Por un trabajo decente

Plasencia Rodriguez Magro AmadeoMons. Amadeo Rodríguez           Queridos diocesanos: Al consultar en elDiccionario de la Real Academia Española de la Lengua el significado del adjetivo “decente”, entre otros, se dice que es decente el que es “digno, el que obra dignamente”. Yo lo he consultado porque quería confirmar que la dignidad es la raíz de la decencia. Y la razón fundamental de mi interés no es otra que mi deseo de hablaros del trabajo decente. Lo hago para sumarme a todos cuantos en estas fechas están llamando la atención sobre un asunto transcendental para la persona humana y para las relaciones laborales (7 de octubre, Jornada Mundial del Trabajo decente).

De este modo, quiero confirmar la reflexión y campaña que se hace sobre este tema desde nuestros movimientos especializados de Acción Católica y, en especial, desde la HOAC y la Pastoral Obrera Diocesana. Pero también quiero deciros que asuntos como éste no han de ser sólo del interés de unos cuantos, de los que están más sensibilizados; estos son temas que nos han de preocupar a todos, porque, como enseguida veremos, tocan la dignidad de la persona humana en algo tan esencial como es el trabajo.

La Doctrina Social de la Iglesia, que debiéramos conocer y practicar, porque es una parte esencial de la experiencia cristiana, ya ha ahondado con una claridad meridiana en el trabajo decente. Os cito un precioso y concreto texto del Papa Emérito, Benedicto XVI, sacado de su tercera encíclica “Caritas in Veritate”:“Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (C in V, 63).

El Papa Benedicto XVI recoge así un llamamiento de San Juan Pablo II, que en el año 2000, con motivo del Jubileo de los Trabajadores (1 de mayo), había invitado a “una coalición mundial a favor del trabajo decente”. Estas llamadas de los dos Papas son la constatación de que hay aún mucho trabajo indecente; es decir, un trabajo en el que se viola la dignidad del trabajador. Es verdad que siempre la violación más evidente es la “desocupación” de millones de hombres y mujeres que no tienen acceso a una de las tres T, de las que habla el Papa Francisco, la del trabajo. Como él suele decir: “El trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos […]¡Y si no hay trabajo esa dignidad está herida!” (Papa Francisco a los dirigentes y obreros de las fábricas de acero de Terni, 20 de marzo de 2014).

Pero, tener trabajo no trae automáticamente y como consecuencia la decencia; por desgracia, a veces determinadas condiciones laborales carecen del respeto a la dignidad de la persona. Esto, que puede suceder siempre, sin embargo, tiene su caldo de cultivo especialmente en tiempos y situaciones de precarizad laboral. Hoy en el mundo, en España y entre nosotros se pueden escuchar multitud de historias personales de trabajadores y trabajadoras que han encontrado un trabajo, sobre todo temporal, pero que, por el temor a perder lo poco que tienen, han de soportar condiciones que limitan su dignidad como trabajadores: por la precariedad del contrato, por el salario que reciben, por las horas que trabajan, por la escasa seguridad, por el insuficiente descanso, por la insensibilidad hacia la familia… Y se podían seguir concretando estas condiciones con nombres y apellidos y con rostros humanos de hombres y mujeres, unos más jóvenes y otros con edades en las que es difícil encontrar una nueva oportunidad en el mercado laboral.

Ante todo esto, hemos de mantener vivo el sueño del Papa Francisco en relación a un trabajo digno y decente: “Nuestro sueño vuela más alto… al trabajo libre, creativo, participativo y solidario, en el que el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida.” (EG 192). Por eso os digo que situarse a favor de este objetivo social es un deber para todos, sea cual sea nuestra situación. Y me atrevo a animaros a que, no sólo en ese día sino siempre, hagamos lo que mejor podamos y sepamos por estar activos en la sensibilidad de desear, exigir y buscar un trabajo decente para todos.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro,

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.