“¿Y tú?, ¿qué vas a hacer?”

 braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez        El Papa Francisco, en una Eucaristía en la Catedral de Filadelfia el 26 de septiembre último, narró un encuentro de la joven Catalina Drexel, hoy santa, con León XIII, cuando ella le habló de las necesidades de las misiones. El Pontífice le preguntó intencionadamente: “¿Y tú?, ¿qué vas a hacer?”. Esas palabras cambiaron la vida de aquella joven. Le recordaron que todo cristiano, hombre o mujer, en virtud del Bautismo, ha recibido una misión como hijo de la Iglesia. ¿De qué misión se trata? Una muy específica: transmitir la alegría del Evangelio y edificar la Iglesia, ya sea como sacerdotes, diáconos, hombres y mujeres consagrados y fieles laicos. La Misa en Filadelfia de Francisco era, sin embargo, con obispos, sacerdotes y religiosos. Interesante, porque lo que el Papa aborda en su homilía es uno de los grandes desafíos de la Iglesia en este momento, que es fomentar en todos los fieles el sentido de la responsabilidad personal en la misión la comunidad eclesial. Y aún más: capacitar y capacitarse para poder cumplir con tal responsabilidad como discípulos misioneros, como fermento del Evangelio en nuestro mundo.

Ustedes saben que yo insisto con frecuencia en la necesidad de que los fieles laicos, en una sociedad como la nuestra que cambia rápidamente, participen de un modo más activo en nuestras comunidades cristiana, si nos preocupa el futuro de la Iglesia. Es, además, lo que demanda la propia vocación de los laicos. Pero, nosotros, obispos y sacerdotes, ¿damos espacio y ayudamos a que ellos realicen su cometido? ¿Desafiamos a nuestros jóvenes a que en parroquias y escuelas, movimientos y otros ámbitos a hacer el trabajo que les corresponde? ¿Ya tenemos pensado, reflexionado con el Consejo Pastoral el modo de compartir con entusiasmo los dones que tienen los jóvenes y adolescentes, sobre todo, como dice el Papa, en la práctica de las obras de misericordia y en la preocupación por demás? ¿Cómo afrontar la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia y su puesta en práctica? ¿Cómo afrontar, si no, la acogida a quienes esperan que haya entre nosotros deseos de solucionar los problemas de refugiados e inmigrantes que llagarán aquí? No basta con declaraciones sentimentales, si no hay un corazón abierto a la acogida.

Es mucha la responsabilidad que obispos, sacerdotes y educadores en la fe tenemos de cara a que los fieles laicos sean lo que son; y que sientan llamados por Cristo, pero también por nosotros, a una tarea, sin duda de altos ideales, generosidad de espíritu y amor por el mismo Cristo. Repito: “¿Les damos espacio y los ayudamos a que realicen su cometido?”. Sinceramente: hemos de cambiar, ser mucho más creativos e invitar constantemente a trabajar en la Viña del Señor, que necesita de todos. Y abrir nuevas posibilidades. Continuar cuanto hemos intentado vivir en estos años posteriores, donde hacíamos hincapié en la vocación y misión de los fieles laicos y en una parroquia misionera, comunidad de comunidades. Todo lo cual, dice el Papa, “no significa renunciar a la autoridad espiritual que se nos ha confiado; más bien, significa discernir y emplear sabiamente los múltiples dones que el Espíritu derrama sobre la Iglesia. De manera particular, significa valorar la inmensa contribución que las mujeres, laicas y religiosas, han hecho y siguen haciendo en la vida de nuestras comunidades”.

Nuestro reto hoy es construir sobre cimientos sólidos y fomentar un sentido de colaboración y responsabilidad compartida en la planificación del futuro de nuestras parroquias e instituciones eclesiales. Quien no entienda esto y viva su vocación en la Iglesia como si fuera el único actor, y de todos los papeles de lo que vivimos en la Iglesia, se cansará antes, aflojará en oración y entrega y caerá en desánimo. Tenemos que dar gracias por todos los que han respondido a Jesús, cuando fueron llamados a la propia vocación y a renovar la alegría y el estupor de ese primer encuentro con Cristo; ellos han de sacar fuerza y renovada fidelidad para continuar siendo discípulo del Señor; pero, ¡hay tantos que no han caído en la cuenta de la grandeza de su vocación y misión!

Comenzado ya en Roma el Sínodo de los Obispos sobre la Familia, yo también os pido oración y sacrificios por las deliberaciones, y responder así a las necesidades de las familias y apoyarlas en el camino de la fe. Nos alienta saber que Jesucristo sigue caminando en nuestras calles, mezclándose vitalmente con su Pueblo, implicándose e implicando a todos en la única historia de salvación; y nos llena de esperanza, una esperanza que nos libera de esa fuerza que nos empuja a aislarnos, a desentendernos de la vida de los demás, de la vida de nuestros pueblos y ciudades, de nuestras parroquias y comunidades, pero sobre todo de nuestras familias. Una esperanza que nos libre de rutinas sensacionalistas o de análisis abstractos, y nos lleve, por el contrario, a actuar como fermento allí donde nos toca vivir y actuar, en esta sociedad plural y un poco caótica, pero en la que está Dios actuado por Jesucristo en el Espíritu Santo.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.