Dime cómo programas la catequesis y te diré…

Plasencia Rodriguez Magro AmadeoMons. Amadeo Rodríguez        Queridas parroquias:

Me consta que acabáis de programar la catequesis parroquial. Aunque me gustaría que todos entendiéramos lo mismo y fuera una catequesis que abarcara a todas las edades y, en especial a la edad adulta, estoy pensado sobre todo en la catequesis de infancia y adolescencia, es decir, la habitual que se programa en las parroquias. Pues bien, sobre lo que os habéis propuesto hacer, me gustaría reflexionar con todos vosotros; y, para empezar lo que os quiero decir, me vais a permitir que lo haga con este aforismo: Dime qué catequesis programas y te diré qué cristianos estás haciendo. Como bien sabéis, con la iniciación cristiana, que incluye la acción catequética, vamos haciendo, de generación en generación, los nuevos cristianos, los que han de vivir su fe en el hoy y en el mañana de la Iglesia y del mundo.

Por eso, lo primero que hemos de preguntarnos si nuestro programa ha tenido en cuenta el momento y la situación presente de la sociedad y de la Iglesia; porque los cristianos los hacemos hoy con sus circunstancias, que son, evidentemente muy especiales y, si me lo permitís también muy complejas. Ya de entrada os digo que nuestra programación catequética ha de tener presente desde sus primeros pasos la necesidad de suscitar la fe; porque, de lo contrario, cómo vamos a iniciar en lo que no tiene valor para el clima familiar, ambiental, educativo e incluso interior de nuestros niños y niñas. La evangelización, el primer anuncio está “a la orden del día” de nuestra acción pastoral, en cualquier etapa de la iniciación cristiana y, por supuesto, en toda la pastoral de la Iglesia. Situado bien este punto de partida, hay que hacer el itinerario catequético, que esté muy bien situado en la iniciación cristiana y esté diseñado para la compleja, pero maravillosa tarea de hacer cristianos.

Etapa del despertar religioso (niños de 0-6 años). Si comenzamos el itinerario de iniciación cristiana, hemos comenzado en el momento oportuno. Siempre hay que garantizar, en la medida que de lo posible, que los niños y niñas hagan con naturalidad su despertar religioso. Serán los padres y los abuelos los que, acompañados por la parroquia, garanticen los primeros pasos de la fe de los niños. Donde esto no fuera posible -algo que hoy va siendo casi habitual- el despertar religioso lo ha de hacer la parroquia. Por eso, hoy es muy importante comenzar la catequesis de iniciación cuanto antes. Por lo menos de 3 a 6 años ya deberíamos programar en las parroquias los primeros pasos de la iniciación cristiana. En esta etapa hay que acompañar a los niños con los padres; pero siempre será mejor acompañar a los padres con los niños. Hoy tenemos unos instrumentos preciosos para hacer esto, y que recomiendo especialmente: el Catecismo “Los primeros pasos de la Fe”.

Etapa de la iniciación sacramental (Niños de 6-10 años). Luego, en torno a los 6 años, vendrá una etapa en la vida de los niños, que estamos llamando la “etapa de la iniciación sacramental”. En ella, como sabéis, se sitúan los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia. Sin embargo, hay que entenderla no tanto como preparación a esos sacramentos, sino como el periodo de la vida del niño en el que van a adquirir los primeros rudimentos de la fe, las primeras actitudes cristianas y, a medida que lo van conociendo, van a descubrir el proyecto de Dios sobre su vida, al tiempo que empiezan a participar en la experiencia de vida de la Iglesia. Lo de la preparación para la primera comunión, debería de desaparecer del lenguaje catequético para hablar siempre de una etapa del itinerario o proceso de iniciación cristiana. Lo más que se debe decir es que en este periodo de iniciación se va a producir la “plena participación de los niños en la celebración eucarística”. Por este periodo del itinerario, podemos transitar perfectamente con el Catecismo “Jesús es el Señor”.

De los 10 a los 14 años aproximadamente vendrá la siempre especial y no fácil etapa de nuestros chicos y chicas, que ha de ser siempre acompañada. Y digo esto porque nuestra programación pastoral a veces no lo hace: unas veces porque programamos y convocamos para una catequesis de preparación sacramental (Primera comunión y Confirmación) y, en otras, porque utilizamos el Sacramento de la Confirmación para unos fines que no les corresponde, posponiéndola además, para edades muy tardías y, lo que es peor, quedando a los chicos sin acompañamiento catequético en un periodo de la iniciación cristiana especialmente sensible para el desarrollo de la fe , quedando a los chicos sin acompañamiento catequético y pastoral. Me refiero a la interrupción de la catequesis, tras el periodo de la iniciación sacramental. Entiendo que es un grave error, del mismo modo que es un error retener a los chicos con el reclamo de un sacramento. Hay que ilusionarlos con otros objetivos y razones que les muevan a la búsqueda libre del seguimiento de Jesucristo.

Etapa de la primera síntesis de la experiencia religiosa (niños de 10 a 12 años). De los 10 a los 12 años tenemos la gran oportunidad de ofrecer a los chicos y chicas una primera síntesis de la fe y de ayudarles a crecer en su vida cristiana por medio de la oración, de su inserción en la comunidad, de su participación en el culto y de su compromiso en el mundo.

Etapa de la personalización de la fe (adolescentes 12-14 años). De los 12-14 años, conocidos como preadolescencia, en el que los chicos y chicas entran en una etapa de replanteamiento de la fe, necesitan todo lo anterior y precisan un acompañamiento maduro, formado y muy específico a su situación. En esta etapa se pone en juego la vocación cristiana de los chicos, porque es tiempo de ir diseñando un modelo de vida cristiana.

En nuestra práctica habitual, hasta ahora es en este periodo del itinerario en el que se suele situar el Sacramento de la Confirmación, que ha de tener una preparación específica. No obstante, hay que saber explicar que la Confirmación confiere el don del Espíritu Santo con “una mayor efusión” (RICA 34) y sella la novedad de la vida inaugurada en el Bautismo, pues la Confirmación se ha de sumar armoniosamente al Bautismo. Por eso se evitará proponerlo como sacramento de la madurez. Habrá que ayudar a padres y de un modo especial a los chicos y chicas a que comprendan que es la Eucaristía el Sacramento meta de la iniciación de cada cristiano. La Eucaristía es el horizonte de los tres sacramentos. De hecho, el vértice de toda acción educativa “está en la preocupación de disponer a los fieles a hacer del misterio eucarístico la fuente y el culmen de toda la vida cristiana” En esta última etapa del itinerario nos encontraremos muy seguros si nos movemos con el Catecismo “Testigos del Señor”.

Lo que venga después de la iniciación cristiana, que tiene que venir, ya pertenece a la pastoral ordinaria de la comunidad, en este caso la juvenil. Evidentemente, con la programación no basta, pero ya con eso daríamos un paso de gigante en la renovación de nuestra catequesis de iniciación cristiana. En la próxima carta entraremos en el contenido que nos ha de conducir por la preciosa e imprescindible tarea de iniciar en la fe y en la vida cristiana, en nuestra responsabilidad de hacer cristianos.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.