Domund: “¡Hay de mi si no anunciase el evangelio!”

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas          En la Jornada Mundial de las Misiones, que celebramos este domingo, he recordado esta expresión del apóstol san Pablo, el gran misionero y evangelizador. Lo he hecho pensando en la multitud de misioneros y misioneras que, urgidos por la necesidad de evangelizar a todo el mundo, han dejado familias, amigos, países de origen, comodidades… para ir donde han creído, por ellos mismos o porque se les ha indicado, que era necesario su testimonio.

Podemos poner rostro a estos misioneros y misioneras. Conocemos algunos, y hemos escuchado sus experiencias cuando vuelven para visitar a la familia, para formarse o para descansar.

Esta gran generosidad por evangelizar ha dado mucho fruto. Hoy, las iglesias de los países de misión, en muchos lugares, son un ejemplo de vitalidad, de testimonio evangélico, de crecimiento  responsable.

El padre Joan Soler, misionero en el Togo, nos explicaba en el curso de una reunión de sacerdotes ordenados los últimos años que en su parroquia las celebraciones son del todo  vivas y festivas, con una gran participación. Y que en el catecumenado se preparan, durante dos años, más de mil jóvenes —y adultos— para ser cristianos. Se refería a  al interés por una formación continua, a la responsabilidad de las comunidades de los diversos poblados con sus catequistas… Provocaba en nosotros una sana envidia.

Así mismo, también se refería a las muchas necesidades materiales que tienen para mantener las instituciones de formación, de acogida y de ayuda.

La mayoría de instituciones de Vida Consagrada tienen vocaciones en las iglesias de los países de misión y no en nuestra sociedad noroccidental, con lo que eso supone de vitalidad eclesial. Es un hecho constatable que, en estos momentos, sacerdotes de los países a los que desde aquí se enviaron sembradores del Evangelio han llegado hasta nosotros para servirnos pastoralmente a causa de la falta de vocaciones. También sucede con los seminaristas. Los obispos de aquí hemos de pedir ayuda a los obispos de aquellas iglesias.

Sin embargo, es necesario seguir enviando misioneros y misioneras: debemos sostener a los que siguen allí ejerciendo la misión con gran entrega, pero sufriendo limitaciones materiales para acoger, ayudar, sanar, predicar y celebrar los sacramentos.

En términos económicos podríamos decir que la inversión hecha en personas y bienes durante años en muchos países, está ahora rindiendo en nuestras iglesias de Europa. La razón más profunda es la comunión eclesial y la urgencia de ofrecer a todos la propuesta y los dones de Jesús.

El papa Francisco, en su mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones, nos escribe: “La misión no es proselitismo o mera estrategia; la misión es parte de la “gramática” de la fe, es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que murmura “ven i ves”. Quien sigue a Cristo se convierte necesariamente en misionero, y sabe que Jesús camina con él, respira con él. Percibe que Jesús vive en él en medio de la tarea misionera.

La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión hacia su pueblo.

Hoy día, la misión se enfrenta al reto de respetar la necesidad de todos los pueblos, de partir de sus propias raíces  y salvaguardar los valores de las culturas respectivas… porque el Evangelio de Jesús es luz y fuerza transformadora para las culturas”.

Conviene recordar que todos hemos de convertirnos en misioneros en nuestro entorno más próximo y en nuestra diócesis, pero esta jornada nos ayuda a valorar, a dar gracias y a colaborar con todos los que han sido enviados a otros países, nuestros misioneros y misioneras. Ellos y ellas están allí representándonos también a nosotros: están allí en mi nombre y en el tuyo.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.