Jacinto Núñez Regodón, Vicerrector de la UPSA: “Antes de nada soy sacerdote; he de ser fiel a esa vocación original y primera”

 

Toma de posesión de profesores titulares. fotografía: Enrique Carrascal
Enrique Carrascal

Natural de Santa Ana, en la provincia de Cáceres, el sacerdote de la diócesis de Plasencia D. Jacinto Núñez Regodón es el nuevo Vicerector de la Universidad Pontficia de Salamana (UPSA), donde ocupaba el decanato de la Facultad de Teología. Es miembro de la Comisión Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española y pertenece al Consejo Editorial del semanario Vida Nueva.

–¿Cómo recibió la noticia de su nombramiento?

En cierto sentido me sorprendió que la nueva rectora, profesora Myriam Cortés, me pidiera ser su vicerrector. Yo me encontraba muy a gusto como decano de Teología, pero entendí las razones que me dio ante una reticencia inicial por mi parte. En algún momento he tenido sensación de debilidad: ¿estoy realmente capacitado para este cargo? Hubo unos días que deseé ardientemente que la rectora cambiara de opinión antes de hacerlo público y que se lo pidiera otro. Pero, finalmente, he sentido la paz y la alegría que uno experimenta cuando acepta un cargo no por intereses personales sino por actitud de servicio. Tenía que dar un paso adelante en esta etapa nueva de la Universidad, regida ahora por una mujer, laica, madre de familia. Sin duda, un tiempo nuevo.

 –¿Qué significa para usted?

Se abre, sin duda, un capítulo diferente de una historia cuyo eje vertebrador está bien definido: antes de cualquier otra cosa soy sacerdote y entiendo que he de ser fiel a esa vocación original y primera. Mi obispo Mons. Amadeo Rodríguez Madro y la diócesis de Plasencia han tenido la generosidad de “expropiarme” para el servicio de esta Universidad Pontificia, que es la Universidad de la Conferencia Episcopal Española. Sea en las tareas estrictamente académicas o en estas de gestión que ahora se me encomiendan, me comprendo a mí mismo como sacerdote de Plasencia al servicio de una universidad católica y, en consecuencia, con el empeño de lograr el diálogo de la fe con la cultura.

–¿Qué obligaciones implica?

Como vicerrector tengo la responsabilidad de colaborar con la rectora y el otro vicerrector, profesor Pedro Sangro, en el gobierno general de la Universidad, afrontando los retos que existen en este momento con relación a la calidad académica, la investigación y la innovación. El objetivo último es que de nuestras aulas salgan profesionales competentes y comprometidos con los problemas de la sociedad y puedan, de esta forma, colaborar en la construcción de un mundo más justo y humano. Es complejo el gobierno de una institución que tiene cientos de trabajadores (profesores y personal de administración y servicios) y miles de alumnos que forman una comunidad humana y académica, sí, pero también una empresa llamada a ofrecer “productos” atractivos y útiles para la sociedad.

 –¿Estas tareas de gobierno universitario entran en conflicto con la actividad de profesor?

Como suele ser habitual en estos casos, he reducido mis horas semanales de clase, pero sigo explicando las materias más específicas de mi especialidad. Por otra parte, no dejaré de preparar conferencias tanto para ambientes académicos como para otros de naturaleza pastoral-eclesial. Supongo que se va a resentir sobre todo la investigación, que es un aspecto esencial para un profesor universitario. Veremos cómo podemos llegar a todo, pues los días no tienen más de 24 horas.

–¿Cómo fue la ceremonia de toma de posesión?

Aunque parezca una contradicción, fue solemne y sencilla. Ya el marco de nuestra Aula Magna es imponente, pero la presencia numerosa de familiares, profesores, alumnos y demás personal de la Casa fue de una gran calidez humana. El nuevo equipo rectoral siente que se nos ha acogido con mucho afecto y confianza. Lo agradecemos mucho y, al mismo tiempo, nos sentimos muy comprometidos para no defraudar la esperanza depositada en nosotros.

En la “Ponti” –así llamamos cariñosamente a nuestra Universidad– hay un personal de gran categoría humana y profesional. Nos gustaría saber valorar ese potencial, aprovechando lo mejor de cada uno para ponerlo al servicio de todos. En la toma de posesión pedí que si yo no lo hacía así, por favor me corrijan, empezando por la rectora.

–¿Qué le han dicho sus familiares y amigos?

La familia y los amigos se alegran normalmente de que le encomienden a uno tareas de responsabilidad, pero, por encima de todo, ellos quieren que yo trabaje con actitud de servicio a los demás, que es, al fin y al cabo, lo que nos proporciona la auténtica realización personal. Tras las muchas felicitaciones recibidas en estas semanas experimento también la cercanía de la oración. Eso me fortalece interiormente. En ese sentido, estos días he pensado mucho en mi madre, q.e.p.d. Ella era muy madura y no se quedaba en la anécdota de las cosas ni en el boato de los cargos. Lo que quería es que cada uno cumpliera con su obligación en fidelidad al Señor. Y para ello nos acompañaba con su oración, con un especial afecto eclesial por las tareas ministeriales de su hijo sacerdote. Seguro que también ahora sigue siendo una intercesora fiel.

(Iglesia en Plasencia)

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