de parroquias, estructuras, unidades pastorales, la falta de vocaciones que hace difícil la atención de los pueblos? ¿Cómo lo ha afrontado? ¿Cree que sigue siendo un reto?

La renovación de las parroquias no puede ser solo estructural, material. Las unidades pastorales son adecuaciones para poder atender los pueblos, pero si no hay una comunidad cristiana fecunda de fondo… En tiempos antiguos, quien se convertía se movía para ir a celebrar la fe, no esperaba que llegara el ministro a su casa. Ahora la actitud de los cristianos es de arrogancia, de derechos, porque no hemos entendido el gozo de la fe. Los sacerdotes tenemos que seguir yendo, pero precisamente hoy, que existen muchos medios de comunicación, los cristianos solo los utilizamos para nuestros bienes materiales, desatendido los espirituales.

-Para acabar, ¿qué retos cree que deberá afrontar su sucesor? ¿Qué le dirá a su sucesor cuando le pase la cartera?

A mí no me pasaron eso… (ríe). Pero le diría con cariño: «Aquí tienes un hijo, aquí tienes un pueblo con tantas potencialidades y cualidades. El Señor te ayudará».

(Álvaro Tajadura – Archidiócesis de Burgos)

Biografía: ¿Quién es D. Francisco?

Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus primeros estudios en el Colegio de la Merced de los Hermanos Maristas.

Cursó sus estudios sacerdotales en el Seminario Diocesano de Murcia.

Recibe la ordenación sacerdotal el 21 de junio de 1964. Su primer destino pastoral fue como coadjutor de la parroquia de Santiago Apóstol de Totana, mientras era también profesor del Instituto de Enseñanza Media y Vicedirector.

Licenciado en Sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma (1966-1968) y en Teología Moral en el Instituto San Alfonso de Roma (1968-1970). Vicario Cooperador en la Parroquia de Santa Emerenciana de Roma (1967-1969) y Director espiritual del Centro ELIS (Centro de formación de jóvenes trabajadores) en el barrio Tiburtino y Colaborador en la Parroquia de San Giovanni al Collatino de Roma (1969-1970).

Coadjutor de la Parroquia de San Nicolás de Murcia, Profesor de Teología en la Facultad de Medicina y de Teología Moral del Instituto Superior de Teología (1970-1972).

Ejerció de canónigo penitenciario de la diócesis de Albacete por concurso de oposición hasta 1975. Allí fue también profesor de la Escuela de Enfermeras de Santa Cristina y director espiritual del Instituto Femenino de Enseñanza Media. Allí realiza su labor pastoral dedicado al sacramento de la penitencia y predica abundantes retiros y cursos de retiro para jóvenes, adultos y sacerdotes.

En septiembre de 1975 defiende su tesis doctoral sobre “Los bona matrimonii en la Constitución pastoral Gaudium et spes”, del Concilio Vaticano II, en la Universidad de Navarra.

En ese mismo año, y por concurso de oposición, es canónigo penitenciario de la archidiócesis de Valencia y profesor de la Facultad de Teología de San Vicente Ferrer. Compaginaba las clases y la canongía con la capellanía del Colegio Mayor Universitario de la Asunción, realizando cursos de retiro para universitarias.

El papa san Juan Pablo II le nombra Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia en mayo de 1985. En Roma ejerce como profesor en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad del Lateranense y en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Colaborador en la parroquia de Santo Tommaso Moro de Roma.

Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces.

En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de 2002 a 2011 y de la Comisión para el Clero de 2002 a 2005. En la actualidad es miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos.

Además de múltiples artículos en diversas revistas de teología ha publicado siete Synopsis sobre distintos documentos del Concilio Vaticano II Gaudium et spes, Dei verbum, Lumen gentium, Presbyterorum ordinis, Sacrosanctum Concilium, Unitatis redintegratio y Dignitatis humanae. Además ha publicado en Edicep (Valencia) “El matrimonio y la vida conyugal” (1995), traducido en italiano por la Editrice Vaticana con el título “Il matrimonio e la vita coniugale” (1996).

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