El sacerdote y la Eucaristía para la comunidad

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez     Cuando el Concilio habla de las funciones de los presbíteros señala cómo la Eucaristía es el punto central de referencia. “Los otros sacramentos, así como todos los ministerios eclesiásticos y obras de apostolado, están íntimamente trabados con la Sagrada Eucaristía y a ella se ordenan”. “Y es que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia” (PO 5). Es evidente que el Orden Sacerdotal está en relación directa con la Eucaristía. Ambos sacramentos nacieron juntos en la Última Cena. Hay un influjo causal de dependencia mutua entre la Iglesia, la Eucaristía y el orden sacerdotal. Existe una dependencia triple. La Iglesia nace del misterio pascual y ordena sacerdotes, los sacerdotes consagran la Eucaristía y la Eucaristía alimenta a la Iglesia y al sacerdote. Por eso el ministerio sacerdotal y la Eucaristía son un don indispensable para las comunidades.

Celebrar la Eucaristía es una gracia para el sacerdote. Por la gracia de Dios hace de puente entre el cielo y la tierra. Trae a la tierra al mismo Dios. Sabe que está proporcionando el más preciso alimento a los fieles. Ninguna otra actividad pastoral, ni de predicación, ni de catequesis, ni de asistencia caritativa, es tan potente y fundamental como la Eucaristía para construir la comunidad. Es lo más importante que hace el sacerdote. Tiene bien asumido que “no se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio la celebración de la Sagrada Eucaristía” (PO 6). Por eso la Eucaristía es el centro de su ministerio. La Eucaristía incide decididamente en la vida de los sacerdotes para el bien del pueblo cristiano.

Es una inquietud y una tarea de los sacerdotes enseñar al pueblo cristiano a conocer la liturgia, el sentido de los signos y la celebración. De este conocimiento surge la participación activa en las oraciones, cantos y movimientos rituales con plena conciencia de modo que las comunidades “alaben cada día con más perfección a Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo” (PO 5). Los sacerdotes dan a las celebraciones de la Eucaristía el relieve que merecen porque son conscientes de la grandeza de este regalo para la vida de las comunidades.

Las comunidades cristianas saben cuál es su alimento y qué necesidad tienen de él. Lo expresa bien san Juan de la Cruz: “Que bien sé yo la fonte do mana y corre, aunque es de noche. Aquesta eterna fonte está escondida en este vivo pan por darnos vida”. Así pues, la Iglesia es una comunidad eucarística. “La Iglesia vive de la Eucaristía”. Esta afirmación es el título de una encíclica de San Juan Pablo II.

La Eucaristía es un misterio de la fe. En el humilde signo del pan y del vino está presente el mismo Cristo que se hace compañero y alimento del camino de la vida. Después de la consagración el sacerdote hace una profunda genuflexión ante el misterio expresando su fe. Después proclama admirado y abrumado por tan gran sacramento: ¡Este es el sacramento de nuestra fe! Los fieles responden ratificando con fe, convicción y entusiasmo las palabras del sacerdote: Anunciamos tu muerte, proclamaos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

La participación en el Eucaristía es plena cuando se recibe la sagrada comunión. Esta comunión produce muchos bienes. Entre otros, la unidad, el impulso de la caridad, la capacidad de perdón, el empuje hacia una vida cristiana pujante en el testimonio valiente y las buenas obras. La Eucaristía es el pan de los fuertes, el alma de todo apostolado. Es necesario comulgar con frecuencia, bien preparados y con el alma en gracia, con buenas disposiciones, para tener en nosotros la vida abundante del Señor.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).