Testigos hasta el final

mons_martorellMons. Julián Ruiz Martorell           Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

Ser cristiano no significa triunfar siempre y en todas las circunstancias. Los cristianos no siempre alcanzamos el éxito, y hay muchas ocasiones en las que experimentamos con intensidad el dolor, la enfermedad y las contrariedades.

Los cristianos sabemos lo que significa el riesgo de una operación financiera equivocada, un golpe desafortunado en la economía doméstica, el cierre de la empresa, el despido injustificado, una decisión demasiado arriesgada, un desencuentro familiar, un accidente de tráfico, una enfermedad repentina.

Algunas personas conservarán siempre el doloroso recuerdo de aquel día en el que se corroboró un diagnóstico médico desfavorable. Lo que había comenzado con unas ligeras incomodidades, con el paso del tiempo se convirtió en una crónica debilidad, en una menguante fuerza interior. Aumentaron las dudas. Surgieron muchas preguntas. Sobre todo una: “¿Por qué a mí?”. Hubo un antes y un después. Quien hasta entonces se había distinguido por unas enormes ganas de vivir, no se reconoce a sí mismo cuando piensa si vale la pena sobrevivir de esta nueva manera.

A pesar de todo, siempre brilla una tenue luz de esperanza. Siempre es posible agradecer mil gestos de ternura, de amistad y cercanía, de comprensión y ayuda. Quien reconoce que necesita apoyo, abre una puerta a la convivencia y a la fraternidad, al amor generoso y solidario.

A pesar de todo, siempre es posible ser testigos hasta el final. Testigos en cualquier circunstancia. Testigos del valor de la vida. Testigos de la fe probada, de la esperanza cierta y del amor constante. Testigos de Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte y Príncipe de la vida.

Es preciso distinguir entre ser inútil y carecer de utilidad. Hay quien deja de ser útil para una determinada función, como conducir o realizar deportes de riesgo, pero descubre en su vida nuevas utilidades, entre las cuales se cuentan disponer de tiempo para ayudar a los demás, para escucharles con paciencia o compartir algunas de las capacidades adquiridas durante muchos años.

En algunos países no se habla de “discapacitados”, sino de personas “con otras capacidades”. Si somos sinceros, basta con mirarnos un poco a nosotros mismos para descubrir muchas incapacidades. Somos muy limitados. Pero también estamos dotados de muchas posibilidades que el Señor nos ha regalado como semillas que han de crecer para dar fruto.

Dentro de nosotros palpita un deseo de felicidad. La fe no nos ahorra ningún esfuerzo para alcanzarla. Al contrario, nos impulsa para trabajar con mayor decisión. La fe nos abre los ojos para orientar nuestra búsqueda y discernir mejor el sendero. La fe nos permite ver con claridad las sendas perdidas que no llevan a ningún sitio y el auténtico camino que no es otro que el recorrido por Jesucristo que camina a nuestro lado.

Realmente es posible ser testigos hasta el final, hasta el momento en que, junto con el sufriente Job, podamos decir al Señor: “te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos” (Jb 42,5).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 334 Artículos
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.