Carta Pastoral del Obispo de Cuenca al inicio del nuevo año pastoral 2015-2016

yanguas_cuencaMons. José María Yanguas           Queridos sacerdotes, religiosos/as, fieles laicos: A todos hago llegar un cordial saludo con mi sincero agradecimiento por vuestra disponibilidad para asumir un curso más las tareas encaminadas a fortalecer la fe de todo el pueblo santo de Dios, para hacer cada vez más viva y activa la celebración de los Santos Misterios y para ordenar y disponer las cosas de este mundo según el querer y los planes de Dios.

Nos disponemos a dar inicio al último de los tres años que contempla el Plan Pastoral Diocesano 2014-2016, elaborado con la intención de descubrir los modos de cumplir mejor la tarea que el Señor nos confió y con la voluntad de hacerlos realidad.

En los dos años pastorales transcurridos hemos ido poniendo el énfasis en una u otra de las acciones previstas en los distintos campos o ámbitos pastorales de dicho Plan: el referido a la vida litúrgica del pueblo cristiano, el relativo a su formación doctrinal religiosa, el correspondiente a las iniciativas con la gente joven y, por último, el concerniente a la actividad “samaritana”, caritativa, de la Iglesia.

Los frutos del trabajo realizado en estos años los conoce el Señor. A Él dejamos su “recuento”. Por nuestra parte queremos en este momento renovar el propósito de un alegre y esperanzado empeño en el servicio a nuestros hermanos y hermanas, de manera especial a los que a lo largo de los años han visto cómo iba enfriándose su fe, a aquellos otros que la han relegado en un rincón  de sus vidas y a quienes, quizás, nunca han gozado de su calor. Pido a Dios que éste no sea un mero propósito, bueno pero ininfluyente, en nuestra actividad personal y en la de nuestras comunidades cristianas, parroquiales.

En este curso pastoral 2015-2016, estos son los objetivos que nos proponemos como diócesis:

1) Escucha y acogida de la Palabra de Dios.

En primer lugar, en este nuevo curso pastoral, en continuidad con el Año Teresiano, seguiremos alentando la escucha atenta y la acogida reverente de la Palabra de Dios, ayudando a los fieles a entrar por caminos de oración, favoreciendo la oración litúrgica en las parroquias y fomentando la adoración al Ssmo. Sacramento, de manera que quede expuesto, semanal o diariamente, durante algún tiempo, a la veneración de los fieles. En ese tiempo debería encontrar lugar la oración a Dios Nuestro Señor por las vocaciones sacerdotales y también por aquellas religiosas.

2) Plan Diocesano para la Iniciación Cristiana.

En segundo lugar, implementar en todas las parroquias el plan diocesano para la iniciación cristiana será una tarea que seguirá exigiendo una permanente atención, hasta que quede plenamente incorporado en la actividad catequética de todas las parroquias y de todos los agentes de pastoral. Disponemos ya del texto del Directorio Diocesano para la Iniciación Cristiana, después de un tiempo de experimentación y de diversas revisiones del mismo. En su elaboración han colaborado sobre todo la Delegación de Catequesis y algunos expertos en Derecho Canónico sacramental, pero también párrocos y catequistas que han hecho aportaciones, sugerido correcciones y señalado deficiencias. Disponemos de un instrumento en el que se concretan normas y se ofrecen directivas y orientaciones que servirán para asegurar la tan deseada y necesaria unidad en este campo. Desde tiempo atrás, con insistencia creciente, se viene pidiendo criterios comunes en la iniciación cristiana y en la relativa práxis sacramental. También a este propósito sirve el Directorio Diocesano. En él se precisan con claridad textos, tiempos y modos, que son válidos para todos. Con el Directorio no se quiere prescindir de la iniciativa personal, ni pasar por alto la particular experiencia adquirida por muchos catequistas a lo largo de años, ni imponer una uniformidad imposible. Ofrece, sí, el marco en el que debe desarrollarse la actividad catequética diocesana e individúa los textos que deben seguirse. Los subsidios empleados en la actividad catequética deberán estar al servicio y en ningún caso substituir los Catecismos aprobados por la Conferencia Episcopal Española. Es un momento propicio para dar un salto de calidad en nuestras catequesis, esmerándonos en la formación de quienes las imparten, cuidando las reuniones preparatorias y la didáctica de las sesiones, y procurando una exposición orgánica y completa de la fe y de la moral católicas. Todo ello sin olvidar que el objetivo final es la iniciación cristiana, es decir, la formación en la fe, la introducción a la vida sacramental y a la oración, y el comienzo de una vida verdaderamente cristiana presidida por el Mandamiento del Señor: el amor a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas… y al prójimo con el mismo amor de Dios.

3) Matrimonio y familia.

El Sínodo de los Obispos y el Magisterio y las enseñanzas del Santo Padre nos abrirán en este año horizontes y vías concretas para relanzar la pastoral de la familia. En su momento, como Iglesia diocesana, deberemos estudiar y tratar de poner fielmente en práctica la reflexión y directivas de la Iglesia en este punto. Mientras llega ese momento, cuidaremos con esmero los cursillos previos al matrimonio; no nos conformemos con unas pocas sesiones que son del todo insuficientes para mostrar la belleza del amor humano tal como lo ha querido el Señor; busquemos modos de acompañamiento a los nuevos esposos y ocasiones para salir a su encuentro; acerquémonos a aquellos que han sufrido y sufren por diversos motivos, y ayudémosles con el anuncio del amor misericordioso de Dios para con todos.

4) Pastoral juvenil, universitaria y vocacional.

La pastoral juvenil, universitaria y vocacional, serán objeto a partir de ahora de los cuidados de una única Delegación, articulada en esos tres sectores. Somos conscientes de que se encuentran estrechamente unidos, y de que la suerte de uno de ellos está ligada a la de los demás.

Hemos comenzado un nuevo curso en los Seminarios de la diócesis. Lo hemos hecho con ilusión renovada y comprometida. Agradezco públicamente la dedicación y entrega de quienes se han ocupado hasta ahora de la formación de los candidatos al sacerdocio, y encomiendo de manera especial a quienes, con plena e inmediata disponibilidad, lo harán a partir de este curso.

Agradecemos, sobre todo, a Dios Nuestro Señor la ordenación de dos nuevos presbíteros en el mes de junio pasado y la incorporación al Seminario Menor de tres nuevos candidatos y de dos más al Mayor. Nos empeñaremos en que el decidido impulso dado el pasado curso a la pastoral vocacional se consolide e intensifique en el presente. Cuento para ello con las oraciones de todos –en especial con las de nuestras queridas hermanas las religiosas de clausura–, con la generosidad de los padres cristianos, con la colaboración de catequistas y formadores, con la inestimable aportación de los sacerdotes en general y de los párrocos en particular, y, en fin, no en último lugar, con el alegre testimonio y el apostolado personal de nuestros seminaristas. Las perspectivas, queridos hermanos, son alentadoras. A Ntra. Señora la Virgen de las Angustias, a san Julián y a san Juan Pablo II encomiendo muy especialmente esta tarea, fundamental para la vida de la diócesis.

5) Año de la Misericordia. A nadie escapa que la celebración del Año de la Misericordia lleva a reservar una atención del todo particular a esta iniciativa del Papa Francisco. La insistencia de su predicación sobre este tema nos confirma en la convicción de que nos hallamos ante algo querido por Dios en estos momentos de la historia de los hombres y del peregrinar del pueblo santo de Dios en este mundo. Esa convicción nos lleva a dispensarle una especial atención.

En la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia Misericordiae vultus nos ha recordado el Papa algunas verdades fundamentales de nuestra fe, que es preciso proclamar, una y otra vez, como Buena Nueva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre” (MV, n.1), nos dice, y “con su palabra, con sus gestos y toda su persona revela la misericordia de Dios” (ibidem). Si es siempre necesario a los hombres contemplar el misterio de la misericordia divina, con mayor razón aún en nuestros días, “en esta atmósfera de tercera guerra mundial por etapas que estamos viviendo”, como ha dicho el Santo Padre en la ceremonia de bienvenida a Cuba en su reciente viaje a esa nación. Para todos, la Misericordia divina “es fuente de alegría, de serenidad y de paz” (n. 2).

En efecto, como dice Papa Francisco, “hay momentos en los que de un modo más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia, para poder ser tambien nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por eso, sigue diciendo, que he anunciado un Jubileo extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (n. 3).

Como todos saben, el Año Santo iniciará el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción”. Ese día se abrirá la Puerta de la Misericordia, “a través de la cual cualquiera que entre podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza” (n. 3).

Quiere el Papa que el domingo siguiente a la solemnidad de la Inmaculada, III de Adviento, como signo visible de comunión en toda la Iglesia, se abra en la Catedral de cada diócesis una Puerta de la Misericordia y se mantenga abierta a lo largo de todo el Año Jubilar. Como signo de la abundancia de Misericordia con que Dios Nuestro Señor bendecirá a su pueblo durante este año, en algunos de los principales santuarios marianos de la diócesis, además de en la Catedral, se abrirá también una Puerta de la Misericordia.

Así se hará en los santuarios de la Virgen de las Angustias y de la Luz en Cuenca, de la Virgen de Riánsares en Tarancón, de la Virgen de Manjavacas en Mota del Cuervo, de la Virgen de Rus en San Clemente, de la Virgen de Consolación en Iniesta-Villalpardo, de la Virgen de Tejeda en Tejeda, de la Virgen de la Misericordia en Puebla de la Almenara y en el convento de San Miguel de las Victorias en Priego. Los párrocos o rectores en los que se encuentran dichos santuarios celebrarán en la fecha señalada una solemne ceremonia con la que iniciará el Año Jubilar.

En la medida de lo posible, es mi propóstio peregrinar personalmente durante el Año Jubilar a dichos santuarios para celebrar en ellos una gran fiesta de la Misericordia. Deseo hacerlo con los fieles, pueblo y sacerdotes, de los arciprestazgos y zonas pastorales en donde se sencuentran situados. En su momento se os darán a conocer las fechas, que concordaremos con los párrocos y rectores. Las peregrinaciones que a ellos haremos serán un signo peculiar del camino que quiere hacer la Iglesia diocesna y servirán para estimular a la conversión sincera a Dios, dejándonos abrazar por la misericordia divina y tratando a los hermanos con esa misma misericordia. Serán momentos en que se ofrecerá a todos los fieles la posibilidad de acercarse al sacramento de la Penitencia, para reconciliarnos y recobrar la paz con Dios y con los hermanos. La Virgen Santísima llevará de la mano hasta el trono de la Misericordia divina a los fieles que acudan a honrarla en esos lugares, tan queridos para los conquenses.

A lo largo del Año Jubilar, que se concluirá en la fiesta de Cristo Rey, el 20 de noviembre de 2016, como principal objetivo de toda la pastoral diocesana, trataremos de que llegue “a todos, creyentes y lejanos, el bálsamo de la misericodia como signo del reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros” (n. 5). Un Dios que, en la plenitud de la Revelación, se manifiesa a los hombres como “un Padre que jamás se da por vencido hasta que no se haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia”, que se llena de alegría cuando perdona y su perdón es acogido por el pecador (n. 9).

Como nos dice el Papa, de esta imagen del Padre que nos ofrece el Evangelio se derivan importantes enseñanzas para nuestro estilo de vida cristiano. De ellas haremos memoria con frecuencia a lo largo del Año Jubilar y nos servirán de guía para nuestro examen de conciencia previo a la Confesión:

a) La misericordia es el criterio para conocer quiénes son realmente hijos de Dios.

b) El perdón de las ofensas recibidas –“¡no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete!” (Mt 18, 22)– es “la exprexión más evidente del amor misericordioso, y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir” (n. 9).

c) La alegría del Padre que perdona al pecador, desborda del corazón de quien lo imita en el perdón generoso y pleno. “Apartar de nosotros el rencor, la rabia, la violencia y la venganza es la condición necesaria para vivir felices” (n. 9).

d) Pero no sólo para cada cristiano particular, “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (n. 10). Toda su vida, toda su acción pastoral debe estar embebida, empapada y guiada por la comprensión, la misericordia y la ternura. Es “determinante” para la Iglesia y “para la credibilidad de su anuncio que viva y testimonie en primera persona la misericordia” (n. 12); o como dice el Papa al final de la Bula, la vida de la Iglsia “es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio” (n. 25).

El Papa Francisco nos ha precisado el estilo y los modos concretos para vivir con provecho este Año Jubilar al inivitarnos a:

– Ponernos en oración a la escucha de la Palabra de Dios, para redescubrir el rostro misericordioso de Dios, contemplar la misericordia que Él ha tenido con los hombres y asumirla como estilo de vida (n. 13).

– Reflexionar sobre las obras de misericordia espirituales y corporales para despertar nuestra conciencia y ayudarnos a descubrir las pobrezas que afligen a tantos hermanos, y acudir solícitos en su ayuda. Nos va mucho en ello, pues como fruto de esa reflexión y examen constataremos si vivimos o no como hijos de Dios y discípulos de Jesús. También nosotros queremos ahora traerlas a nuestra memoria y recordar cada una por su nombre; aquellas corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los pobres, enterrar a los muertos. Y también las espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y los difuntos.

No es necesario insistir en la dramática actualidad que tienen hoy algunas de estas obras de misericordia, en particular la acogida de los forasteros, de los extraños, de los inmigrantes. Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Toledo nos hemos dirigido a las autoridades civiles de la región para manifestar nuestra voluntad de cooperar en la medida de nuestras posibilidades en la acogida de los emigrantes provenientes de Siria e Irak. Recientemente me he reunido con nuestra Cáritas diocesana para disponer las cosas de manera que estemos preparados cuando seamos llamados a prestar esa colaboración. Os animo a todos, parroquias, institutos religiosos, familias cristianas, a excitar el celo de vuestra caridad y movilizaros al servicio de esta gigantesca obra de misericordia.

– El Santo Padre nos pide también meditar con frecuencia las palabras del Señor: “no juzguéis…, no condenéis…, perdonad…, dad” (Lc 6, 37) (n. 14), con el fin de evitar constituirnos en jueces en las causas reservadas a Dios, resistirnos a perdonar cuando se nos ha perdonado tanto o ser reacios al don habiendo sido objeto de la infinita generosidad de Dios.

– Desde ahora acogemos ya la invitación del Sumo Pontífice a vivir la Cuaresma del Año Jubilar con una superior intensidad, cuidando la práctica del verdadero ayuno querido por Dios, de la oración que nos abre a Él y a los demás, de la abstinencia de todo aquello que alimenta el egoísmo y enfría el amor. Invito de manera particular a nuestras Hermandades y Cofradías de Penitencia a acoger esta llamada del Papa.

– Papa Francisco ha recordado (n. 11) unas palabras de san Juan Pablo II en su encíclica Dives in misericordia (n. 13): “La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia –el atributo más estupendo del Creador y del Redentor– y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora”. La Iglesia ha sido hecha sierva y mediadora del amor de Cristo que llega hasta el perdón y la entrega de uno mismo. Por eso el Santo Padre está convencido de deber “poner en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia” (n. 17).

Exhorto, pues, a todos los sacerdotes, a facilitar con su disponibilidad el acceso de los fieles al “trono de la misericordia”, para obtener el perdón de sus pecados, la reconciliación y la paz. Será útil en este sentido el dar a conocer a los fieles los horarios concretos de este ministerio. Animo a celebrar en los arciprestazgos, de manera especial en los así llamados “tiempos litúrgicos fuertes”, la fiesta del perdón, con un calendario de celebraciones en las distintas parroquias. Las delegaciones de Catequesis y Liturgia cuidarán de disponer un tríptico que ayude a preparar la Confesión, haciendo particular hincapié en las obras de misericordia. Se editarán también unas estampas con una parte del texto del salmo 36, salmo de la misericordia, y con la oración del Santo Padre para el Año Jubilar.

Los confesores, por su parte, serán más conscientes, si cabe, de que son instrumentos y signos de la misericordia de Dios que acoge a todos, como el Padre de la parábola del hijo pródigo, con la alegría de haber recuperado a quien se había alejado de la casa paterna; usa de misericordia también con quien, permaneciendo en ella, había perdido quizás el espíritu filial, comportándose como un extraño en la casa del Padre.

– En el Año Jubilar la Iglesia ofrece con prodigalidad a todos sus hijos la gracia de la Indulgencia, gracias a la cual la misericordia de Dios “se transforma en indulgencia del Padre que, a través de la Esposa de Cristo, alcanza al pecador perdonado y lo libra de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado” (n. 22). La facilidad y abundancia con que podremos lucrar en este tiempo las indulgencias nos permitirá experimentar con mayor frecuencia la gracia curativa que, tambien ahora, “sale de Él”.

Termino con unas palabras del Santo Padre al final de su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, que nos hablan del “estilo mariano de la actividad evangelizadora de la Iglesia” (n, 288). Si volvemos una y otra vez los ojos a María, “modelo eclesial para la evangelización”, mejor, si los tenemos permanentemente fijos en ella, volveremos “a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño” (ibidem), en la imponente fuerza evangelizadora de la misericordia.

6) Asamblea sacerdotal

Los sacerdotes de la diócesis celebraremos en el próximo mes de noviembre, D.m., un encuentro o asamblea sacerdotal, con la que culminará el tiempo que en los pasados meses, personalmente y en los arciprestazgos, hemos dedicado a pasar revista a nuesta vida y ministerio sacerdotal, contrastándolo con la doctrina de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium del papa Francisco. Aunque más adelante se darán indicaciones más precisas, quiero anunciar ya que celebraremos dicho encuentro o asamblea a lo largo de los lunes 9, 16, 23 y 30 del próximo mes de noviembre. Lo haremos guiados por el deseo de adecuar nuestras vidas y ministerio pastoral a los retos y exigencias que los nuevos tiempos reclaman, para un mejor servicio de los fieles que tenemos encomendados. Deseo que todos los sacerdotes que no se encuentren verdaderamente impedidos participen en dicha asamblea, aunque para ello haya que vencer dificultades y obstáculos.

Pido con todos vosotros a Dios Nuestro Señor que se haga realidad en nuestra Iglesia particular de Cuenca y en todas las Iglesias del mundo el deseo del Papa con el que concluye la Bula Misericordiae vultus: “Que en este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Que nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. Que la Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer, y repita con confianza y sin descanso: Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos (Sal 25, 6) (n. 25).

Con mi bendición.

14 de septiembre de 2015

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

+José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).