Discernir para caminar en el Espíritu

Mons. Mario IcetaMons. Mario Iceta         Queridos hermanos y hermanas.

1. Con ilusión y esperanza comenzamos este nuevo curso pastoral. En él tendremos ocasión de experimentar de un modo renovado el año de la misericordia, el año de gracia que el Santo Padre quiere inaugurar en la Iglesia, poniendo en el centro la misericordia de Dios manifestada en Cristo. Tendremos el gusto de inaugurar este año de la misericordia el domingo 13 de diciembre con la apertura de la Puerta Santa en esta Iglesia catedral y en la Basílica de Begoña. Dispongámonos a acoger con agradecimiento la misericordia que Dios quiere derramar sobre nuestras vidas y ser, al mismo tiempo, cauces de misericordia para quienes más lo necesitan. A este respecto os sugiero releer la última carta pastoral de los obispos del País Vasco y Navarra titulada, como bien sabéis, «Misericordia entrañable».

2. El V Plan Diocesano de Evangelización señalaba la necesidad de dedicar un año al discernimiento diocesano para evaluar, a la luz del Espíritu, las llamadas que Dios nos hacía para encauzar la vida pastoral de nuestra diócesis durante los próximos años. Y tomábamos la exhortación Evangelii Gaudium como referencia fundamental para realizar este discernimiento. Ha pasado ya un año en el que más de 3.000 personas agrupadas en unos trescientos grupos han realizado esta tarea de oración, escucha, diálogo y propuesta. Ha sido un año que todos hemos percibido como tiempo de gracia. Estas propuestas han sido recogidas en un documento síntesis, que será llevado a los consejos diocesanos para un segundo momento de discernimiento.

3. Vivimos un tiempo que necesita recibir una esperanza cierta. El Evangelio es precisamente la fuente de donde brota la vida, la alegría y la esperanza verdaderas. Quienes hemos sido llamados a vivir en el discipulado de Jesús, hemos sido hechos depositarios de esta vida nueva para convertirnos en personas cántaro que sacien la sed de tantos hermanos y hermanas nuestros

. 4. El Papa Francisco invita a la Iglesia a una conversión pastoral, a ser Iglesia en salida. Una Iglesia que vive como levadura en la masa, dentro y entre la casa de sus hijos, solidaria con los avatares de la vida humana alcanzando todos sus pliegues y rincones, hasta los más profundos, escondidos y muchas veces sórdidos y dolorosos. Una Iglesia que debe ser portadora y generadora de la vida que su Señor Jesús le ha comunicado. En palabras del Papa Francisco, debemos ser una Iglesia que tenga gusto de ser pueblo y que saboree el gusto por la misión.

5. Dos principios pueden ayudarnos a ser esta Iglesia en salida, Iglesia samaritana y servidora. El primero es el de hacer de nuestra Iglesia una familia de familias. Debemos pasar de una Iglesia que ofrece servicios a una Iglesia abierta, que acoge, que muestra a todos que tienen un sitio reservado, que son queridos, que acompaña sus vidas, que muestra el camino para llegar a la plenitud, sin conformarse con una pastoral de mínimos. Ello requiere lo más precioso: estar, acompañar, testimoniar, es decir, requiere de personas, de quienes ya fuimos convocados e insertados en este misterio y caminamos en el discipulado de Jesús. Ello requiere también el inicio de un camino de conversión iniciado y sostenido por la gracia de Dios: hay que nacer de nuevo, del agua y del Espíritu.

6. El segundo principio podemos denominarlo como principio vocacional. El planteamiento vocacional no se encuentra al final del proceso, sino que está ya presente desde el inicio, porque la respuesta a la invitación del Señor es precisamente eso, una vocación, un «ser llamado» y en la respuesta se encuentra la modalidad del seguimiento que debe ser discernido desde el comienzo. En esta llamada a participar de la vida del Señor Jesús, el primer anuncio y su consiguiente respuesta se revela como un momento fundamental. Quizás hemos dado muchas cosas por supuestas. Quizás no acabamos de ser conscientes de que pasaron las épocas de cristiandad y vivimos en tiempo de misión, donde Cristo debe ser anunciado nuevamente en toda su plenitud, con lenguaje renovado, en su verdad y en su profunda radicalidad de vida. Este anuncio se realiza en la comunión de la Iglesia, no de modo solitario o aislado. El Señor nos llama a formar parte de su Pueblo.  Estamos juntos porque es necesario que caminemos juntos y porque Jesús genera entre nosotros un modo nuevo de relación, no porque nos caemos bien, sino porque nos han insertado en una realidad fraterna que no construimos nosotros y que nos supera.

7. Tras el primer anuncio y la respuesta confiada comienza el largo y apasionante camino del discipulado que durará toda la vida. Debemos ser educados en el misterio de Dios que se nos revela, en el asombroso principio de la encarnación que da sentido a toda la realidad, en la verdad que es una Persona, Cristo, en la docilidad al Espíritu y en la necesidad de la conversión, en la humildad y en la gratitud que conducen al testimonio, a la fraternidad y al servicio de los demás. De este modo, nuestra Iglesia adquirirá un nuevo rostro: de un lugar de servicios se convertirá en un lugar de acogida, encuentro, vida, esperanza, fraternidad. Debemos huir del riesgo de crear grupos estufa, autocomplacientes, que han perdido la capacidad de acoger nuevos miembros. Debemos huir de falsos elitismos espirituales siendo conscientes de que el Señor ha elegido lo débil del mundo para confundir a los poderosos. Es necesario ser conscientes de que podemos sembrar la Palabra a tiempo y a destiempo. Y el tiempo propicio, el único posible, es el ahora y no el mañana, ni el ayer.

8. La conversión pastoral fundamental, por tanto, nace de nuestra propia conversión personal. No se comienza a construir la casa por el tejado. Cuando cada uno de nosotros sea consciente de esta llamada a la conversión seremos capaces de aligerar y simplificar estructuras, de iniciar el camino de desprendimiento de todo aquello que se nos ha adherido y nos estorba, de crecer en verdad, sencillez y pobreza para ser más audaces, apasionados y entregados a la tarea evangelizadora, a vivir en salida y en misión. Lo que importan son las piedras vivas, las personas. No caigamos en la tentación de ser funcionarios de lo sagrado, sino que sea servidores humildes, testigos apasionados del Señor Jesús, misioneros de su buena nueva. Que la mayor parte del tiempo sea gastada gustosamente en el trato personal, en el tiempo dispensado a los demás. Que las reuniones sean las justas y necesarias. Que las tareas administrativas y de gestión no agoten lo mejor de nuestro tiempo. La tarea evangelizadora pasa fundamental y necesariamente por el encuentro personal.

9. En este comienzo de curso pedimos el don del Espíritu. Que de esta Persona Amor, durante este curso pastoral, podamos recibir la misericordia de Dios para así ser sembradores de su misericordia. Como canta la secuencia de Pentecostés: «Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero». Que María, Madre de la Iglesia nos acompañe en nuestra conversión personal y pastoral y nos acompañe y sostenga en el camino apasionante de la evangelización.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 83 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.