Oración cristiana

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Han sido muchas las iniciativas pastorales llevadas a buen término a lo largo del curso pasado. El Año Jubilar Teresiano como el Año de la Vida Consagrada han sido una magnífica ocasión para acentuar la formación, reflexión y práctica en la oración personal y comunitaria. Dijimos en la Programación del año pasado que: «La oración cristiana nace en Jesús; Él es nuestro Maestro de oración y a él le pedimos como lo hizo uno de sus discípulos, “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1) Decía Teresa de Jesús que la oración es “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8,5). Sin oración, es decir, sin la apertura de corazón la apertura necesaria para recibir el amor a Dios, la vida cristiana languidece y termina por secarse el corazón. La misión requiere contemplación ya que «sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración» (EG 262)».

Pues bien uno de los mejores frutos del curso pastoral pasado es el documento que resume y ordena las aportaciones recogidas en las tres sesiones del Consejo de Pastoral celebradas. Sabéis que es el máximo órgano de la Diócesis donde los seglares estáis representados por una amplia mayoría de los consejeros. La amplia reflexión recogida en el documento titulado «La Oración Cristiana» debe ser conocida por todos los agentes de pastoral y fieles que participáis en las actividades parroquiales y asociativas.

El mismo Consejo nos dice: «Este documento está destinado a los fieles laicos de las parroquias, movimientos y asociaciones y quiere ser una herramienta que ayude a mejorar la práctica de la oración. Lo ofrecemos a quienes no tienen práctica de oración y les recomendamos que después de la lectura de cada apartado se deje un espacio de silencio para reflexionar y rezar. Nos parece que puede ser también un instrumento válido para algún grupo parroquial de personas adultas alejadas de la Iglesia. Rogamos a las parroquias que hagan llegar el documento a las familias cristianas y al mayor número posible de cristianos. Y pedimos a los padres cristianos a que continúen enseñando a sus hijos a expresar los primeros balbuceos de la oración vocal como la señal de la cruz, el gloria al Padre, el Padrenuestro, el Ave María, etc.».

Son enseñanzas y consejos sencillos pero son los nuestros, los que han nacido de nuestra experiencia, la voz del Espíritu Santo a los fieles que peregrinamos en esta porción del Pueblo de Dios que es la Diócesis de Ciudad Real.

Para finalizar cito este número 28 del documento. Santa Teresa decía a sus monjas: «Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor; y que si ves a una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a ti; y si fuere menester, lo ayunes porque ella lo coma; no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello» (Moradas Quintas, 3, 11). El ejercicio de la caridad es el sello que autentifica la oración verdadera: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandato: quien ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4, 20 – 21).”

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.