La resurrección de los muertos y la oración por los difuntos

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez        Queridos diocesanos:

El día 2 de noviembre celebramos la conmemoración de todos los fieles difuntos. En torno a ese día nuestros cementerios se convierten en lugares de peregrinación para visitar las tumbas de nuestros seres queridos adornadas con luces y flores y rezar por su eterno descanso. Por otra parte, en este mes de noviembre, el pueblo fiel celebra la ‘novena de las ánimas’ y se practican en nuestros pueblos distintos ejercicios piadosos en relación con los difuntos nacidos de la fe cristiana y de la liturgia de la Iglesia.

En esta Carta pastoral quiero ofrecer algunos puntos de la doctrina de la Iglesia sobre la fe en la resurrección de los muertos y sobre el significado de la oración y los sufragios por los difuntos.

La resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro son elementos esenciales de la revelación cristiana y artículos del credo de nuestra fe. “El máximo enigma de la vida humana es la muerte” (Vaticano II, GS 18). Sin embargo, la fe en Cristo convierte este enigma en certeza de vida sin fin. La muerte es el final de la etapa terrena de la vida, pero no de nuestro ser, pues el alma es inmortal.

La muerte es el paso a la plenitud de la vida verdadera, por lo que la Iglesia, invirtiendo la lógica y las expectativas de este mundo, llama dies natalis al día de la muerte del cristiano, día de su nacimiento para el cielo, donde “no habrá ya muerte, ni llanto, ni luto, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó” (Ap 21, 4). Para la fe cristiana, los lugares donde reposan los difuntos no son ‘necrópolis’ (ciudad de los muertos), sino ‘cementerios”, palabra que significa dormitorio, porque los difuntos duermen el sueño de la muerte, esperando despertar a una vida nueva. La muerte es la prolongación de la vida en un modo nuevo, porque como dice la Liturgia: “la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Misal Romano, Prefacio de difuntos I).

La Iglesia ora por los difuntos, aplica sufragios por su eterno descanso e implora la vida eterna no sólo para los discípulos de Cristo muertos en su paz, sino también para todos los difuntos, cuya fe sólo Dios ha conocido.

Los sufragios son una expresión cultual de la fe en la comunión de los santos. Así, “la Iglesia que peregrina, desde los primeros tiempos del cristianismo tuvo perfecto conocimiento de esta comunión de todo el Cuerpo Místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos, y ofreció sufragios por ellos, ‘porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados” (2 Mac 12, 46)” (LG 50). Estos sufragios son, en primer lugar, la aplicación de la celebración de la santa Misa, y después, otras expresiones de piedad como oraciones, limosnas, obras de misericordia e indulgencias aplicadas en favor de los difuntos.

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.