San Narciso: ¡Testimonios del evangelio de la felicidad!

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas         El próximo jueves celebramos la fiesta de san Narciso, nuestro patrón, y las ferias de Girona. “Patrón” significa “modelo”, y alguien puede preguntarse: ¿qué modelo puede ser para nosotros, cristianos del siglo XXI, la memoria de un obispo mártir?

Su memoria nos recuerda que siempre son necesarios testimonios de Jesucristo con sus propuestas de vida, pero convencidos, coherentes y gozosos.

Los testimonios de Jesús a lo largo de los siglos, entre ellos san Narciso y san Félix, nos muestran que el Evangelio de Jesús es una propuesta de felicidad.

El propio significado de la expresión “Evangelio” como Buena Noticia, la proclama de felicidad de las bienaventuranzas —la bienaventuranza de la fe, los signos o milagros que verificaban el ofrecimiento de salvación, de liberación y dignificación de la persona— y, por encima de todo, la resurrección de Jesús, como triunfo y victoria sobre la muerte y sus aliados, todo ello es causa de felicidad.

¡Qué suerte ser cristiano! Ésta es una experiencia, una convicción que debería hacerse visible en nuestro talante. El papa Francisco lo ha expresado magníficamente y de una forma razonada en su exhortación “La alegría del Evangelio”, y a través de sus homilías e intervenciones.

Yo mismo lo he formulado frecuentemente con una expresión deportiva: deberíamos estar alegres por sentir los colores de la fe cristiana. Si una expresión tiene capacidad para despertar sueños e ilusionar la vida, ésta es la felicidad. Nos situamos en lo más profundo de la persona: anhelos, ideales, valores, sueños, deseos, afectos… Pero, al mismo tiempo, es necesario tener muy presente la realidad del mal y del sufrimiento.

Sería un engaño referirnos a la felicidad silenciando el problema del mal y del sufrimiento. Plantear una felicidad que no asuma la contradicción, el dolor, que no responda a las cuestiones más dramáticas del ser humano, es plantear un felicidad irreal, ilusoria e imposible. Porque este tipo de felicidad irreal no tiene respuesta ante el gran problema de la muerte, ni ante las muchas heridas que ya no podemos cerrar; al hecho de la pobreza y del hambre en los llamados Tercer y Cuarto Mundo; a todo tipo de marginación, de opresión; a la muerte de los inocentes, al drama del hambre, a los sufrimientos de tantas personas obligadas a emigrar de su tierra; a la violencia; a las familias rotas, a las persecuciones…

Hoy, desde muchos campos, se habla de felicidad, de propuestas de felicidad. Sin embargo, constato que Dios es el gran ausente en la comprensión y en el discurso actual, de jóvenes y mayores, en relación a lo que significa ser feliz.

En una encuesta sobre la búsqueda de la felicidad solo algunas respuestas se referían a Dios. Lo que es peor: con frecuencia, cuando se habla de Dios, se hace como si fuese un impedimento que ahoga el gozo de vivir.

Es necesario recuperar a Dios para recuperar la felicidad y, al mismo tiempo, necesitamos de una auténtica búsqueda de la felicidad en la condición humana para recuperar a Dios.

Hoy en día, este testimonio lo hemos de ofrecer nosotros: personas, familias, parroquias, instituciones eclesiales, comunidades religiosas; y ha de poder ser captado por los que ya creemos, por los que han sido bautizados pero que no viven de acuerdo con esta condición, por los que no saborean el consuelo de la fe y no tienen una pertenencia cordial a   la Iglesia; y al mismo tiempo, por quienes no conocen a Jesucristo, lo han dejado o lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro.

Los cristianos tenemos el deber de anunciar el Evangelio de la felicidad sin excluir a nadie, no como quien impone una obligación, sino como quien  comparte una alegría… no por proselitismo, sino por “atracción”.

¡Felices fiestas de San Narciso!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.