Estemos alegres

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares         El domingo pasado escuchamos algo sorprendente de boca del profeta Jeremías que clama: «Gritad de alegría por Jacob, el Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel». Jeremías anuncia el retorno a la patria de los exiliados en Babilonia, liberados del destierro y de la esclavitud por el Señor que los ama: «Seré un padre para Israel, Efraím será mi primogénito».

El Señor ama a su pueblo como un padre, el Señor nos ama a todos, aunque, cuando las circunstancias por las que nos deja pasar, son dolorosas, y a veces muy dolorosas, nos cuesta entenderlo. El fruto de esta lectura debería ser dejarnos invadir hasta la saturación de la verdad de cuánto nos ama Dios, y de que todo lo que hace con nosotros es obra de su amor y de su divina misericordia. Es así como saldremos del destierro de nosotros mismos y de los ídolos en su busca y nos adheriremos al Señor que nos ama. Su fidelidad por todas las edades. Su misericordia por siempre. Nos ama tal como somos, y desea que seamos tal como Él nos ha pensado. Somos una idea de Dios, amados por Él antes de nuestra creación y gestación en el seno materno. Amor gratuito y eterno. «Con amor eterno te he amado» (Jer 13, 3). Dios nos ama siempre y nosotros lo olvidamos con mucha frecuencia. Vivimos unos momentos de olvido de Dios, pero Dios no nos olvida, esa es la gran esperanza y el gran futuro para esta humanidad empeñada en alejarse de Dios, cuando Él está tan sumamente cercano y tan empeñado en no olvidarnos ni abandonarnos a nuestra propia suerte que sería nuestra perdición y ruina. El Señor, que tiene alegría porque nos libera del destierro, que simboliza por su parte la separación y alejamiento de Dios, y de la esclavitud del pecado, quiere que todos los pueblos proclamen la alegría de la libertad de Jacob, de su pueblo elegido, símbolo y arras de la humanidad elegida y querida por Dios.

«Se marcharon llorando, pero los guiaré a su patria entre consuelos». «Ciegos y cojos, mujeres encintas y que han dado a luz recientemente. Retorna una gran multitud». Los conducirá de oasis en oasis, «a donde hay torrentes de agua». Hacia el agua viva, fuente de fecundidad y símbolo de la gracia y del consuelo. ¿Por qué tanto miedo, por qué tanto tedio y tristeza, por qué tanta desesperanza como nos asiste hoy, como lacra que corroe tantos y tantos espíritus de nuestra época? No son palabras utópicas y visionarias de alguien iluminado y alienado, son palabras de fe, palabras de revelación, palabras del profeta que se cumplen; ya se han cumplido, en Jesucristo. Palabras que hoy deben tener para nosotros una gran fuerza y deben imprimir en nosotros una esperanza grande y una valentía decisivas. No podemos asustarnos ni arrugarnos ante lo que puede estar sucediendo, no podemos acostumbrarnos ni resignarnos a este destierro y desierto donde se pretende que Dios no cuente. Todo lo contrario. Dios, siempre fiel, nunca, jamás, ha dejado a su pueblo, al pequeño resto de su pueblo, al pequeño rebaño, en la estacada: Él es el guía y pastor de nuestras almas que sale en favor nuestro ante tanta y tanta guerra que los lobos intentan contra ese rebaño suyo.

Mirad también, el salmo 125. Este salmo canta el cambio de la suerte de Sión, creían estar soñando; cantando y riendo caminaban. «Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. Los que iban llorando llevando la semilla, vuelven entre cantos con las gavillas granadas». La purificación dolorosa del destierro no ha sido estéril, pues les ha madurado. «Pues ¿qué sabe el que no ha padecido?», dice san Juan de la Cruz.

Recordemos también aquellas palabras que dice también el profeta Isaías, en una situación que nos recuerda a la nuestra: «Fortaleced las manos débiles, consolidad las rodillas que flaquean. Decid a los pusilánimes; “¡cobrad ánimo, no temáis! Aquí está vuestro Dios”» (Is 35, 3-4). «Mirad a vuestro Dios, rico en piedad, clemente y misericordioso; su misericordia no se agota jamás». «Mirad a vuestro Dios!» ¡Sí!, necesitamos mirar a Dios, poner a Dios en el centro de todo: Dios como centro de la realidad y Dios como centro de la vida. Dios es necesario para el hombre, y no se aleja de nosotros. Sin Él, el hombre perece y carece de futuro; vivirá en la tristeza del destierro, vagando sin futuro, en tierra de nadie, presa y víctima de cualquier cosa. Este es el drama, el gran problema de nuestro tiempo. No hay ningún otro que se le pueda comparar en su radicalidad y hondura. Pero no estemos cariacontecidos y amedrentados, sin esperanza. Estemos alegres porque viene nuestro Dios, trae el desquite, trae la alegría de su presencia, de su amor y de su misericordia. ¡Mirad a Dios! ¡Contemplad el rostro de Dios! «Si vivimos bajo los ojos de Dios, y si Dios es la prioridad de nuestra vida, de nuestro pensamiento y de nuestro testimonio, lo demás es sólo un corolario. De ello resulta el trabajo por la paz, por la criatura, la protección de los débiles y los pobres, el trabajo por la justicia y el amor» (J. Ratzinger, Ser cristiano en un mundo pagano, p. 205), que tanto urgen y acucian en un mundo violento e injusto. ¡Mirad a vuestro Dios!, donde se puede contemplar su rostro de bondad y compasión, en Jesucristo.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014