LAUDATO SI’ (V)

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent           La semana pasada nos fijábamos en la primera de las causas de la relación desordenada del hombre con las otras criaturas, que el Papa denuncia en el capítulo tercero de la encíclica Laudato si’ (“el paradigma tecnocrático dominante”). Hoy nos centramos en la segunda, que es una comprensión inadecuada del “lugar del ser humano y de su acción en el mundo” (nº101).

Sin lugar a dudas, la característica fundamental de la cultura moderna es el antropocentrismo. Esto responde a una verdad: el ser humano, creado a imagen de Dios, participa en cierta medida del dominio de Dios sobre el resto de las criaturas (Gn 1,27-28). Ahora bien, ese poder no es absoluto, sino que tiene unos límites éticos: el hombre, en su relación con la naturaleza, debe respetar la intención originaria de Dios y, por tanto, pensar en el bien de todos los que viven en este momento histórico y de quienes vivirán en el futuro. El segundo límite ético se refiere al propio ser humano: él es también, para sí mismo, un don de Dios y, por tanto, tiene que respetar “la estructura natural y moral de la que ha sido dotado” (nº 115).

La falta de respeto a estos límites, en una cultura en la que cualquier deseo de las personas es considerado un derecho, y en la que éstas acaban dando “prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales” (nº 122), nos conduce a una situación de “desmesura antropocéntrica” (nº 116). Para superar este antropocentrismo exagerado el camino no es otro que el que nos señala el Papa: “la forma correcta de inter¬pretar el concepto del ser humano como «señor» del universo consiste en entenderlo como admi¬nistrador responsable” (nº 116).

De hecho, no medir las consecuencias de las intervenciones del hombre sobre la creación es un “reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras” (nº 117). Y este mensaje está también inscrito en la naturaleza humana. La sensibilidad para proteger la creación no es auténtica si excluye de esa protección al ser humano. “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad…, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza” (nº 117). Como aplicación de este principio el Papa recuerda que no “es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” (nº 120).

Ante esta situación cultural, en la encíclica se remarca la convicción de que “no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología” (nº 118). Esta antropología no sólo exige el respeto a la persona considerada aisladamente, sino una relación entre las personas caracterizada por la justicia, una sociedad en la que unos no se aprovechan de los otros y donde nadie sea tratado “como mero objeto” (nº 123). Esta justicia ha de alcanzar todas las dimensiones de la vida social, pero especialmente el ámbito del trabajo y de las relaciones laborales: aquí es donde se unen la justa relación entre las personas y con la naturaleza, y es éste el lugar privilegiado para la construcción de un mundo más humano.

No desfallezcamos en el esfuerzo por edificar este mundo más justo.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.