Santa Teresa de Jesús Y San Felipe Neri

Ricardo Blazquez Arzobispo ValladolidMons. Ricardo Blázquez        Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri nacieron el año 1515; ambos fueron canonizados el 12 de marzo de 1622. Santa Teresa me ha sido familiar por razón de cercanía geográfica y de común pertenencia a la Diócesis de Ávila; desde el Seminario, iniciado sobre todo por el Rector, frecuenté la lectura de las Obras de Santa Teresa. No puedo olvidar el mes de julio de un verano que leí seguidamente sus escritos. Comprendí lo que a veces escuché en Ávila que las Obras de la Santa se caen de las manos solo dos veces: La primera cuando se comienza su lectura y de pronto ante las muchas extrañezas que chocan concluimos apresuradamente: Esto no es para mí. Pero como se retomen, no se caen hasta que la muerte nos las quite de las manos.

Felipe Neri murió en Roma el 26 de agosto de 1595, aunque había nacido en Florencia. Murió conocido popularmente por su bondad alegre; mereció el apelativo de “apóstol de Roma”. Es un modelo luminoso de la misión permanente de la Iglesia en el mundo. Se acercó a los niños, que hoy llamaríamos “niños de la calle”, por su desarraigo familiar y humano, como un mensajero del Evangelio, del amor y de la amistad. Con comprensión y cercanía les decía: “Sed buenos, si podéis”. Felipe unía la oración y la acción, precediendo la oración para preparar el espíritu a las obras de la caridad. Decía; “Amigos, la hora de la oración ha terminado, pero no ha terminado la hora de hacer el bien”. Como en  Teresa, Jesucristo era el centro de su vida y de su misión, desde el cual caminaba hacia todas las periferias humanas. “El que quiera otra cosa que a Cristo, no sabe lo que quiere, el que busca otra cosa que a Cristo, no sabe lo que busca”. En Roma trató con las personas más significativas del tiempo igual que con los más pobres y empobrecidos de la ciudad. Dejó una huella profunda.

Con San Felipe Neri se han estrechado últimamente los lazos de mi vida. El día 14 de febrero de este año, en la celebración del Consistorio de creación de cardenales, el Papa Francisco me asignó el título de “Santa María in Vallicella”. Recordemos que en nuestra diócesis hay una iglesia llamada de San Felipe Neri y en ella tiene sus sede una “congregación de sacerdotes” diocesanos. Por estas coincidencias Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri me resultan particularmente familiares.

Las celebraciones del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa comenzaron el 15 de octubre del 2014 y terminan el mismo día del 2015. En cambio, las celebraciones del V Centenario de San Felipe han comenzado el día 26 de agosto de este año y concluirán el mismo día del año próximo. Por este motivo, y para que dentro de las celebraciones del V Centenario tuviera lugar mi toma de posesión en la iglesia de Santa María, han preferido retrasarla algunos meses. Yo también he preferido este retraso para que coincidiera con la Asamblea del Sínodo de los Obispos, en que participaré D.m. La toma de posesión tendrá lugar el día 11 de octubre, pocos días antes de la clausura del Año Jubilar Teresiano en Ávila.

Nos alegramos de que el Papa haya elegido para la medalla conmemorativa del año tercero de su pontificado la representación de Santa Teresa de Jesús como escritora, el bello cuadro del convento de las carmelitas descalzas de Medina del Campo, que fue también la del recordatorio de la celebración de creación de cardenales en Roma. Confío que tan buenos amigos protectores, San Felipe Neri y Santa Teresa, intercedan para que pueda cumplir evangélicamente la misión nueva que se me ha encomendado.

Teresa de Jesús es “maestra de oración”, y a su escuela hemos acudido muchas veces durante el año del Centenario que está a punto de concluir. Es una buena maestra que ha abierto una escuela valiosa para las generaciones que se van sucediendo. Pues bien, también San Felipe Neri es apóstol a cuya escuela somos invitados y nos ayuda mucho frecuentarla.

Las oraciones de la Eucaristía de su fiesta nos transmiten tres lecciones preciosas. En la oración colecta de la Misa pedimos a Dios que el Espíritu Santo nos inflame con el fuego que penetró admirablemente el corazón de San Felipe. El ardor apostólico es básico e insustituible en el misionero. Si no nos mueve y arrastra el celo apostólico, padeceremos, como dijo San Juan de Ávila, “barato de almas”. Necesitamos que el amor de Cristo nos apremie (cf. 2 Cor. 5, 14) para trabajar incansablemente y para cargar con la cruz de la misión.

La segunda oración, es decir la de las ofrendas, recuerda otra preciosa lección cristiana aprendida en el seguimiento de Jesús: Que a ejemplo de San Felipe Neri sirvamos siempre alegres a Dios y al prójimo. También aquí se unen los dos santos a los que nos referimos; Santa Teresa no quería caras largas en sus conventos; e insistía en que no tienen por qué ir unidas la devoción y la tristeza. ¿No necesitamos también nosotros que desde el corazón se manifieste en el rostro y en la vida el gozo del Evangelio, como nos ha pedido desde el principio de su ministerio como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal el Papa Francisco? El gozo nace del Evangelio recibido y es evangelizador.

En la tercera oración, la que rezamos después de la comunión, pedimos que imitando a San Felipe deseemos el alimento que da la vida verdadera. ¿Qué buscamos en la vida y en qué gastamos nuestras fuerzas, en el alimento que no sacia o en la comida y la bebida que llenan el corazón y las aspiraciones más hondas de la vida?

El domingo día 11, desde la iglesia donde está enterrado san Felipe Neri, me acordaré de vosotros. Merece la pena acudir a estos dos maestros geniales y fecundos, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri, para ser buenos discípulos y apóstoles.

+ Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

 

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)