Conversión misionera

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano       El inicio de este nuevo curso, coincide con la renovación de dos órganos fundamentales en la vida de nuestra iglesia diocesana: el Consejo Diocesano Pastoral y el Consejo Presbiteral. Después de desempeñar su trabajo con eficacia, conforme a los plazos establecidos, y de preparar y desarrollar el Plan Diocesano de Pastoral recientemente ejecutado, se está procediendo a la elección de los nuevos miembros de ambos consejos. Quisiera dar las gracias a los consejeros salientes por la tarea realizada con ilusión y generosidad y animar a los que se van a incorporar a seguir trabajando para anunciar el Evangelio en nuestra diócesis en las circunstancias actuales.

El Consejo Presbiteral y el Consejo Diocesano Pastoral son órganos fundamentales en la tarea evangelizadora de la diócesis y están alentados y regulados por el Código de Derecho Canónico. También el Papa Francisco los valora muy positivamente resaltando su participación en la misión evangelizadora de la Iglesia: “El obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). (…) En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos”. (EvG 31).

Estamos pues, conforme a la enseñanza de Francisco, no solo ante organismos estructurales sino, principalmente, misioneros. Para ello es necesario plantear lo que el Papa llama la conversión misionera: “Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. (…) Es la Iglesia encarnada en un espacio determinado, provista de todos los medios de salvación dados por Cristo, pero con un rostro local. Su alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales. Procura estar siempre allí donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado. En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma”. (EvG 30). Por eso alienta a todos los evangelizadores: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una «simple administración». Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un «estado permanente de misión». (EvG 25).

Nuestras estructuras diocesanas deben impulsar un nuevo dinamismo evangelizador en nuestra diócesis. Estamos ante grandes retos que a nadie se nos ocultan y  que entre todos debemos afrontar. El desafío está en redescubrir caminos para que todas las tareas que emprendamos estén llenas de audacia, alegría, generosidad, trabajo y mucha gracia de Dios. “Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo”. (EvG 26).

Estoy seguro que, con la ayuda de Dios, en las próximas semanas, conforme vayamos constituyendo los nuevos consejos, serán muchas las iniciativas que surjan para asociarnos a ese estado permanente de misión al que nos llama el Papa Francisco.    

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.