Fui forastero y me acogisteis (Mt 25, 35)

garcia_burilloMons. Jesús García Burillo        Queridos diocesanos.

El drama de la inmigración que estamos viviendo en Europa merece nuestra atención y nuestra consideración a la luz del evangelio de la misericordia. El sistema económico, en el que prima el capital sobre las personas, la injusticia y la corrupción, el drama de la guerra y la violencia de grupos radicales, son razones que obligan a muchos seres humanos a ponerse en angustiosa peregrinación, buscando medios de subsistencia y provocando así un flujo migratorio. La inmigración es siempre una realidad con doble cara. El inmigrante sale de su casa y de su tierra empujado por diversos motivos y atraído por la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, se encuentra pronto con el dolor del desarraigo y con las dificultades para la integración en la nueva realidad, en la que espera ser acogido.

En estas circunstancias cobra una importancia especial el reto del Señor: «fui forastero y me acogisteis» (Mt 25, 35). Este desafío lanzado por Jesús, según refiere el evangelio de Mateo, está dentro de un elenco de acciones que nacen de unas entrañas misericordiosas. Acciones que caracterizan a los que obran con un corazón grande y hace realidad «la premura paterna de Dios que es solícita con todos». Dice Francisco que «el amor de Dios tiende a alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta “en casa” en la única familia humana» (Mensaje para el Día mundial del emigrante y del refugiado 2016).

Para Dios, todos los seres humanos somos sus hijos y, por tanto, hermanos. Por eso Jesús, el rey que nos juzgará al final de los tiempos cuando venga en su gloria (cf. Mt 25, 31), el Hijo de Dios entre los hijos de Dios, Hermano entre los hermanos, proclama: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 15, 40). Estos hermanos “más pequeños”, en la escena del juicio final, son los hambrientos, los que tienen sed, los forasteros, los que están desnudos, los enfermos, los encarcelados (cf. Mt 25, 35-36).

En el Angelus del día 6 de septiembre, el Papa nos sorprendía con una llamada a la acogida: «La Misericordia de Dios se reconoce a través de nuestras obras… Ante la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y el hambre, y están en camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama a ser “prójimos” de los más pequeños y abandonados. A darles una esperanza concreta. No vale decir sólo: “¡Ánimo, paciencia!..” Por lo tanto, ante la proximidad del Jubileo de la misericordia, hago un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa para que expresen la realidad concreta del Evangelio y acojan a una familia de refugiados… Recordando que Misericordia es el segundo nombre del Amor».

Queridos diocesanos, ante la propuesta del Papa, la diócesis de Ávila quiere mostrar su colaboración para hacer frente a esta catástrofe contribuyendo a prestar ayuda a los refugiados en la medida de nuestras posibilidades. Yo lo anunciaba en una nota publicada hace unas semanas. El Obispado ha encomendado a Cáritas Diocesana la coordinación de todas las acciones encaminadas a este propósito. También hago un llamamiento a todos los fieles, familias, instituciones y empresas. Ávila siempre ha dado muestras de ser una comunidad generosa con el que sufre. Ahora, es tiempo de mostrar de nuevo nuestra sensibilidad ante el drama de miles de hermanos y orar por ellos, abriendo nuestro corazón a la acogida.

Con mi bendición y afecto.

+ Jesús García Burillo

Obispo de Ávila

Mons. Jesús García Burillo
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Nació en Alfamén, Provincia y Archidiócesis de Zaragoza, el 28 de mayo de 1942. Tras finalizar la carrera de Profesor de E.G.B., inició los estudios eclesiásticos en Valladolid, ciudad a la que se trasladó desde muy joven, terminándolos en la Universidad de Comillas de Madrid. Fue ordenado sacerdote en Valladolid, el 25 de julio de 1971. En la misma Universidad de Comillas obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología y en 1977 el Doctorado en Teología Bíblica. Ha desempeñado el cargo de Vicario Episcopal en la Diócesis de Madrid, de la Vicaría III (1985-1996) y de la Vicaría VIII (1996-1998). Fue preconizado Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante el 19 de junio de 1998. Recibió la Ordenación Episcopal en Alicante el 19 de septiembre del mismo año. Preconizado Obispo de Ávila el 9 de enero de 2003, tomó posesión de la diócesis el pasado 23 de febrero de 2003, domingo. CARGOS DESEMPEÑADOS: Capellán de la Residencia Universitaria Torrecilla (Valladolid, 1971-75); Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Villaverde (Madrid, 1977-79); Dir. de la Residencia Divino Maestro (Valladolid, 1964-66); Dir. de la Revista "Ekumene" (1966-71); Coordinador del Movimiento "Ekumene" en Andalucía (1966-71); Secretario General de la Vicaria III (Madrid, 1979-85); Vicario Episcopal de la Vicaría III (Madrid (1985-96); Vicario Episcopal de la Vicaría VIII (Madrid (1996-98). Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante (1998-2002) CARGOS EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1999-) y Relaciones Interconfesionales (1999-). ACTIVIDADES: Profesor de E.G.B. (1962-64); Prof. titular en Estudio Agustiniano (Valladolid, 1972-74); Colaborador del C.S.I.C. (1974- 76); Profesor del Instituto Internacional de Teología a Distancia (Madrid, 1977-98); Profesor de Radio ECCA (1977-98). PUBLICACIONES: Destacan entre todas ellas: Catequesis de primera comunión, en colaboración (Madrid: Studio 1968); su Tesis doctoral El ciento por uno. Historia de las interpretaciones y exégesis, (Madrid: C.S.I.C. 1977). Ha colaborado en el Departamento de Producción del Instituto Internacional de Teología a Distancia (1977-1998).