Solemnidad de todos los santos

Melgar ViciosaMons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

A través de todo el año litúrgico, la Iglesia celebra la memoria de todos aquellos santos declarados como tales por la Iglesia. Pero la Iglesia es consciente de que los santos son muchos más que aquellos que han sido declarados oficialmente; por eso, el 1 de noviembre quiere celebrar en un mismo día a todos aquellos hombres y mujeres que pasaron por el mundo viviendo heroicamente el espíritu de las bienaventuranzas.

La palabra santo tal vez nos lleva a pensar en alguien excesivamente excepcional, extraordinario, fuera de lo normal; en alguien digno de admirar pero con muy pocas posibilidades de ser imitado. Pero nada más lejos de la realidad pues el triunfo de los santos no lo es por méritos propios sino que es el triunfo de Dios y de su gracia en ellos. Los santos fueron personas como nosotros: unos hicieron grandes milagros y otros no; unos fueron personas excepcionales pero otros fueron personas normales; fueron personas que vivieron con nosotros y entre nosotros, no fueron extraterrestres. Sí, muchos de aquellos que ya gozan de Dios tras una vida preclara fueron nuestros padres, nuestros amigos, nuestros conocidos.

Ahora bien, unas notas los distinguieron a todos ellos: fueron personas honradas y veraces; la principal norma de su vida fueron las bienaventuranzas, que trataron de vivir personalmente; Dios ocupó el primer puesto en sus vidas; supieron amar, perdonar y comprender a los demás. Y, por todo ello, han merecido oír la voz de Cristo que les ha dicho: “Venid, benditos de mi Padre, entrad en el Reino eterno preparado para vosotros antes de la creación del mundo”.

El día de todos los santos celebramos el triunfo definitivo junto al Padre de esa multitud incontable de hombres y mujeres que hicieron del seguimiento de Cristo Jesús su meta, su objetivo principal y su norma de vida más importante. Ellos son hoy para todos nosotros, los que aún peregrinamos por este mundo, un verdadero ejemplo, un modelo y testimonio de que el amor dado y vivido radicalmente merece la pena. Sí, ellos son un modelo de vida cristiana porque, en todo momento, Jesucristo y su mensaje fueron la norma principal de su vida; ellos son estímulo para, con ayuda de la gracia, poder vivir heroicamente nuestra fe; ellos son, para todos nosotros, una llamada a seguir el camino del Evangelio con entrega total y feliz.

Hermanos y hermanas: La fiesta de todos los santos es un día de gozo, de júbilo para toda la Iglesia pues veneramos la memoria de aquella multitud de hombres y mujeres que han alcanzado definitivamente, tras una vida ejemplar, la meta que todos deseamos: la santidad, la felicidad eterna junto a Dios Trinidad. Ojalá que su ejemplo nos abra los ojos para descubrir y anunciar que merece la pena vivir radicalmente la vida de gracia y que todos, sin excepción, estamos llamados a esta maravillosa vocación: la santidad. Con San Pablo gritamos: “Os anunciamos lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó a pensar: aquello que Dios preparó para los que le aman” (1 Co 2, 9) ¡Feliz día de todos los santos!

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.