Recuerdo, esperanza, oración

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent         Estos días son especialmente significativos para los cristianos, e incluso para muchos que, aunque no tengan una vinculación fuerte con la Iglesia, conservan las raíces de nuestra cultura cristiana. La celebración de la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos, constituyen una ocasión para recordar aquellas personas que nos han amado y a las que hemos amado y que ya han acabado el peregrinaje de la vida por este mundo. El signo más visible de este recuerdo es la visita que hacemos a los cementerios donde reposan sus cuerpos en espera de la resurrección.

El recuerdo de los seres queridos no tiene como finalidad avivar el dolor de la separación. Ciertamente, el amor de una persona a la que queríamos deja un vacío en nuestra vida que, en una perspectiva humana, nadie puede llenar, porque cada uno es insustituible en aquello que significa para nosotros. Pero el recuerdo ha de estar marcado por la gratitud a Dios por todo lo que nos ha dado por medio de ellas: debemos dar gracias porque gracias a esas personas queridas hemos tenido una experiencia humana de lo que es y significa el amor de Dios.

Los cristianos, además, hemos de agradecer también el testimonio de fe que nos han dejado. No sabemos cómo sería nuestra fe si no hubiéramos tenido su ejemplo. Posiblemente Dios nos habría llevado al conocimiento de Jesús por otros caminos que no imaginamos. También nos podría haber pasado lo mismo que a personas que no han tenido un testimonio de fe cercano y, quizás, la fe no sería importante en nuestra vida. Hemos de agradecer a Dios el testimonio de aquellas personas que, además de amarnos, nos han indicado el camino de la fe, porque la fe se acoge con más facilidad cuando se recibe de personas que nos quieren.

Son días de esperanza. San Pablo, en una carta dirigida a los cristianos de Tesalónica, los instruye sobre la muerte de los difuntos y les dice: “no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza” (1Te 4,13). La esperanza cristiana tiene un doble fundamento: por una parte el deseo de vida que está inscrito en el corazón del hombre y, por la otra, la resurrección de Cristo, que es el cumplimiento de ese deseo. Por eso la esperanza cristiana no es únicamente el deseo de que nuestros difuntos estén viviendo con los Señor, sino la certeza de que un día nos reencontraremos con ellos en plenitud de vida y de felicidad, porque no tendremos temor de que la muerte nos vuelva a separar.

Finalmente, son días de oración. La muerte es la máxima expresión de la pobreza y de la fragilidad humana, por eso confiamos que será también el momento de la máxima misericordia de Dios. Pedimos al Señor que se apiade de todos nuestros hermanos difuntos.

El día de pascua, las santas mujeres fueron al sepulcro pensando que el Señor estaba muerto, y salieron de allí con alegría porque el anuncio de la resurrección hizo renacer en ellas la esperanza. Que en estos días se haga más fuerte nuestra esperanza.

Con mi bendición,

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.